martes, 6 de mayo de 2008

¿Hacia dónde vamos?


En el diario español El País escribe hoy Fernando Savater algo que refleja una opinión que llevo años queriendo leer. Se relaciona con algo que no sólo es actualidad en España, sino una tendencia más o menos universal que también tiene mucho que ver con la realidad educativa y universitaria latinoamericana. Savater sospecha, como buen filósofo, de las tendencias recientes en la universidad española a seguir los criterios que proceden del mundo empresarial, a la hora de elaborar planes de estudio y titulaciones. Por fin puede leerse una crítica al denominado proceso de Bolonia que pueda tomarse como contrapeso del cúmulo de alabanzas al mismo o mudos asentimientos que viene oyéndose desde hace años. Creo que es justo escuchar y dar su oportunidad a todas las voces. Por eso, me voy a limitar a citar algunas frases del artículo que me parecen dignísimas de ser tenidas en cuenta. En cualquier caso, haya debate, que de eso se trata.

Como primer dato apunta el filósofo al encierro permanente que en la facultad de Filosofía de la Universidad Complutense están llevando a cabo algunos alumnos. Se dedican a debatir, día y noche, el mencionado proceso iniciado en Bolonia. Según nos cuenta, los estudiantes perciben aspectos sumamente inquietantes en todo ello. Dice más adelante: “Parecía lógico acercar la Universidad a la sociedad productiva y beneficiarla con ayudas económicas que vinieran de la empresa privada en busca de buenos profesionales. Pero ya va dando la impresión de que las carreras universitarias se configuran cada vez más para satisfacer las necesidades episódicas del mercado empresarial. Se hacen más cortas y más específicas, de acuerdo con los requerimientos de quienes piden mano de obra cualificada y rápidamente rentable: quien paga, manda”. Es como si la universidad debiera dedicarse a formar a buenos trabajadores según los requerimientos concretos de las principales empresas, buenos técnicos que sepan instalarse sin más en los engranajes del funcionamiento y burocracia de las mismas.

En este proceso las humanidades e incluso la ciencia básica corren el peligro de ser eliminadas según una cuestionable noción de lo que es provechoso. Corren también peligro la función educativa de la universidad, el magisterio motivador ejercido por los viejos maestros, o sea, las personas consagradas al lento proceso que abarca toda una vida, al proceso del saber y su maduración que presupone como aliado imprescindible el debate crítico e inconformista. Si el análisis de Savater no yerra, la universidad como se la había entendido hasta ahora toca su fin.

El agrio análisis del filósofo concluye diciendo que “Se perfila así un diseño universitario que reviste de moralina edificante los afanes pragmáticos a más corto plazo, según la ideología que aplican en todos los campos nuestros actuales gobernantes”. Y como colofón, apela al estoicismo en su vertiente más combativa, lo cual me ha llegado al alma. Un estoicismo que no asume sin crítica lo que ya se encuentra dado, sino que, implacablemente, revisa todo a la luz de la razón. Para los estoicos, recuerdo, es fundamental identificar a quién servimos, a qué modo de vida y a qué amo, para no ser meros esclavos que se creen libres.

En fin, sirvan estas brevísimas líneas para dar cabida a una voz que parece discrepar de ciertas cosas que un acaso miope pragmatismo podría estar mostrándonos como evidentes e indiscutibles. Esta voz crítica procede, como es sabido, de la filosofía y de la universidad.


Blog de alumnos/as contrarios al proceso de Bolonia


2 comentarios:

JESÚS ZAMORA BONILLA dijo...

¿Pero cuándo ha sido la universidad "refugio de humanistas"? Las carreras han estado SIEMPRE pensadas de acuerdo con los OFICIOS que la sociedad demandaba (médicos, abogados, profesores, periodistas, físicos...). Lo que es absurdo es decir que la universidad debe producir AHORA el mismo tipo de licenciados que se consideraban necesarios hace un siglo. En lo que nos tendremos que poner de acuerdo, digo yo, es en QUÉ licenciados estamos dispuestos a mantener con un sueldo cuando salgan de la universidad, y qué queremos que hagan mientras estén en ella.

http://abordodelottoneurath.blogspot.com/2008/05/empanada-boloesa.html
http://abordodelottoneurath.blogspot.com/2008/05/ms-sobre-bolonia-y-el-anti-bolonia.html

Saludos

Marcos Santos Gómez dijo...

Amigo Jesús:
Creo que la sociedad debe aceptar también a personas que cultiven aquello que, aunque no fuera productivo en términos económicos, sí lo es en términos de progreso y mejora de nuestras condiciones de vida. El pensamiento crítico necesita independencia de los poderes económicos, para no servir a un amo concreto y dejar por tanto de serlo. De acuerdo que siempre ha habido amos, pero si nos resignamos a que desaparezca el único espacio para la crítica que eran las universidades, entonces será peor. El no dejar morir la noble tradición filosófica no es una excentricidad romántica, sino una garantía de que los abusos que puedan darse por parte de la empresa o el poder político, a menudo envueltos en una refinada red de conceptos e ideas en la que se justifican, puedan ser detectados. El intelectual debería verse como un detector de mentiras y un guardián de la memoria que evitará la repetición de las injusticias pasadas. Eso no es tradicionalismo trasnochado, sino nervio profético. La sociedad debe ingeniarse la manera de que este nervio siga activo, por su bien.
Además, ¿quién dijo que un "humanista" no es rentable? Sé de prestigiosos masters para formar empresarios y economistas, en los que se enseña que una amplia cultura filosófica y humanística (y en esto incluyo las ciencias básicas, a las cuales tampoco está dispuesto el capital a mantener) hacen a los trabajadores más creativos y eficientes.
Cuando esto es así, me huele a chamusquina que sigan empeñándose en que lo rentable es lo técnico e instrumental.
En fin, gracias por tu comentario que mantiene vivo el debate en este modesto espacio virtual. Un saludo.