Lo principal del planteamiento ético de Dussel es que se sitúa en la perspectiva de la víctima. La víctima que padece las consecuencias contra la reproducción de la vida que emanan de los acuerdos intersubjetivos efectuados en comunidades hegemónicas y excluyentes. Es decir, aunque se impongan “eticidades” producto de acuerdos argumentativos, las víctimas nos recuerdan que no se ha cumplido con el principio material de la reproducción y salvaguarda de los sujetos éticos, en la medida en que hay oprimidos y excluidos con los que no se ha contado, que no tienen cubiertas las necesidades mínimas de reproducción de la vida. Así pues, para que el diálogo y la argumentación garanticen el logro de acuerdos que cumplan con el requisito material señalado por Dussel (reproducción y protección de la vida de los sujetos humanos), resulta imprescindible la adopción del punto de vista del excluido. Esto es una suerte de principio deontológico (que marca unas obligaciones o deberes): la obligación de pensar a partir de la experiencia de las víctimas. Desde dicha experiencia, la corrección a las eticidades hegemónicas se realizará en dos momentos: negativo y positivo. El primero es el momento crítico, a là Adorno, de una razón que impugna y de-construye las construcciones ideológicas que no contaron con el Otro excluido de los acuerdos. Pero a continuación, y a diferencia de un tipo de escepticismo paralizante, se echa mano de una razón utópica-imaginativa en los términos explicados por Ernst Bloch en El principio esperanza. Es decir, la combinación de crítica y de utopía como motores de la razón práctica.
Como sujetos de estos dos momentos correctores de las eticidades hegemónicas estarían, por un lado, los intelectuales orgánicos en un sentido similar al que explicara Gramsci. Son personas con los instrumentos de análisis científico necesarios que en el cara-a-cara levinasiano se han identificado con los excluidos. Es el proceso que Lévinas define como ser tomado como rehén por el Otro que sufre, el Otro de cuyo sufrimiento, por un sentimiento empático, nos sentimos responsables y partícipes. Esto es anterior a todo acuerdo. El intelectual orgánico comparte el destino de las víctimas, pero, lejos de todo dirigismo elitista, existe una interacción continua, un diálogo en el que todos aprenden en el que el intelectual se remite a las víctimas. Porque el segundo sujeto de este diálogo son, en efecto, las víctimas que van concientizándose (en el sentido descrito por Paulo Freire). El intelectual proporciona los instrumentos críticos de análisis y comprensión científica de la propia situación del oprimido. Entonces, tras la concientización favorecida por dichos instrumentos, se efectuará el ejercicio de la razón que imagina alternativas (la razón utópica, la que expresa los anhelos de justicia y la esperanza). En este momento se producirán acuerdos argumentativos intersubjetivos, pero esta vez sí estará garantizada la participación de toda la humanidad, de todas las experiencias.
Todo este procedimiento elimina algunos peligros, como es el utopismo que no cuenta con toda la realidad e irracional, carente de instrumentos críticos (por ejemplo, la idea del mercado libre que se autorregulará finalmente, de Hayek); o la racionalidad exenta de utopía, de salida imaginativa y que no puede cambiar de manera efectiva la realidad (Popper); o la comunidad argumentativa en la que no entran todos (formalismo de Apel o Habermas); o el deconstructivismo postmoderno. En el modelo de Dussel están, en síntesis, los siguientes elementos: negatividad crítica, positividad creativo utópica, argumentación y participación de todos en el diálogo intersubjetivo.



