
Prosigo con la lectura de la Ética de la liberación de Enrique Dussel que me ocupa estas vacaciones. En la primera parte del libro, se llegó a un principio fundamentador de la ética que consiste en “salvaguardar la vida del sujeto ético y permitir su reproducción”. Se trata de un fundamento de tipo material para discernir cuándo un acto es o no bueno. Desde esta materialidad primigenia se acude a otro tipo de requisitos formales y de factibilidad que, todos juntos, componen la arquitectura de lo ético. Para este proceso hace falta una “razón práctico-material” que discierne las condiciones para la mencionada reproducción de la vida y el desarrollo del sujeto humano. Pero además, y aquí nos adentramos en la segunda parte del libro, debe entrar en juego previamente, al inicio de todo el proceso de análisis ético, un tipo específico de racionalidad “ético-preoriginaria” que se caracteriza por reconocer al Otro excluido, a quien no se encuentra dentro del sistema de comunicación vigente. Es decir, aunque apliquemos todos los principios de la primera parte del libro, siendo el más básico el principio material de reproducción y salvaguarda de la vida, podemos actuar estando inmersos en una ceguera estructural e inconsciente que nos impida reconocer que hay elementos externos (excluidos y oprimidos) a la comunidad de diálogo o discursiva. Aquí Dussel se apoya especialmente en la filosofía de la alteridad del filósofo Lévinas, y, en general, en todas las corrientes filosóficas que plantean elementos críticos a las totalidades o mundos herméticos y sistémicos. Se trata de ver lo que hay fuera del sistema, o, en otras palabras, al Otro que no responde a nada de lo que previamente exigimos y esperamos de la realidad. Como dice el filósofo judío, el Otro actúa en un cara a cara que impugna, desde su dolor, toda “perfección” y finitud, toda autocomplaciente clausura del propio mundo. En este sentido, se puede evocar lo que hace casi un mes leí en un libro de Reyes Mate (Memoria de occidente. Actualidad de los pensadores judíos, Anthropos, Barcelona). La tesis del filósofo del CSIC apunta al judío como ese Otro que constantemente, desde fuera, en la medida que nunca ha estado dentro del todo, ha acompañado a la civilización cristiano-occidental. Por esa perpetua exclusión es capaz de ver (y padecer) lo que no ven quienes están dentro. Autores como Rosenzweig o Benjamin desarrollan un pensamiento crítico de las elaboraciones totalitarias de la victoriosa razón hegemónica, un pensamiento que desde el margen de la civilización triunfante ha ahondado en las grietas de la razón del fuerte. El pensamiento judío, y el propio judaísmo, ha aportado, según Reyes Mate, el sano y necesario enfoque periférico que es capaz de impugnar y remover la filosofía del Mismo y de la totalidad.
Dussel, pues, asume la visión de Lévinas, en su tratamiento de la responsabilidad asimétrica ante el Otro, el Rostro y el Cara-a-cara que, perturbadoramente, nos llenan de razones contra todo optimismo facilón. Del Otro se tiene experiencia, una experiencia que asume y recoge la razón ético-originaria, previa al principio material de salvaguarda de la vida. Es una razón cuyo agudo oído es capaz de escuchar las contradicciones de la razón optimista-totalitaria; una razón sensible a la diferencia y capaz de percatarse de la ausencia de muchos en la comunidad de diálogo. La responsabilidad por el Otro es anterior, pues, a toda decisión, compromiso, expresión lingüística o comunicación. Es fruto de un cierto impacto previo al nivel de la argumentación, que ya nos avisa y prepara para incluir a los que se hallan excluidos u oprimidos.
Así pues, esta segunda parte de la ética de Dussel es realmente anterior a la primera, aunque en el libro sea posterior. Supone una crítica a todas las éticas “hegemónicas” de la tradición europeo-occidental que ya hacen partir su visión de un estado previo de injusticia que impugna toda la reflexión que venga después. Se trata de reflexiones que describen la ética de manera que el siempre invisibilizado Otro no sale de su invisibilidad, por lo que su desarrollo es parcial, sólo válido para una parte de la humanidad que ni siquiera es la mayoritaria. Antes de toda comunidad de diálogo, por ejemplo, es preciso que se den las condiciones efectivas para que todos quepan en dicho diálogo y en los acuerdos resultantes.
