sábado, 1 de mayo de 2010

"Cómo pensamos", de John Dewey

En el libro Cómo pensamos. La relación entre pensamiento reflexivo y proceso educativo, de John Dewey, éste realiza la conexión entre su filosofía pragmatista, su psicología y su pedagogía. De sus concepciones teóricas extrae unas interesantes consecuencias que atañen al método para la enseñanza y educación. Defiende que a la corriente natural del pensamiento hay que ir convirtiéndola en un examen consciente y ordenado de la realidad, que sigue el modelo del conocimiento científico, y que significa una reflexión a partir de la manipulación de la realidad, o sea, el proceso que él denomina experiencia. Es esto lo que hay que educar en el niño porque es lo más adaptativo y útil para cualquier ser humano, el modo en que mejor partido se le saca a la interacción con el medio en que consiste la actividad vital. La inteligencia tiene para Dewey la función de utilidad, de extraer un máximo rendimiento de las cualidades del sujeto y del medio con el que se relacione en estrecha interacción. Se trata de hacer que esta interacción sea un proceso ordenado, según pautas, reflexivo y producto del interés que el medio genera en el sujeto. La manipulación de la realidad ha de ejercerse mediante el estímulo de la propia realidad en el individuo, lo que implica un tipo de escuela y de pedagogía que es la defendida por el norteamericano en este libro que estoy comentando. La realidad debe suponer un desafío en el niño que le haga revisar constantemente sus creencias. En las situaciones dilemáticas y bifurcaciones de posibilidades, el mundo produce un asombro en el niño que impugna sus creencias anteriores y que le incita a la reflexión. Hay un origen, por tanto, material en el proceso de pensar, que se genera en el mundo y no en una suerte de aparte únicamente intelectual, como a veces se cree. No hay pensamiento sin finalidad ni sin búsqueda de lo útil, y será éste el principio de toda una pedagogía activa, experiencial y reflexiva. Dice Dewey: “La gran recompensa por ejercer el poder de pensar está en la ilimitada posibilidad de trasladar a los objetos y acontecimientos de la vida significados originariamente adquiridos mediante análisis intelectual; de ahí el permanente e ilimitado aumento de significados en la vida humana” (p. 36-37). Pensar es, en este sentido, lo específicamente humano, frente a la clausura del instinto y de la conducta animal. Debido a que pensamos podemos también fracasar y errar, pero justo en ello se cifra nuestra libertad, mayor que en los animales.

Dewey sigue planteamientos empiristas, aunque sea crítico con algunos rasgos del empirismo clásico, y cita la teoría de los ídolos de Bacon y de Locke para hablar de las condiciones necesarias para investigar y buscar certezas. Además del método correcto de investigación, hay que adoptar unas actitudes concretas respecto a la indagación en el mundo: mentalidad abierta, entusiasmo y responsabilidad. Así, es necesario apoyarse tanto en unas cualidades lógicas a la hora de pensar, como en unas cualidades morales, sin que se abra un abismo entre ellas. En la educación esto implica que el maestro guía un proceso en el que el niño aporta la energía, es decir, que aprovecha el curso de la curiosidad y el interés que el mundo genera en el niño para ir  ayudando a hacer más eficaz su acción en el mundo. Es decir, que en su contacto con las cosas, los niños se preguntan y el maestro debe ir proporcionando los medios de hacer más ordenado y útil el pensamiento del niño.

El pensamiento opera mediante sugerencias (hipótesis), que el sujeto pensante (el niño) ha de ir probando, de causas o conexiones entre los hechos. Para ello, hay que afinar esta capacidad de sugerir explicaciones para los fenómenos del mundo, siendo esto uno de los objetivos principales de la educación. Las dimesiones de la sugerencia de explicaciones son facilidad o rapidez, alcance o variedad y profundidad. Sobre todo, es preciso adoptar una apertura y escucha respecto al mundo, que en cada situación única va determinando las sugerencias específicas que son requeridas. Así pues, frente a un intelectualismo escindido de la experiencia, Dewey vuelve a situar el enfoque del pensar en la experiencia y en el mundo material, que es principio y fin del mismo. Lo intelectual surge a partir de lo experiencial y el pensamiento es reflexivo, o sea, obra como un espejo que funciona intentando reflejar el mundo, lo cual remite a un realismo en Dewey sin que tenga sentido un pensamiento puro del pensar por pensar. Así, afirma: “El pensar no constituye un proceso mental aislado; por el contrario, es una cuestión relativa al modo en que se emplea la inmensa cantidad de objetos observados y sugeridos, el modo en que coinciden y en que se los hace coincidir, el modo en que se los manipula. En consecuencia, ninguna asignatura, ningún tema, ninguna pregunta es intelectual por sí misma, sino por el papel que se le hace desempeñar en la dirección del pensamiento en la vida de toda persona” (p. 70). En realidad, hay que lograr un término medio entre lo eminentemente teórico con lo muy ligado a la práctica. Ambos extremos tomados por sí mismos cada uno como formas de enseñanza son un error. La información (contenidos) de la enseñanza debe estar vinculada al curso (experiencial) del pensamiento, teniendo en la experiencia su origen y su objeto, frente a abusos como la erudición escolar que a veces se da. Además,  la escuela debe tener en común elementos con las experiencias anteriores y externas a ella del niño. De hecho, el pensamiento obra mediante la conexión de rasgos comunes entre experiencias, so pena de anquilosarse en conocimiento inútil y aislado.

2 comentarios:

Marina Masullo dijo...

Acabo de leer tu comentario sobre "cómo pensamos" pero vos ¿qué opinas al respecto? ¿acordas con Dewey? Te lo pregunto porque no te conozco, quizás para tus allegados sea una obviedad.

Marcos Santos Gómez dijo...

En post anteriores sobre Dewey he dado mi opinión y valoración sobre su pensamiento. También, en el que acabo de subir, el día 4 de mayo, hay una valoración de otros aspectos del norteamericano. En definitiva puedo decir que es un autor que me ha hecho pensar, lo cual siempre está muy bien.