7 comentarios:
Gracias, Marcos, por seguir alumbrándonos sobre la ética de la liberación. Creo que esta ética de la liberación anda muy acertada. Me gustaría que leyeras mi artículo sobre “Gaza y un ética para Quijotes” y me contaras tu opinión, sobre si ando acertado o no. Te he decir que soy algo más joven que tu, y hace años que dejé de estudiar – esto del blog es, de alguna manera, una forma de mantenerme en la brecha, y no dejar de lado el aprendizaje- por eso tendré muy en cuentas tu observaciones y guía. Efectivamente, la educación y filosofía son dos de mis intereses, entre otros muchos, y me gusta saber que opinan personas que saben lo que dicen. También, si alguna vez visita el Jerte, le espero aquí. Seguro que le muestro perspectivas y parajes que los turistas habituales desconocen, en lugares donde el águila y otras rapaces sobrevuelan los cerezos,en un estado de naturaleza, muy diferente al que se está convirtiendo este coño del "cerezo en flor" y además pisaría algunas fincas con la anuencia del propietario. Gracias.
Gracias a ti, Jake, por tu interés y tu invitación. Espero seguir mereciéndolos. En cuanto pueda, voy a leer el post que me dices en tu blog, que sigo con asiduidad y que me es también muy grato leer. Te dejaré el comentario en tu blog o quizás podamos discutir el tema en este. Está claro que compartimos buenas aficiones y que para aprender sólo hace falta interés, así que te animo a seguir profundizando en los temas que te gustan. Para mí también el blog es una manera de mantenerme activo intelectualmente y compruebo que llevar un blog es, en efecto, una manera excelente de seguir aprendiendo. Como habrás visto, la mayor parte de mis post son comentarios y síntesis de lecturas, lo cual me ayuda mucho a clarificar conceptos y asimilar lo que voy leyendo. Y el hecho de compartirlo, de que me digáis las opiniones, me ha enseñado muchísimo a buscar mejor expresión, nuevos matices, más interrogantes, campos por explorar, etc. En fin, que lo mejor de todo es este diálogo virtual.
Saludos.
¡Hola Marcos!
He estado fuera y me he tenido que poner al día rápidamente.
Aunque a lo mejor esta extrapolación te parezca rara, creo que la gran mayoría de las ONGs, que son la versión moderna de la caridad bienpensante de toda la vida, adolecen de la falta de verdadera empatía con las víctimas a las que van a socorrer. Y lo que es peor, no cuentan con ellas, es decir, las tratan como a objetos o como a humanos mudos, con los que el diálogo nunca es de tú a tú, sino que semeja al que se puede tener con un niño.
Esta reflexión, quizá cogida un poco por los pelos, pretende hilar tu serie sobre el libro de Dussel y la lotería con mi experiencia concreta ante las galas y telemaratones obscenos en los que se trata a los supuestos beneficiarios como mercancía en un entorno que me causa asco y perplejidad.
Me cuesta trabajo ceder a una idea básica, que una ética no es ninguna garantía contra la existencia de algún mal. Tengo el prejuicio de que una ética tiene una base de conocimientos, y que los conocimientos normalmente poseen deficiencias estructurales toda vez que se absolutizan y se describen.
Además de esto me estaba preguntando qué pasa con los individuos que han pervertido su principio de reproducción o de su ser sujetos éticos, ¿qué ocurre con aquellos que han dejado de tener esperanza en la crianza o que ya no creen en su propio valor moral, con aquellos que se decantan hacia practicas autodestructivas, quizá contagiosas o pervertidoras de determinados medios y valores? En algún momento tiene que intervenir un poder que desista respaldar los intereses de estos individuos, y siendo desde una perspectiva ética universal, deberá haberse legitimado su participación en el diálogo racional que los excluye en un sentido derivado y no radical. Hay algo raro en todo esto y no estoy claro de qué se trata. No sé, me suena a "cómo hacer concilios ecuménicos".
