viernes 26 de diciembre de 2008

Ética de la liberación, de Enrique Dussel



Una de mis mayores preocupaciones filosóficas es la de fundamentar la necesidad ética de recoger la experiencia (de dolor) del oprimido y del excluido, aun más, de mostrar que escuchar dicho dolor es un requerimiento epistemológico, político y ético. Esto se viene haciendo con inteligencia a lo largo de todo el siglo XX desde que Walter Benjamin desarrollara precisamente este propósito, que fue también característico de la primera Escuela de Francfort. Además de esto, se han elaborado otros proyectos filosóficos como la estimulante filosofía de la liberación latinoamericana. Una filosofía muy seria y en absoluto trivial, por cierto. En América Latina los esfuerzos, en este sentido, han sido muchos y muy ricos. Personalmente, conozco algo la filosofía de Ignacio Ellacuría que desde una matriz zubiriana emergió como creación propia que, según me comentaba su discípulo y estudioso Héctor Samour, de la UCA de El Salvador, llegó más allá de donde el propio Zubiri había llegado. Ellacuría extrajo las consecuencias políticas de la filosofía de Zubiri y aportó la historia como elemento constituyente de la realidad. Por eso, su obra principal se llama “Filosofía de la realidad histórica”.
Pero de todo el nutrido tronco latinoamericano en estos días mi atención se dirige a Enrique Dussel. Estoy leyendo su “Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión”, Madrid, Trotta, 1998. He leído la mitad, que constituye una primera parte de fundamentación de la ética. Lo que he leído me convence. Integra otras visiones que subsume en la ética de la liberación, que se presenta más completa que todas ellas en la medida que tiene en cuenta todos los aspectos recogidos independientemente por dichas visiones. Por ejemplo, integra el aspecto material propio de las éticas de los comunitaristas pero superando su relativismo posmoderno, pues echa mano de un principio racional universalizable. En este sentido, también recoge e integra el formalismo de las éticas del discurso (Apel, Habermas) e incluso de tipo liberal-kantiano (Rawls) que apuntan a la universalidad formal. De éstas, corrige la vaciedad de contenido que apenas sirve para numerosas cuestiones que requieren el aspecto material. Además, desvela la materialidad implícita e invisible que, a pesar del supuesto formalismo, ellas poseen como contexto (lo que denomina "las eticidades"). Desde esta perspectiva critica a Rawls, por ejemplo, sacando a la luz el sesgo cultural (liberalismo) que tiene su proyecto de ética formal que se nos vende libre de contenidos, en apariencia. Por todo esto, el libro de Dussel, en su primera parte, es un excelente medio de repasar las grandes corrientes de la ética, en los extremos material y formal, ambos superados por su propuesta de la ética de la liberación. Pero exactamente, ¿en qué consiste la aportación del filósofo argentino-mexicano?
Para Dussel, un acto es “bueno” si cumple las siguientes condiciones:
a) Realiza un componente material cuya necesidad, a manera de principio ético universal, ha demostrado Dussel: Bueno es lo que reproduce y desarrolla la vida del sujeto, comunitariamente. Esto es una verdad práctica que el filósofo basa en la necesidad de que exista el sujeto vivo de la ética, sin el cual, no existiría la ética. Pero aunque esto vale universalmente, se debe materializar en el contexto de una cultura dada, no como creación en el vacío. Aquí entra en juego lo que Dussel denomina “eticidad”, que son las exigencias concretas de una vida buena y los valores específicos de una cultura dada. Es decir, la manera en que una cultura canaliza la felicidad de sus miembros, su ideal de vida feliz. También se deben considerar las exigencias psicológicas del sujeto.
b) Realiza un componente formal de validez intersubjetiva. Para ello se debe cumplir lo argumentativamente acordado en simetría comunitaria, con pretensión de validez pública (Apel, Habermas). Y también lo acordado por la propia conciencia, avalado por la persona singular (Kant).
C) Realiza un componente de factibilidad (principio instrumental). Éste es el cálculo que efectúa la razón instrumental, valorando las condiciones empíricas, tecnológicas, económicas, etc., existentes. Al mismo tiempo, en el cálculo deben entrar las posibles consecuencias a posteriori de determinadas decisiones, la repercusión que tendrán en el medio natural y la vida humana-humanidad.
Estos tres principios que determinan lo bueno nos conducen normalmente a un amplio abanico de posibilidades no cerradas, por lo que entra en juego un cierto pluralismo no relativista (hay unos márgenes) que además requiere la organización democrática de la sociedad.
De manera muy apretada, ésta es la propuesta del fundamento para la ética del filósofo Enrique Dussel. Por lo que anuncia, en la segunda parte de su libro, que ahora comienzo a leer, desarrolla la necesidad de que, para que se cumplan estos principios, se dé cabida, inclusivamente, a las víctimas y a los oprimidos, a su voz y a su masivo dolor, en la discusión pública que es el ejercicio de la ética.
Todo esto me ha resultado muy provechoso y creo que es una lectura de las que voy a tener muy en cuenta para futuras reflexiones. Porque pienso que el mayor objetivo para la ética es el que mueve a Dussel, la inclusión de todos en esa cosa, un tanto virtual a veces, que llamamos humanidad; es decir, la felicidad de todos que requiere los mínimos que garantizan la vida. Si se permite suceder una moralidad determinada a pesar del hambre en el mundo, compatible con dicha hambre, no será “buena”. Que no nos engañen los moralismos de quienes se escandalizan porque se usen anticonceptivos contra el SIDA o se casen dos personas del mismo sexo que se quieren, pero no se inmutan ante las causas que matan de hambre a millones de personas a diario. Porque estos son los mayores escándalos en la actualidad: el hambre de las mayorías pobres del planeta, por un lado, y la cómoda actitud de muchos moralistas que lloran sin hacer nada, por otro. Dussel nos está planteando una ética eficaz y sin contradicciones internas, para todos.

