sábado, 29 de mayo de 2010

Pedagogía, bien común y crisis.


Según el pedagogo Suchodolski, la pedagogía socialista debe eludir la tendencia de la pedagogía burguesa a la privatización de los fines de la educación. Esto último reposa en el prejuicio liberal de que buscando fines individuales se garantizan los objetivos generales de la sociedad. Así, el sistema educativo debe ofrecer, según los sistemas burgueses, las opciones al individuo para la búsqueda de sus propios fines que consisten en un aprovechamiento y adaptación a la economía liberal y sus intereses. Por la educación se buscaría el destino de los hijos como aspiración de los padres a que éstos se adapten exitosamente a la sociedad imperante. No hay una pretensión, por tanto, de incidencia real en la transformación de la sociedad, aunque el lenguaje pedagógico utilice conceptos como “perfeccionamiento”, “progreso”, “productividad” o “riqueza”. En cualquier caso, se acepta la inmutabilidad de las condiciones sociales imperantes. Relacionado con esto se da un voluntarismo y un fatalismo de la historia, que pasa a ser la historia de los hechos, las hazañas y las grandes figuras, por un lado, o la otra forma de historia que la considera férreamente determinada por instancias sobrehumanas o condicionamientos inmutables (historicismo). Todas estas concepciones de la historia adolecen de la escisión entre lo subjetivo y lo objetivo, posicionándose sólo desde uno de los polos. El materialismo dialéctico, sin embargo, entiende el mundo como una síntesis o interrelación de los subjetivo y lo objetivo. De manera más precisa, Suchodolski dice que “El materialismo histórico marxista rechaza tanto la tesis de la identidad del sujeto y del objeto como la tesis consistente en su diferencia fundamental y su oposición absoluta” (p. 65). Así, descarta tanto el concepto idealista que reduce todo a un estado de conciencia, como el materialismo grosero que suprime la libertad del hombre (Comte, Spencer, Durhkeim).
El polo subjetivista ha adoptado, según Suchodolski, una perspectiva psicológica, como de hecho lleva a cabo el psicoanálisis. Desde este polo, “la sociedad y sus instituciones habrían de ser el reflejo de las facultades psíquicas de los individuos, sobre todo de sus impulsos sociales” (p. 66). Así, la transformación social debería acudir a los entresijos de la psique y orientar una educación que sobre todo en la lactancia y la niñez remota produjera la constitución psicológica proclive a una forma de sociedad “sana”. Aquí se peca de eludir la realidad objetiva exterior al sujeto y no se da la interrelación entre subjetividad y objetividad que sí ofrece el marxismo. Creo que la clave de este marxismo es un concepto de acción en el que precisamente se integran ambos polos, de manera que se es haciendo pero a partir de lo que hay hecho que, a su vez, nos hace. Hay reglas objetivas al tiempo que actividad de los individuos. Esto es ilustrado por ejemplo por la técnica, que es un producto humano que a su vez transforma a los hombres. Del mismo modo, “la ciencia crea a los sabios y los sabios crean la ciencia; de esta manera, el arte crea a los artistas y los artistas crean el arte” (p. 69).
No he leído hasta el momento que Suchodolski aluda al freudomarxismo. Creo que la opción freudomarxista salva un elemento que el polaco parece eliminar: los entresijos de la psique. De un modo rico y creativo, el freudomarxismo engarza sociedad y psique, afinando más, me parece, que el enfoque al respecto de Suchodolski. Lo bueno del freudomarxismo es que supera el fatalismo psicologicista de Freud y proporciona unas claves para entender asuntos que el polaco pasa demasiado por alto y que el colapso del mundo comunista tal vez vino a corroborar: los elementos profundos y psíquicos que subyacen al afán de poder, por ejemplo. La psicología no tiene por qué significar una mera adaptación a la sociedad, sino que en estos enfoques (Reich, Fromm, Marcuse) desarrolla un potencial revolucionario hasta cierto punto (discutido en el caso de Fromm, eso sí, y con un análisis finalmente pesimista por parte de Marcuse). En cualquier caso, entender el modo en que lo ideológico nos configura, y cómo un sistema económico produce un tipo de personalidad (carácter social) para su perpetuación, son claves ricas y muy sugerentes que completan el marxismo más ortodoxo de Suchodolski y que además han producido interesantes experiencias pedagógicas como Summerhill. Pero, por otro lado, y esto puede ser también cuestionado en Summerhill, como decíamos en un post reciente, la transformación social no es una mera cuestión de psicología (aquí).
