sábado, 6 de marzo de 2010

¿Qué significa pensar?, de Martin Heidegger



Acabo de finalizar la lectura del libro ¿Qué significa pensar?, de Martin Heidegger. Como siempre, resulta toda una aventura desafiante adentrarse en la prosa de este importantísimo autor de la filosofía contemporánea. Uno siente que es imposible resumir algo que se ha ido desenvolviendo laboriosa y lentamente a lo largo de más de doscientas páginas, que recogen el texto del primer curso en la universidad que el filósofo alemán diera tras su cese forzado al término de la Segunda Guerra Mundial. Ya se notan avances en el camino que tomaría a partir de Ser y Tiempo, en la línea de una reflexión en torno a la poesía y el arte, Nietzsche o la técnica. Todo el libro responde a la necesidad de aclarar qué es, verdaderamente, pensar. Esta pregunta de desgrana en cuatro interrogantes intrínsecamente relacionados, de los cuales, el más importante es el que se podría formular como ¿qué es lo que nos lleva imperiosamente a pensar? A lo largo del libro Heidegger aborda también el ocultamiento del Ser dado en la historia de la metafísica occidental, que ha adoptado un conocimiento “representativo” y plano cuya principal consecuencia es la extensión de la técnica en el mundo. A pesar de ello, subyace una llamada a pensar verdaderamente, de un modo que tiene que ver con la respuesta agradecida a lo que nos llama y la memoria. Así, Heidegger acude a los orígenes griegos de occidente para analizar e interpretar una frase de Parménides que manifiesta esta necesidad primigenia del pensar más allá de lo representativo. Dice, si mal no recuerdo, en su traducción más habitual: “es necesario decir y pensar que lo que es es”. En ella se manifiesta la llamada a atender lo que en los entes se muestra ocultándose. En todo el texto del filósofo hay una constante lluvia de preguntas, de vueltas, de trayectoria circular en la que todo avance es un permanecer, en realidad, en el punto de partida, siendo más conscientes cada vez en cada vuelta, más lúcidos. Se trata de tomar conciencia de esa tenue presencia que sin embargo es lo más sobrecogedor a lo que cabe acogerse. El hombre lo es en la medida que responde a ello con el lenguaje limpiado de la manipulación técnica con la que solemos servirnos de él. Es decir, no se trata de agarrar algo y servirnos de ello, sino de lo contrario. Una cierta pasividad que deja que el ser sea, que reluzca en las cosas.
En estas lecciones, dice Heidegger, “(…) hemos aprendido a ver que la esencia del pensamiento se determina desde lo que da que pensar, desde la presencia de lo que se hace presente, desde el ser del ente. El pensar es por primera vez tal cuando conmemora el eón, aquello que esta palabra dice propiamente, o sea, tácitamente. Eso es la duplicidad de ente y ser. Semejante duplicidad es lo que propiamente da que pensar. Lo que así se da es el don de lo más merecedor de pensarse”. El pensar, superando las cadenas causales, lo representativo, el binomio sujeto-objeto de la modernidad, lo presente, intenta atender y recibir este don, acogerlo y acogerse en él, tomarlo en consideración y confiarlo en un decir, en el hablar originario del lenguaje. Para esto hay que mirar de otro modo, parpadeante, a lo que se da relampagueando, sub-yaciendo, que ha de desvelarse a condición de que toda mirada a lo representativo deje de mirar a lo representativo.
Así, para Heidegger pensar no tiene que ver con la ciencia, con las causas y los efectos, con la descripción de los entes, sino que supone un cierto vaivén que se esfuerza en captar el ser, en una difícil pero grata tarea, ya que el ser se da ocultándose. Así, en esta etapa posterior a Ser y Tiempo, Heidegger va a centrarse en el lenguaje poético y el arte como lugares donde puede darse esta difícil captación de lo que resulta, sin embargo, lo más sencillo. No es pues la búsqueda metafísica, por supuesto, de un fundamento o sustento. Aun más, uno lo encuentra próximo a la nada, de manera que Heidegger en absoluto remite ni a Dios ni a la teología, tampoco a la antropología y menos a la idea afirmativa y fuerte del ser que es primer principio en la metafísica tradicional. Él busca al ser en el hablar pero como lo que al mismo tiempo es silencio y nada.
Heidegger me ha parecido en este libro que he terminado de leer, como siempre, desafiante y sosegadamente perturbador.      

7 comentarios:

Lizbeth Alvarado Campos dijo...

Me hiciste pensar =)
Me gustó mucho el artículo.
En especial esta frase "Él busca al ser en el hablar pero como lo que al mismo tiempo es silencio y nada."
Mi pregunta sería si es que para Heidegger, el hablar o, en todo caso, el lenguaje tiene una estrecha relación con el pensar?.
Saludos

Ruben M. M. dijo...

