jueves, 27 de mayo de 2010

Pedagogía y marxismo I


Suchodolski explica el estilo de la educación socialista según algunos textos de Marx como la formación de una nueva conciencia a partir no tanto de una educación intelectual, sino sobre todo como “el resultado de las experiencias de la acción acometida por los obreros” (p. 46). Es decir, no se trata de encarnar ideales desde arriba, sino de ir creando esos ideales durante el desarrollo de la acción. A partir de una situación concreta surgen las condiciones para el establecimiento de fines. Pero esto no quiere decir que se actúe inmerso en la situación actual, sino que ha de establecerse también una perspectiva de futuro como motor del presente, nunca como vago ideal abstracto. Marx, como es sabido, se enfrentó a los socialistas utópicos que pecaban, según él, de este idealismo utopista de un futuro ajeno e inconexo con la realidad actual, como propio de una actitud burguesa de “torre de marfil”. A esto subyace un interrogante planteado, en efecto, por todos los utópicos del XIX: ¿Hay que cambiar primero las condiciones sociales o a los hombres? En realidad, cualquier respuesta que priorice uno u otro elemento resulta errónea, pues para Marx, la polémica entre subjetivismo u objetivismo se resuelve con la síntesis dialéctica de ambos, de manera que según él las circunstancias crean a los individuos igual que los individuos crean las circunstancias. La transformación se entiende como un mismo movimiento revolucionario de individuos y condiciones. Esto conlleva unas implicaciones pedagógicas concretas, como por ejemplo la vinculación con las circunstancias concretas de la vida y la acción del individuo por parte de cualquier formación intelectual o moral. Explica Suchodolski que para Marx, “El intelecto y la moral no son, ni mucho menos, unas facultades aisladas del individuo, sino la forma de su participación en la vida social de su época y en sus aspiraciones esenciales” (p. 47). Así, a toda educación debe corresponder el conocimiento de las leyes que explican la propia realidad (naturaleza y sociedad), de un modo que me ha recordado al objetivo de la concientización según Paulo Freire. Se trata de una comprensión (científica) del mundo y el entorno, adquiriendo instrumentos conceptuales para vincular la propia acción con el mundo, ligado, en el caso de Freire, a unos determinados cambios que podríamos denominar existenciales en el sujeto. La pedagogía burguesa es todo lo contrario, parte de y produce una escisión entre el sujeto y su mundo, que conduce a la educación intelectual y teórica escindida de la vida práctica. En realidad, es una escisión que refleja la escisión ya existente en la sociedad, y que genera la no identificación del sujeto con su sociedad, a la que se contrapone, bien sea desde el lugar privilegiado del burgués, o desde la cosificación del obrero. Este planteamiento podría relacionarse con lo que vimos de Bourdieu, aunque éste matiza y desmenuza la sociedad de un modo que el marxismo no hace. De todos modos, el análisis del intelectual hecho por Bourdieu enfatiza precisamente que sus rasgos son un medio para distinguirse como grupo (privilegiado en unas cosas y no privilegiado en otras, como el poder económico). Para Bourdieu la cultura escolar además, recordemos, produce una alienación e impotencia en las clases populares (violencia simbólica), una no identificación con la alta cultura que se vive como ajena y cuya imposible o costosa asimilación por parte del niño sirve para naturalizar (psicologizando en ocasiones) su alienación de origen social. Según estoy leyendo en Suchodolski que va desarrollando el planteamiento marxiano, esta observación también ha sido hecha por el mismo. La educación burguesa como una educación cuyo objeto es fortalecer el fatalismo de las masas populares y la separación entre clases o entre individuo y sociedad, en una contraposición de intereses que disgregan a la sociedad. Para Marx, la educación nunca es inocente, aunque la educación burguesa adopte una actitud supuestamente neutral y aséptica. Así que se debe tomar conciencia de la motivación política de la misma, para optar con conocimiento de causa por una educación para el “hombre nuevo”. En este tipo de educación desintegradora de la sociedad (burguesa) Marx incluye la formación moral que se entienda, en una línea estoica, como pureza interior y virtudes individuales. Al contrario de lo que esto parece inducir, todo es político y social, también este interiorismo moral, al que hay que contraponer una formación moral estrechamente ligada a la praxis social tendente a superar las dicotomías y escisiones dentro de la sociedad. La moral es algo, según Marx, que se desarrolla en la historia y en las relaciones entre los hombres (clases sociales). Siempre hay un margen de libertad para optar y darse cuenta de estos vínculos de la propia acción con la historia y la anticipación del futuro ya en el presente. Esto es porque ciertamente hay un “interior” del hombre, pero que se desarrolla calando en el exterior, del mismo modo que lo exterior también cala, en una suerte de diálogo, en el interior. En este juego, se puede optar por un tipo de sociedad u otro. Así pues, en la moral y la ética, Marx se opone tanto al utilitarismo (que puede degenerar en conservadurismo) como al rigorismo formalista (individualista), como orientaciones burguesas. En el marxismo existe, desde el propio Marx, este papel de lo nuevo y lo futuro, lo por venir, que cual tábano socrático, se introduce en el presente, lo agita y lo pone en marcha. Aquí hay de nuevo una conexión, que puede explicarse y entenderse de muchas maneras, con el judeocristianismo. ¿Es el marxismo el utopismo de las religiones (escatología, apocalíptica) que ha pisado tierra por fin? ¿Es un perfeccionamiento de este utopismo, en cuanto se hace conscientemente realista? ¿O al contrario, es el marxismo una escatología light, un simple cristianismo secularizado?