viernes 2 de enero de 2009
Ética de la liberación II
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4 comentarios:
Es muy cierto, como señalas, el hecho siguiente: planteamos la ética desde un espacio occidental de largas tradiciones y olvidamos a los oprimidos y a los excluidos del sistema. Toda ética que no tenga por fundamento, ya no solo escucharlos, sino hacerlos valer y hacerlos partícipes, es una ética a la que le falta algo. Gracias a tus comentarios sobre la “ética de la liberación” me ha parecido interesante la reflexión sobre ello. Si no recuerdo mal es en España Adela Cortina una de las que apuestan por la ética dialógica, la ética del diálogo, basándose en Apel, Rawls y Habermas. Pero poco puede valer el diálogo, como fundamentación de lo moral, si los excluidos, los que no tienen voz, no son escuchados. Cuando fueron las prédicas de Jesucristo, desde las bienaventuranzas, quien dio cabida a esos excluidos. Sin embargo, fundamentemos la moral, además, desde este mundo; sin la participación de los excluidos a la ética dialógica le falta un paso. Un paso que significa abrir la puerta y sentarse en la mesa a todos, empezando por los oprimidos del planeta, de los que pasan hambre, de los que no tienen voz. ¿Voy, Marcos, por el buen camino para entender la ética de la liberación? No sé si es el aspecto, religioso, o judeo-cristiano, un punto de vista para fundamentar la ética. Desde mi postura: El fundamento de lo moral se inscribe en lo laico; es el de sentar y escuchar a todos: y en especial a los excluidos. Y es que, ciertamente, mi postura es la de un laicista agnóstico, aunque reconozco la grandeza de Jesuscristo, que no sé ahora muy bien qué papel juega en esta ética de la liberación, o papel juega la religión en todo esto. Te he de señalar Marcos, que me parecen muy interesante las materias de las que hablas y me es muy placentero leerte, maestro, desde la humilde casa de un agricultor perplejo por todo cuanto hay – la única filosofía que estudié fue en el Instituto-. Saludos y abrazos desde el Valle del Jerte, de un complutense, que situado en una encrucijada (es lo que significa “compluto”), decidió hacer vida en un lugar que es placer de Dios y de los hombres. Gracias por tus aclaraciones.
Algo me quedó claro después de una experiencia personal extremadamente dolorosa. El diálogo no puede ser un fundamento necesario, pues éste puede ser imposibilitado por una indisposición contingente de una de las partes dialogantes. Esto hay que desarrollarlo con pinzas para ver en qué medida afecta también la tesis de la analéctica. Quizá puedas ayudarme a entender, para empezar, los alcances (límites) de una ética para todos como lo es ésta.
Jake: Adela Cortina es una buena autora para conocer esos autores que nombras. Son autores fundamentales cuya visión Dussel integra en su visión más amplia, la de la ética de la liberación.
En principio, el libro de Dussel es filosofía, por lo que no se lo debe identificar como teología. Él desarrolla argumentos y no parte de ninguna fe religiosa. Pero es cierto que se pueden establecer paralelismos con lo que en la teología ha supuesto la visión de la teología de la liberación. Ésta resalta, precisamente, la parcialidad de Cristo por los excluidos y oprimidos, y se ubica en la perspectiva de ellos. Se hace teología desde el pobre.
Zeyrus: Lo que apuntas es bien complejo. Habría que pensar los límites de la ética de Dussel y, sobre todo, fundamentar su punto de partida, previo a todo diálogo, en el levinasiano cara-a-cara ante el Otro. Creo que toda la filosofía de la alteridad puede constituir una base, para empezar, que cimente el momento posterior del diálogo argumentativo. Me refiero, sobre todo, a Levinas. Esto sí lo ve y explica Dussel en su libro.
Hola MSG: recordemos que para E. Dussel se deben distinguir "civilizacion" (o "cultura material" segun P.Sorokin) de la "cultura" (o formas de vida y apropiacion de la civilizacion)ya que esta ultima es dificilmente transmisible (cultura como "ethos"), subjetiva. De alli, y segun Dussel, citar a Paul Ricoer quien denomina "ley tragica de la creacion" al choque del artista dentro del grupo, provocando una verdadera "repulsion", capaz de cambiar esa imagen positiva que todo grupo tiene de si misma, para introducir en dicha cultura los cambios, que en este caso daran paso a escuchar a los excluidos del sistema...
para seguir debatiendo. Saludos desde Rosario, Argentina. Viviana Vetta.
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