
Aunque hay quien se empeña en verlo superado, pienso que mayo del 68 señaló uno de los mayores referentes recientes de masivo impulso utópico, que impregnó el arte, la cultura, la música, la política y la universidad. He comprobado que lo que entonces acaeció en varios lugares del mundo no es siempre conocido ni comprendido por quienes hemos nacido después de esos años o no teníamos “uso de razón”. El caso es que en los años 60 y 70 del siglo XX, por las razones que fueran, ocurrieron cosas que hoy nos parecen como de otro mundo. Casi de buenas a primeras, miles de estudiantes y jóvenes se marchan a fundar comunas y a vivir formas de civilización alternativas. Aquello debió ser un movimiento ciertamente masivo que cuestionó con enorme fuerza los valores y roles tradicionales. Acaso con ingenuidad, a veces con fanatismo, pero siempre con un derroche de creatividad e ilusión, se dijeron cosas como: “Sed realistas, exigid lo imposible”. Más allá de las palabras, se cambiaron radicalmente las costumbres y se comenzó a emplear un término ya para siempre asociado a aquellos años: “contracultura”. Se practicó una severa crítica a la sociedad consumista y puritana de la época, y, al mismo tiempo, se quiso vivir la alternativa a la misma.
Como retazos de aquello, para intentar aproximarse imaginativamente a aquella generalizada voluntad de cambiar las cosas, por parte de los jóvenes en especial, podemos acudir a ciertas películas o iconos del momento. Acaso lo mejor que en este sentido se pueda hacer es sumergirse en la música de Jimi Hendrix, The Doors, The Beatles, Pink Floyd, Bob Dylan, Joan Baez. Es importante, para la gente de hoy, comprender que en su esencia, aquello fue algo más que una moda consumista. Es cierto que se acabó derivando en búsquedas estéticas e interioristas un tanto inútiles, pero hoy debemos recalcar que las personas jóvenes que comenzaron a vestir extravagantemente pretendían cambiar el mundo convencidos de ello y con toda su inmaculada energía.
De todas las creaciones e imaginaciones de la época, podríamos aconsejar la película Easy Rider. En ella, dos moteros en sus respectivas y descomunales harleys recorren el medio rural sureño norteamericano, atravesando comunas hippies, ciudades en fiesta, granjas, etc. A ellos se une un inolvidable Jack Nicholson en uno de sus primeros papeles, haciendo de alcoholizado abogado luchador por los derechos civiles de los negros. El clima a menudo es onírico, con escenas de auténtica psicodelia y surrealismo. Se muestra lo bueno de aquello, pero se atisba y estallan también los eternos odios de los hombres. La pretensión de transformar todo de buenas a primeras, de realizar un cambio de vida tan radical era tan grotesca como heroica, y tan inútil aparentemente como eficaz a la larga. Hay que atender a la música, excelente, y a los diálogos.
Como las flores de mayo, los sesenta duraron poco y acabaron muriendo, pero dejaron su fruto y semilla. Hoy lo sabemos y debemos reconocérselo a aquellas rebeldes criaturas. Vitales, valientes, intelectuales, pacifistas, artistas… Supieron decir “No” a lo que en efecto hay que decir “No” y afirmaron con frenesí, en cambio, la vida en su pura esencia. La vida creadora, imaginativa, desafiante. Creo que en cierto modo en las modas y la vestimenta de hoy acaso perdure algo de entonces. No es lo mismo, desde luego, pero puede que tras las rastas actuales siga estando la lucha contra Babilonia, soterrada, invisible, tal vez inconsciente. Y me empeño en ver esa afirmación, ese “Sí” decidido, incluso en el crudo y también admirable nihilismo de los punkys.















6 comentarios:
La utopía siempre se ha atribuído a los rebeldes y soñadores adolescentes. Los jóvenes que aún tienen energías para luchar por causas "perdidas". Sin embargo, diría que los jóvenes cada vez lo son menos, y cada vez se levantan por menos cosas.
Qué poca utopía queda, cuánto desengaño.
