lunes, 17 de septiembre de 2007

El puente de Mostar

Para Paulo Freire la cultura puede ser representada como aquello que ocurre en un puente, donde uno puede ver pasar a la gente y charlar con los que van a uno y otro lado. Si se les pregunta, los caminantes cuentan de dónde vienen y lo que esperan encontrar en el barrio al que se dirigen. En las ciudades con un río, los puentes unen barrios a veces dispares, en los que viven personas que uno va a visitar. En los puentes se habla, se pasea, se fluye como el río que discurre por abajo. Esto, justamente, es una imagen que simboliza bastante bien, y que el propio Freire empleó alguna vez, la pedagogía del conocido brasileño, y la idea de hombre y cultura en la que se sustenta. En realidad, se trata de una metáfora de la propia vida, que también discurre de esa forma. No obstante, esta imagen se contrapone a ciertas visiones en las que una cultura sería algo así como una estatua inmóvil, a la que no afectara el tiempo ni el cambio, y que hubiera de permanecer tal cual toda la eternidad. Para estas visiones, las culturas son más bien islas rodeadas de inhóspitos mares que más vale evitar, junto con todo lo que venga de ellos. Curiosamente, Lévi-Strauss resalta el necesario papel del mestizaje y el intercambio cultural para incrementar aquello que hemos convenido en llamar progreso, por ejemplo, la ciencia y la tecnología. En colaboración, cada pueblo tiraría sus dados para sumar su juego al de los vecinos. Por eso, los pueblos completamente aislados (que apenas existen ni han existido) perecen de inanición. Aunque, el propio Lévi-Strauss reconoce que se da la paradójica circunstancia de que las culturas que colaboran sólo deben unirse hasta cierto punto, pues debe mantenerse una diferencia que garantice miradas divergentes, que es justo lo que puede aportar al conjunto. Pero volviendo a Freire, para él, la cultura es algo que fluye, si no resulta encorsetada en fronteras infranqueables para los de dentro o los de fuera, cosas que a veces también hacemos los hombres. El aislamiento, ya sea en los pueblos como en los individuos, resulta mortalmente peligroso. En consecuencia, su pedagogía es una pedagogía de la escucha y de la conversación amistosa entre personas, lejos de teorías o moldes que puedan forzar de alguna manera la vasta y dinámica naturaleza. Lo que ocurre es que, cuando uno se abre a la escucha, puede enterarse de cosas incómodas, como ejemplifica un pueblo con un terrible pasado (y presente) de esclavitud como el indígena o el afroamericano.

Particularmente, he encontrado que, en el ámbito académico y destinado a futuros pedagogos, educadores sociales, maestros de primaria o educadores en general, funciona bien como forma de mostrar esta manera freiriana de estar en el mundo con el mundo y con los demás seres humanos (cosa bien difícil de llevar a cabo entre las paredes de un aula), el visionado de la película-documental El milagro de Candeal, donde se ve una comunidad que funciona bien. En ella, no se aprecian, al menos según lo muestra el filme, prejuicios cosificadores que operen enturbiando la comunicación existencial entre las personas y las relaciones humanas en general. Por supuesto que hay conflictos, pero también hay un profundo respeto que nace de un optimismo casi rousseaniano, o sea, de la fe en que, como decía Neill, el amor y la libertad funcionan. Lo que se ve en el documental refuta ese supuesto egoísmo hobbesiano que todos llevaríamos dentro al nacer y que nos hace promover sólo nuestros meros intereses individuales de entes solitarios… Como si la soledad interesara realmente a alguien. Tanto Bebo como Carlinhos, o cualquiera de los que aparecen en la película, no obligan a nadie a ser como ellos, sino que, todo lo contrario, escuchan, conversan, tocan música o bailan. El Candeal: un puente entre el horror y las mejores posibilidades del ser humano. Es un buen ejemplo de pedagogía y de personas freirianas; de cultura hecha de abrazos, en definitiva. Y todo procedente del abismo y del horror de lo que fue (y es) una miserable favela. Parece que si se puede hablar de una verdad, ésta relampaguea, cuando lo hace, en los márgenes, siempre en los márgenes de la realidad. Tal vez ahí sea donde haya que detenerse a escuchar atentamente.

Mostar, una vieja y hermosa ciudad europea, perdió su puente medieval, que unía dos barrios enfrentados, cristiano y musulmán, que durante siglos habían convivido sin problemas, en la guerra de Yugoslavia durante los años 90. Fue volado como expreso objetivo militar. Parece que ahora, hace poco, acaba de reconstruirse.

2 comentarios:

Gran Hermano dijo...

Exelente blog. Yo trabajo en una escuela para niños en riesgo social .
En Chile, la educacion en su mayoria es de caracter privado (se paga mensualidad) con subvencion estatal, por lo tanto se ha transformado en un negocio bastante rentable para los empresarios . Mi colegio parte de una perspectiva social (es gratuita) pero es dificil construir una isla en un mar tormentoso donde el modelo economico dice que hay que competir desde la individualidad, y nosotros tratamos de educar desde una perspectiva comunitaria.
Se agradece el aporte de su blog a los que seguimos una senda contraria a lo que determina nuestro modelo economico.
Profesor colegio Komvux, chile

Marcos Santos Gómez dijo...

Querido colega en la educación:
En realidad, creo que sí se puede hacer mucho para frenar esta dinámica mundial de privatización y mercantilización de la enseñanza: lo que tú haces. Admiro sinceramente la labor de quienes trabajáis al pie del cañón en escuelas u otros ámbitos de la educación desde una perspectiva comunitaria. En especial, como prueba el ejemplo de Paulo Freire, toda América Latina es ejemplar en esto y está llena de interesantes experiencias, dentro de lo minoritaria que resulta siempre esta visión de la pedagogía como enfoque para el día a día del quehacer educativo. Lamentablemente, el individualismo competitivo, aun disfrazado en numerosas ocasiones de lo contrario, abunda en toda la sociedad y caracteriza nuestra forma de vida en general. Es bueno que sepamos aprovechar las posibilidades de un internet libre como agente de comunicación horizontal y participativa entre personas y regiones muy alejadas. Me alegro mucho de comprobar que esto puede funcionar y que pequeños "granitos de arena" como este blog supongan una plataforma para intercambiar comentarios y opiniones sobre temas que puedan tener menos cabida en otros sitios.
Un abrazo