8 comentarios:

Jake dijo...

“Porque estos son los mayores escándalos en la actualidad: el hambre de las mayorías pobres del planeta, por un lado, y la cómoda actitud de muchos moralistas que lloran sin hacer nada, por otro.” En eso tienes mucha razón, Marcos. Aunque me parece más grave lo primero, lo segundo me mueve las entrañas: posiblemente porque esa actitud tenga mucha responsabilidad en lo que ocurre. Te agradezco que nos muestres tus inquitudes intelectuales, sobre la ética de la liberación, Y los hallazgos que vayas alcanzando. Abrazos desde el Valle del Jerte.

Marcos Santos Gómez dijo...

Gracias Jake. Precisamente hoy, día de "la familia cristiana" podemos contemplar un ejemplo de ese cristianismo "de derechas" que a mi juicio traiciona y oculta el verdadero sentido del cristianismo, desviando la atención a elementos secundarios o irrelevantes. Después de la catarsis vivida en celebraciones como ésta, o las consumistas navidades "en familia", podemos olvidarnos del incómodo compromiso por los pobres que va mucho más allá de dar una limosna o rezar por ellos. Esto es algo que cualquiera que empatiza con el dolor ajeno conoce bien. De nuevo, las navidades o los "días de la familia cristiana" cumplen con su misión ideológica y fortalecen el sistema que produce hambre, sufrimiento y muerte.
No entiendo ningún argumento de los esgrimidos contra los matrimonios gays, que en definitiva son la plasmación del sano y cristiano amor entre dos personas que se quieren. Tampoco suponen un reto a la denominada "familia tradicional". La Iglesia debería olvidarse ya de buscar un tipo de "sociedad cristiana" según el equivocado modelo del nacionalcatolicismo propio de la extrema derecha. Veo ahí mucho más la faz de las ideologías y al hombre que con sus intereses mundanos tiñe a la divinidad, apropiándose de ella e idolatrando una imagen concreta que responde a inquietudes no religiosas.
En fin, que creo que estamos, Jake, en una onda parecida. Me gustan, por cierto, tus críticas cinematográficas en tu blog.
Saludos.