Olvidé un detalle importante para que tenga más sentido lo dicho arriba. Normalmente pensamos que las víctimas o tienen mala fortuna, debido a fuerzas naturales o epocales, o bien son objeto de agresión de un victimario humano. Lo que hay que aclarar es que en muchos casos los victimarios son a su vez víctimas, probablemente de otro agente anterior, pero el caso es que quizás ese agente no sea posible de arreglar --quizás ni siquiera de dilucidar-- por medio del conjunto del conocimiento humano actual. Dicho de otro modo: algunas víctimas son temporalmente imposibles de catalogar como víctimas atendibles o bien como meramente víctimas, luego entonces, algún sufrimiento humano puede no ser atendido por la ética de la liberación. En menos palabras: existe un problema lógico de identificación de la víctima que debe resolverse para luego dar paso a la construcción (e incorporación) de su perspectiva. Hay una respuesta, la empatía y las ontologías circundantes al fenómeno o semejantes, pero ésta a su vez enfrenta los problemas subjetivos y psicológicos de la suficiencia.
Dizdira, me alegro de que estés de nuevo por aquí. Sí, los telemaratones son lo peor de la navidad. Ponerse en el lugar de la víctima es sufrir con ella, no por encima de ella. En El Salvador alguien me dijo que el papel de muchas ongs no es tan bueno como parece, porque entre otras cosas, crean dependencia y fomentan una estructura burocrática propia, de gente que vive de eso. En cualquier caso, en el Primer Mundo entendemos muchas veces la solidaridad con cierta arrogancia sutil e inconsciente que, lógicamente, sienta mal en los países más pobres.
Zeyrus:
Hay mucho que matizar y profundizar, desde luego, en un proyecto de la envergadura de la ética liberadora. En las grandes definiciones hay conocimientos y contrucciones mentales previas, con las que se juega, y que se dan sin el suficiente apoyo o fundamento. ¿Es éste el caso de la idea de "víctima"? Dussel la definiría, creo, como aquel sujeto humano sobre cuya vida se atenta, entendiendo por vida desde la supervivencia biológica hasta la expresión cultural y artística, es decir, su individualidad, su carácter propio. ¿Quién o qué atenta contra la víctima? En términos generales, la respuesta sería un entramado cultural y racional que privilegia a unos frente a otros.
Es cierto que los opresores son también, en cierto modo, víctimas, como tan bien señala el pedagogo Paulo Freire, y que incluso pueden darse juntas, hegelianamente, en un sujeto las dinámicas de la víctima y del opresor... La compleja fenomenología del poder que se da entre los seres humanos. Aunque Dussel no llegaría a los excesos deconstructivos de un Foucault para quien toda ciencia está manchada. Dussel siempre parece manejar ideas fuertes, como "sujeto", "razón crítica". Estos conceptos fuertes son los que cimentan un proyecto que siendo crítico con la modernidad ilustrada, no deja de ser un poco "ilustrado".
Es cierto que toda ética con contenido como la de Dussel implica grandes problemas para universalizarla, como todas las éticas materiales. Pero creo que el esfuerzo es serio y merece la pena. También es necesario sacar, como él hace, a la luz toda la materialidad implícita en las éticas formales que desarrollan una imposible neutralidad, un supuesto universalismo en el fondo lleno de particularidades culturales y más contextualizado de lo que se cree. También aquí se dan equívocos.
Por otro lado, yo sí confío en la capacidad de la reflexión ética para cambiar las cosas. Parece extraño, pero por muy idealista que parezca, y como nos enseñan nuestros amigos anarquistas, todo bien y toda revolución reposa en la madurez ética de las personas. Deberíamos centrar el esfuerzo en persistir en esta suerte de combativa apuesta por la ética que estos admirables rebeldes llevaron a cabo.El esfuerzo intelectual contra la injusticia debe hacer una de sus importantes paradas en la cuestión ética, hallando modos de cimentar y fortalecer la fraternidad entre los hombres, o, dicho en términos más al uso, los derechos humanos.
Los derechos humanos relucen cuando se da una concientización en el sentido explicado por Freire. Son vistos patentemente ciertos y deseables cuando uno contempla el mal, su opuesto, en el mundo. Conocer las causas del mal (histórico) y optar por los derechos humanos es un mismo y obvio movimiento intelectual y ético. Si esto es ser ilustrado, ¿por qué no serlo?
Publicar un comentario en la entrada