El punto de vista predominante en Suchodolski, en relación con lo psíquico, peca de realzar lo consciente, en una filosofía de la conciencia que sólo puede entender la subjetividad como voluntarismo (de raigambre moderna y en el fondo positivista), lo que debería refinarse aludiendo a lo inconsciente o lo corporal, como en la filosofía, de hecho, se ha llevado a cabo en cierto marxismo heterodoxo, pero también en corrientes en principio contrapuestas al marxismo (y al psicoanálisis), como la fenomenología psiquiátrica de la Psicopatología general de Karl Jaspers o algunos enfoques de la fenomenología del cuerpo como facticidad determinante que combaten el punto de vista idealista en la subjetividad (Merleau-Ponty, Henry).   
La pedagogía socialista debe contribuir a desarrollar la capacidad de acción formando la conciencia como captación de las condiciones sociales. Esto recuerda enormemente, como dijimos en un post anterior, a la perspectiva de Paulo Freire, que insiste también muy a menudo en los excesos subjetivista u objetivista que deben superarse en la pedagogía del oprimido, huyendo de todo fatalismo o alienante impotencia en el sujeto. Para Freire, la educación debe aclarar y controlar el medio, unificando sujeto y objeto en la misma forma que parece explicar Suchodolski. Esta alienación puede cobrar la forma (burguesa) de ir hacia un futuro que se concibe como desarrollo de los planes existenciales del individuo, ajeno a la acción de tipo social. De nuevo, uno de los principales rasgos del universo burgués es el individualismo que se escinde del conjunto social y del bien común, desde el prejuicio fomentado por la economía liberal de que en la búsqueda de lo privado la sociedad obtiene su mejor configuración y va perfeccionándose. Creo que, lamentablemente, el error de esta visión está siendo puesto de manifiesto en la actualidad con dureza por la crisis económica que estamos viviendo, cuyo origen estaría en la búsqueda ilimitada de beneficio económico por parte de corporaciones o bancos que, en el caso de España, pagan mucho menos impuestos que en el resto de Europa. Por cierto, es porque la Banca se aprieta el cinturón de sus beneficios pagando más por los mismos al Estado, por lo que hay menos crisis en los países del norte de Europa, frente a Grecia, España, Portugal o Irlanda. Paradójicamente, esta misma patronal y Banca privada, en España, nos exige a todos apretarnos el cinturón (cobrar menos y despido libre), cuando en España el gasto público es mucho menor que en países más boyantes de la Unión Europea y los sueldos son también menores. Sin embargo, hay una política fiscal injusta de la que se benefician los que más dinero tienen. En relación con esto, aconsejo leer el siguiente artículo del profesor y economista Vicenç Navarro, aparecido el 13 de mayo pasado en el periódico Público. No tiene desperdicio.

2 comentarios:

JuanPedro dijo...

Vaya, alguien que habla de pedagogía en un portal de blogs de enseñantes, docentes, educadores, instructores, o como cada cual quiera definirse. Pedagogía cercana a los poblemas cotidianos, ésos que influyen en el alumnado y sus familias, de los que muchos no quieren oir hablar porque todavía piensan que lo suyo es dar la clse y salir corriendo.
Generalmente, en estos sitios lo que más veo son artículos técnicos sobre TIC, muy buenos, pero inservibles si no se plantea la manera como pueden mejorar nuestra relación con el alumnado, familias, compañeros, etc., y hacernos mejores docentes.
Un saludo.

Marcos Santos Gómez dijo...

Muchas gracias. También creo que la pedagogía no puede reducirse a ciencia de los métodos para enseñar (didáctica, TIC), aunque la incluya. En eso estamos. Lo normativo, lo moral, incluso lo estético son facetas inextricablemente unidas a lo educativo.