martes, 4 de mayo de 2010

El papel de la teoría en John Dewey


Dewey defiende la forma experimental y científica de conocimiento, como un logro evolutivo de la cultura humana que posee grandes beneficios. El estudio ordenado, analítico y sintético, por medio de tanteos o ensayo-error, es lo que puede garantizar una mejor calidad de las experiencias humanas, o sea, un mejor juego de las cartas que el medio ambiente físico y social concede al hombre. Hay una concepción fuertemente instrumental que prioriza el conocimiento útil, que es capaz de generar un mejor uso de las posibilidades humanas. Así, la ciencia es lo que Dewey sitúa en el lugar más elevado del progreso que él encuentra, en general, en la humanidad. La ciencia es, asimismo, un ideal para el niño, que apunta a ella con su curiosidad, pero que debe ser educado para sacar el mejor partido de sus posibilidades personales, de su conocimiento y dominio del medio en el que transcurre su vida. Por tanto, lo que es un ideal para el hombre en general y para la sociedad, lo es también para el niño que es educado en la escuela. En realidad, la escuela debe ofrecer la síntesis de lo que ha costado mucho tiempo y esfuerzo conseguir para la humanidad. Pero es preciso poner un gran cuidado en la manera en que esto se hace y en desarrollar la pedagogía adecuada que verdaderamente provoca el afán investigador en el niño, lejos de los extremos teórico-academicista y práctico-manipulativo. La educación correcta se sitúa, según Dewey, entre ambos. 

En la segunda parte del libro Cómo pensamos. La relación entre pensamiento reflexivo y proceso educativo, Dewey realiza una interesante precisión dentro de su fuerte carácter pragmatista. Distingue la lógica formal del proceso psicológico del razonar, decantándose por una pedagogía que atienda sobre todo a este último. La lógica es un sedimento, según él, o armazón, que queda tras el proceso vivo de la pesquisa en pos de leyes, inferencias y conclusiones que atañen a la realidad empírica. Se preocupa de cómo moldear las cualidades innatas de los niños, llenos de curiosidad, para que saquen el mejor partido de éstas, o sea, canalizando sus pesquisas por el método científico de la formulación de hipótesis, medidas, constatación, experimentación y conclusiones que descubran leyes y regularidades en la naturaleza. Busca que el niño desarrolle su capacidad de afinar, pues afinar, es lo que hace la ciencia respecto al conocimiento empírico vulgar basado en el simple hábito y las relaciones causales impropias. Así pues, la forma lógica y la estructura del pensamiento científico son una cosa y otra su desarrollo psicológico en el individuo. Dewey se mueve, por tanto, en el ámbito de lo representativo, de lo que cierta filosofía llamaría “metafísica de la presencia”, en lo fáctico, frente a opciones logicistas (corriente analítica de la filosofía, primer Wittgenstein) o fenomenológicas (Husserl). No obstante, el suyo no es ni mucho menos un empirismo grosero, y me ha parecido advertir en él ciertas resonancias kantianas (juraría que hizo su tesis sobre Kant), evidentes cuando desarrolla su idea de “conceptos” y de cómo éstos ordenan y catalogan la experiencia bruta que requiere ser domada por ellos. De todos modos, también advierte de otros dos errores pedagógicos que representan sendos extremos: 1) creer que la lógica es algo natural que puede desarrollarse externa, disciplinada y formalmente. 2) creer que el pensamiento no tiene nada que ver con la lógica. Antes bien, la lógica es un instrumento que se ha mostrado útil para la principal tarea del organismo vivo: la supervivencia. Recordemos que la teoría, para Dewey, ha de pasar siempre por el tribunal de la práctica y demostrar que puede usarse útilmente, en una postura de corte utilitarista que al menos, como dijimos en un post anterior, no llega al relativismo que niega la existencia de verdades. Destaca la valoración positiva que Dewey hace de lo intelectual, para él propio del niño según sus etapas, y posicionándose ante excesos espontaneístas y activistas. Sí cree en que el niño piensa haciendo, lo cual quiere decir que el niño opera ambas cosas: acción en el medio y pensamiento. Así, lo lógico es parte de una labor intelectual y manipuladora más general. Además, en lo que se refiere al estudio empírico, la teoría puede afinar la mirada y ayudar a desentrañar hechos o datos. Es decir, de nuevo frente al empirismo radical grosero, Dewey defiende una precedencia de la teoría que guía a la observación. Se trata de abogar por un uso de la teoría (él lo llama “las ideas”) entre la duda radical y su asunción dogmática. “(…) acogida como una posibilidad incierta, proporciona un punto de vista, una plataforma, un método de investigación” (p. 142). Dicho con mayor precisión, “Idea es todo lo que en una situación dudosa o un problema sin definir nos ayuda a formar un juicio y a deducir una conclusión por medio de la anticipación de una posible solución, y nada más que eso. Y lo es debido a que realmente aclara una duda o armoniza lo que de otro modo sería fragmentario, no porque se trate de una construcción psíquica” (p. 145). El pensamiento científico descubre “relaciones”, enriqueciendo el “significado” de las cosas, lo que en la pedagogía quiere decir que la experiencia del niño es enriquecida y multiplicada. El mundo iría mostrando sus muchas caras a quien lo investiga, que permanecen ocultas para el empirismo vulgar y el saber mítico-mágico de las falsas causalidades. Es como si el niño y el hombre en general aprehendieran el mundo cada vez más, se hicieran con él y lo dominaran. Esto es lo que en post anteriores indicábamos como elemento moderno-ilustrado de Dewey, a pesar de la postmodernidad de su planteamiento pragmatista. Hay un afán de dominio de la naturaleza por parte de un sujeto con el método adecuado (modernidad), pero sin que se parta de un dogmatismo o verdades más allá de la propia experiencia (pragmatismo). No obstante, podríamos preguntar: ¿Y no es Dewey dominado por un cierto dogmatismo inconsciente que ya define el tipo de verdades que quiere encontrar? ¿Es su razón una variante de la racionalidad técnico instrumental, lo que ya significa haber hecho una apuesta previa a la jugada? Él reconoce la teoría, pero quizás sólo una forma de teoría, la que guía al descubrimiento científico, pero cuando se trata de cuestiones como la ética o el derecho, ¿adopta un positivismo utilitarista en el fondo? Para él, verdadero es sinónimo de bueno y de útil. Y esto ya supone una toma de postura metafísica.