Pero al margen de esta problemática, prosigue Suchodolski detallando la educación según Marx. Como se ha destacado a menudo, la educación marxiana ha de formar individuos polifacéticos, multifacéticamente desarrollados. Contra la rutinización y mecanización de las tareas propias de las formas de producción capitalistas que cosifican y deshumanizan al obrero (y al patrono), ahora se trata de devolver al trabajo su papel de creación y realización humana, de acción creativa, de rico intercambio con el medio. Marx destacó “(…) cómo el capitalismo había destruido el valor ‘humano’ del trabajo, el cual radica en que el hombre, al transformar el mundo material, contribuye a su propio desarrollo” (p. 51). El trabajo humanizado llegará entre otras cosas por el desarrollo tecnológico (“electrificación y socialismo”) que evita las tareas pesadas y satisfará las necesidades básicas del hombre, por lo que se tendrá más tiempo y posibilidades de desarrollo personal (acceso universal a la “alta cultura”).

¿Surgiría entonces otra ‘alta cultura’? ¿Puede la sociedad dejar de organizarse en grupos que pugnan y luchan definiéndose en función de su separación y posición relativa? (Bourdieu) Para Marx, el poder es fundamentalmente una cuestión económica y de dominio de clases, pero este planteamiento, recordemos, es disuelto por la sociología de Bourdieu, de modo que hay muchos campos donde se ejerce el poder y donde se posicionan los individuos y grupos sociales. Frente al predominio del capital económico en el análisis de Marx, Bourdieu considera también, por ejemplo, el capital cultural o el simbólico. Bien es cierto que para el francés hay un predominio del Estado que va imponiendo juicios y valoraciones en la sociedad, contribuyendo a una cierta unidad y a un centralismo del poder, en el que son cómplices los juristas, entre otros grupos. Mi impresión personal es que Bourdieu hila más fino, pero creo que puede casarse mucho de lo planteado por Marx de un modo macroscópico, con el enfoque más microscópico del gran sociólogo francés.

    

2 comentarios:

Vera dijo...

Hace unos cuantos años, un amigo me dijo: "El capitalismo se va a devorar a sí mismo". Hoy, aquella frase parece profética.

Marcos Santos Gómez dijo...

Pues sí, la prueba es la sucesión endémica de crisis económicas acarreadas por la economía capitalista, que muestran un fallo esencial en la misma, lejos de ser meras crisis coyunturales, como se nos quiere hacer creer. Esta economía hace aguas y no crea riqueza (sueldos dignos y derechos garantizados para todos, que es como yo definiría "riqueza", no como capital fantasma en manos de pocos).