En estos días corre la sangre en Birmania. Un gobierno que se ha apoyado desde hace décadas en doctrinas de paz y justicia está masacrando a su pueblo. A todos nos duelen las injusticias cuando las cometen contra nosotros, aun en asuntos triviales o en los que no está en juego la vida o la integridad física. Al parecer, la situación en Birmania es insostenible. A la manifestación pacífica de monjes budistas la dictadura que gobierna el país ha respondido con extrema violencia contra los monjes y civiles que osan alzar su voz. Me veo obligado a facilitar el siguiente enlace y me atrevo a solicitarte, querido lector, que al menos intentes, como yo hago, informarte de lo que ocurre, y si lo crees oportuno, secundes, como yo ya he hecho las campañas para parar la masacre. Puedes pinchar en el siguiente enlace para saber qué ocurre:
http://www.avaaz.org/es/stand_with_burma/tf.php
De nada sirve filosofar cuando falta lo básico. Hay mínimos de justicia para cualquier vida humana. El budismo, representado por los monjes y el pueblo que están siendo reprimidos, defiende la compasión con el sufrimiento ajeno, el tener por más valiosa la vida del hermano que la propia y la no violencia. Para ellos, todos los seres humanos somos, esencialmente, lo mismo, y nuestra circunstancia no varía. Buda enseñó la fraternidad universal y el respeto a la naturaleza entre otras cosas. Muy pocos budistas de verdad, como dijo Borges, han matado por su religión, al contrario de lo que ha ocurrido con otros credos. Dejando aparte las numerosas versiones del budismo y su desconocimiento en el llamado Occidente, pienso que hay mucho y muy respetable en las enseñanzas de Buda, que merecen ser escuchadas con suma atención.
Pero al margen de la virulencia con que su gobierno ha contestado a un pueblo que mayoritariamente suscribe una religión de paz y no violencia, está eso, un pueblo que sufre la injusticia y, según parece, una brutal represión. Un pueblo pobre y sabio. Mis mejores deseos de que las cosas le vayan mejor.
Precisamente hermano del budismo creo que es el pensamiento estoico. En el anterior post hablé de Séneca, en cuanto educador. En realidad, todos los estoicos son educadores y, como dice Martha Nussbaum, médicos o terapeutas. Para ellos la función de la filosofía es reconducir a los seres humanos a su salud. Parten de que hemos enfermado, debido a nocivas influencias culturales y prejuicios que nos hacen esclavos de ciertas pasiones muy negativas, como la envidia o el odio, auténticas inercias que generan una suerte de caída. No es cierto, creo, que sólo favorezcan posturas meramente conservadoras o quietistas. Es verdad que desde algunas perspectivas contemporáneas, como el marxismo o Hegel, han sido cuestionados como producto de una conciencia impotente y que se les puede achacar un cierto idealismo quietista. Pero aunque pueden propender a ello, su pesimismo vital justifica también una forma de combate en pos de la transformación de las sociedades hacia una vida mejor (más justa, más libre). Hay elementos que convierte su lectura en un ejercicio muy refrescante y saludable. Aconsejo vivamente la lectura del Manual o las Disertaciones de Epicteto. Este pintoresco esclavo-liberto de la antigua Roma cimentó la victoria contra el sufrimiento en una voluntad férrea y obstinado intelectualismo. No era tonto. Para él era ilógico, irrazonable, que un filósofo lo fuera sólo por sus palabras. Pretendía que la sabiduría era una aspiración continua que había de transformar visiblemente la conducta del filósofo. Solía compararla con el entrenamiento deportivo o incluso con la milicia. El campo de ejercicio debía ser la propia vida del aspirante (siempre aspirante o aprendiz eterno) para buscar la coherencia con unos principios que lo harían libre. Se trataba de una mezcla de compasión, hermandad con los demás y distancia respecto al mundo, todo al mismo tiempo. En sus divertidos discursos, que felizmente nos ha legado
De todo esto me ocupo en el artículo al que me referí en el mencionado post, recientemente aparecido en la Revista española de pedagogía: “La filosofía como pedagogía en el Estoicismo tardío romano”. En él, también, relaciono la respuesta de Camus al absurdo esencial de la existencia humana con la respuesta que dieron los estoicos al mismo problema, según creo yo e intento demostrar. Les caracteriza un pesimismo que ni siquiera el influjo del vitalismo de Nietzsche acaba de mitigar del todo en el caso del filósofo franco-argelino. Pero hablando de pesimismo, éste es una característica más fuerte en las Meditaciones de Marco Aurelio. Tambiém una joya.
Dedicaré más post al estoicismo, al hilo de las clases de filosofía de la educación en las que destino algún tiempo a hablar del mismo. De este tema y del curso que imparto, iré ofreciendo algunos comentarios en lo sucesivo, según avance el año académico. Por hoy entiendo que este post se alarga demasiado. Sólo quisiera recordar una frecuente metáfora muy usada por todos los estoicos. Aquella en la que la vida embargada por el dinero, el poder y la ambición constituye, en realidad, una vida inmadura, y lo que tanto quita el sueño a los adultos, es similar a los juegos de de niños que pasan el tiempo con simulacros, tomándoselos en serio. Los juguetes de los niños producen la risa de quien los contempla, como algo infantil, pasajero, falso que en realidad carece de importancia. Se diría que son como una trampa.
Un abrazo.
1 comentarios:
He leido tu testo sobre la masacre en Birmaniaes, es muy lamentable, esperemos que tenga una pronta solución, un saludo
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