Marcos, esta magnífica entrada va muy al hilo de la temática que más he estudiado sobre el pensamiento de Heidegger.
Uno de los grandes méritos de Heidegger fue el de volver a indagar en el pensamiento y descubrir que el pensamiento debe "actuar" de otra manera, que no determine (encasille) el pensamiento, para de esta manera poder plantearnos auténticamente el sentido de lo que verdaderamente es lo más importante en la existencia: el ser.
Por la temática que mencionas en este artículo, creo que te puede interesar mi libro "Tratamiento ontológico del silencio en Heidegger" (lo puedes leer en esta dirección
(http://institucional.us.es/civico/minimaciv/ruben.html) o buscar en Google). En este trabajo, investigué el lugar que ocupa el silencio en el pensamiento de Heidegger, el cual se muestra como un espacio radicalmente significativo y como el lugar originario de residencia del ser.

Un saludo,
y gracias por tus textos.

P.S.: Por cierto, tengo una foto muy parecida de "La cabaña". La hice yo mismo; estuve allí, visitando los lugares donde Heidegger habitó.

David Porcel dijo...

Excelente introducción al ensayo de Heidegger, gracias. Encuentro grandes similitudes con la concepción metafísica de Ortega y Gasset, ahora que estoy leyendo sus obras...

Marcos Santos Gómez dijo...

Gracias, Lizbeth, Rubén y David. La relación del lenguaje con el ser, expresada en el aserto "el lenguaje es la casa del ser", es fundamental en Heidegger. Será el segundo Heidegger, tras la kehre, cuando esta idea desemboque en una búsqueda en lo poético del lenguaje, y no en lo referencial. En la medida en que el lenguaje afirma, sugiere y calla al mismo tiempo, se erige como el ámbito donde el ser se muestra y donde el dasein emprende su relación con el mismo. Para que esto ocurra ha de eludirse el peligro de superficialidad y representatividad en que puede incurrirse con el lenguaje, cuando éste se usa para "agarrar" el mundo o explicarlo.
Voy a buscar el libro que dices, Rubén. Y debe ser sugerente, como dice David, relacionar la filosofía de Ortega con Heidegger, tan vinculados ambos a la corriente fenomenológica.

Carlos G.P. dijo...

Cordiales saludos: Mi nombre es Carlos González. He sido profesor de matemáticas y física en la enseñanza secundaria durante 24 cursos. Finalmente, al verme limitado en mi deseo de practicar una enseñanza basada en los nuevos paradigmas, decidí dejar el camino de la enseñanza oficial e iniciar uno nuevo, alternativo al sistema imperante.
Durante años, he podido comprobar como mis alumnos adolescentes enterraban sus sueños hasta hacerlos invisibles. Su entorno les enseñaba que la “seguridad” era lo primero: estábamos creando víctimas. La rabia que sentía ante tal panorama la he trasmutado en creatividad, escribiendo un libro que narra cómo empoderar a los adolescentes:
“Un maestro decide crear un ambiente mágico en su clase para empoderar a sus alumnos. Les ayuda a descubrir los enormes potenciales que habitan en su interior. Les revela un mundo más allá de la mente programada y de las creencias. Para llevar a cabo su proyecto el profesor emplea curiosos trucos...
Los alumnos van resolviendo los enigmas, que el maestro propone de una forma singular. La clase es una creación de todos. El aprender se transforma en una aventura.
       Poco a poco, cada alumno se convierte en su propio maestro, en una fuente de conocimiento para él y sus compañeros. La vida se torna mágica: pueden vivirla desde su corazón, sin que las creencias les limiten “
Su título es: “Veintitrés maestros, de corazón – un salto cuántico en la enseñanza-“. En él se plantea un modelo educativo que se basa en descubrir la fuerza interior.
       Hoy puede ser ciencia ficción...tal vez una semilla, pero si la nutrimos puede generar una forma totalmente nueva de enseñar, en la que el ser humano deja de sentirse víctima, para sentirse el creador de su propia vida.
Creo que su sensibilidad va en la misma dirección que la mía. Por eso, me atrevo a enviale* mi libro en versión digital. He decidido regalarlo persona a persona o institución a institución. Necesita volar...hacia lugares en los que pueda ser bien acogido. Si lo lee le agradecería cualquier comentario. Todos los amantes de la lectura sabemos que bastan cinco minutos con un libro para saber si es de nuestro interés, sólo le pido ese tiempo. Siéntase libre de enviarlo a las personas o asociaciones a las que este libro pueda ayudar. Gracias por su presencia. Le deseo felices creaciones…
                                                                                                    Carlos González
P.D Mi blog es: www.ladanzadelavida12.blogspot.com
* El libro se puede descargar en mi blog
Puede ver mis vídeos:
“Educar más allá de las creencias: liberando al corazón” en la dirección siguiente: http://vimeo.com/9374224
“Educación y Nuevo Paradigma Científico” en la dirección: http://vimeo.com/10085584

Filosofia avanzada dijo...

La trasposición de lo representativo en el silencio creativo tiene por contra que la representatividad inherente duplica la ideologización temática para acabar visualizando una nueva concepción del yo que puede ser relativizada al colectivizar y conceptualizar la razón que subyace en los silencios y las palabras.

The Newbie dijo...

Hermano, tendrás ese libro en digital, si no s mucha molestia, o algún enlace para descargarlo. De antemano, muchas gracias.