Noelia Ruiz Sánchez dijo...

lo primero Feliz navidad!! yo quiero hacer una pincelada al tema de la felicidad, sobre el cual he leído mucho, y de los más interesantes Eduard Punset. Es increible que en la sociedad en la que vivimos para ser feliz debes tener dinero, no un mínimo, sino vivir en condiciones de bienestar óptimas, mientras nosotros consumimos para ser felices otros se mueren de hambre siendo felices, es decir, esos niños y mayores que pasan hambre, que mueren por enfermedades básicas, no tienen dinero, no conocen el consumismo y sin embargo son felices porque están con su familia a pesar de lo que les toca vivir, y nosotros parece que no encontramos la felicidad ni ricos. Parece además, muy claro, que nosotros no tenemos problemas, nos aburrimos y los buscamos, pero a esta gente los problemas les llegan solos, las enfemedades, sed, hambre,...Un saludo muy grande

Marcos Santos Gómez dijo...

Felices fiestas y año nuevo también para ti, Noelia. El problema del consumismo es que a partir de unas necesidades, crea unas necesidades de segundo grado, prescindibles, que convierte en necesidades primarias. Por ejemplo, la higiene es una necesidad, o comer, pero el lujo no lo es. El caso es que se nos vende el lujo como necesidad, gracias al poderoso entramado del marketing y la publicidad que nos confunde en este sentido. Está claro que no se puede permitir que exista la pobreza, pero acaso ello requiera modos de vida más austeros para todos, sin el despilfarro propio de los países ricos y de las clases sociales más pudientes. No sólo la justicia social lo requiere, sino la propia supervivencia física de la especie humana en un entorno natural no degradado.
El caso es que el número de países pobres aumenta y que la brecha entre ricos y pobres es mayor, dándose una acumulación de la riqueza en pocas manos y un aumento de la pobreza. Se pueden consultar los datos de la ONU en relación con esto, comparando la pobreza en el mundo hace treinta años con la actualidad. Son datos independientes y de dominio público que pueden consultarse en internet, en fuentes fiables, y que dan que pensar. El pronóstico que sugieren respecto a los próximos años es más bien pesimista. Todo ello demuestra que algo falla en la economía mundial tal como se organiza.
Un saludo.

Zeyrus Kuilg dijo...

Demasiado apretado como para que lo comprenda satisfactoriamente, creo que me llevará a leer tarde o temprano el libro. Gracias.

Al principio con esa necesidad de registrar y darle un lugar a la experiencia y dolor ajenos y la posibilidad de que esta escucha sea un elemento epistemológico me recordaste a un maestro mío, Ramón Kuri Camacho, en un texto suyo intitulado "Juan de Zapata y Sandoval, testigo de América". Tengo una copia del texto, pero temo que es inédito y no quiero comprometer intereses ajenos. De acuerdo con Kuri es posible rastrear históricamente las razones por medio de las cuales ha sido posible en América pensar en estos sistemas abiertos siendo además de racionales particularmente sensibles al otro. Tengo un pequeño ensayo que toca por el final el tema en mi blog. Kuri indicaba que Zapata y Sandoval fue de los primeros en tratar de hacer una historia de la alteridad, comprendida ésta en su diferencia, por supuesto, él no confunde tanto las cosas como yo.

Marcos Santos Gómez dijo...

Zeyrus: Voy a continuar con el complicado intento de sintetizar la ética de Dussel. Quizás en los post que voy a ir dedicando a dicho autor se pueda ir aclarando algo.
Saludos.

viviana dijo...

Excelente resumen. Dussel es el emergente del pensamiento latinoamericano. desde el punto de vista teologico, nos permite interpretar el cristianismo para la realidad de America Latina. Ni mas ni menos.

Marcos Santos Gómez dijo...

Amiga Viviana:

Estoy de acuerdo. Siempre he creído que la salvación viene de América Latina, y que allí están las verdaderas claves para vivir y entender el cristianismo.
Saludos.