Lo triste es que muchos ni siquiera sienten el desengaño. Viven en un mundo cómodo, y no tienen necesidad de levantarse para nada. Lo tienen todo dado, y pensar ya no es necesario.
Triste.
Supongo que esto es una caverna, y que hay que forzar a los prisioneros de alguna manera a mirar a la luz del sol.
Un beso.
No hay que olvidar también que los bueno que ha quedado se debe a que los que siguieron tuvieron que "filtrar" fuertemente la enorme cantidad de ideologías. A mí me parece que en muchos casos la rebeldía de ciertos grupos de ahora es la misma "búsqueda del incienso" de aquella época o, como cantaban "los enanitos verdes" al respecto: "en primavera nos divertimos y en invierno nos queremos matar".
Saludos.
Hola Marcos!
Enhorabuena y gracias por tu labor. En verdad acabo de descubrir este espacio y querría proponerte que conocieses el mío, que más que un espacio, es un proyecto que puedes consultar en www.oteatroresoante.es. Se trata de un devenir de la filosofía hacia las artes escénicas, el cine y el teatro para mostrar sus posibilidades en el presente. Lo que no deja de ser en palabras de Deleuze una pedagogía del concepto. .. Me parece que hace falta, que es emergente, una suerte de aula laboratorio de ciencias humanas para bachillerato. Por muchas razones que podríamos hablar: por la forma de nuestro sistema consumista y mediático... porque de alguna manera, cada vez llega más la hora de algo así. Formación integral de la persona: y esto en relación con el anteproyecto...
Gracias amigos Eterna, Alejandro y Manuel por vuestros comentarios. Quizás haya un poco de todo en el joven que protesta, y el espíritu lúdico transitorio sea el mismo, fatalmente, como dices, Alejandro. O, en cambio, como señalas, Eterna, haya un cambio ostensible entre una generación más políticamente rebelde y otras más lúdicamente rebeldes. Desde luego los tiempos son otros, y cada persona responde a aquello que se va encontrando en el mundo, la mayoría de las veces ya hecho por otros, claro.
Personalmente, de los 60 y 70 yo me quedo con quienes han pasado la prueba del tiempo siendo fieles a sí mismos y demostrando que lo suyo no era fachada, oculto deseo de poder, afán de protagonismo, ambiciones políticas o simplemente seguir una moda. Me refiero a aquellos que desde su juventud han mantenido y todavía siguen manteniendo una ejemplar coherencia ética. No todos los que en los años 60 o 70 decían amar la libertad, en realidad la amaban, según se ha ido comprobando posteriormente. En cambio, nada hay tan digno, tan bello y tan admirable como un hippie "viejo", que aunque haya acaso cambiado su forma de vestir, sigue profundamente enamorado de la libertad. Esas son las trayectorias personales de quienes los jóvenes de hoy deberíamos considerar nuestros maestros.
Un abrazo... y paz y amor.
Mayo del 68, pura superficialidad de cuatro pijos hippies. Qué aporto? Nada en absoluto. Cultura de tres al cuarto. Cero pensamiento de nivel como el periodo de los idealistas o la ilustración... si muy bien, la imaginación al poder llevo a fumar porros en bolas y componer cuatro canciones a tipos como Jim Morrison que se creía que era el mismísimo Arthur Rimbaud. Nadie se acuerda de esa época, quizá sólo cuatro comunistas o progres burgueses nostálgicos de cuando la metían en verdes prados.
Opusprima
http://opusprima.wordpress.com
Gracias opusprima por tu comentario. Se puede, en efecto, decir mucho sobre mayo del 68. Es un tema que a nadie deja frío. Pero creo que se debe reconocer que mucho de lo bueno de hoy (igualdad de hombres y mujeres, libertad sexual, derechos y libertades civiles, pacifismo, medioambiente, etc.) tiene su comienzo en aquellos años. Sin mayo del 68 un hombre con dos divorcios a su espalda no habría llegado a ser, por ejemplo, presidente de la República Francesa.
Saludos.
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