viernes, 14 de mayo de 2010

razón estratégica vs razón práctica


Si comparamos la teoría de la acción y de la racionalidad práctica de Bourdieu con la teoría de juegos, salen a relucir los elementos más específicamente bourdieusianos y lo esencial de su enfoque. A diferencia de la teoría de juegos, para Bourdieu la racionalidad práctica no es igual a una razón estratégica  que aplica  consecuencias a partir de una valoración de las creencias de los otros jugadores, por parte de un jugador. En la razón estratégica se buscaría hallar una estrategia consistente con lo que se espera que los otros jugadores creen. Esto asume la existencia de una racionalidad exterior al propio juego que, aunque aplicada a éste y por tanto de naturaleza práctica, puede ostentar una cierta universalidad atendiendo a principios o razones universalizables y siendo capaz de situarse fuera del juego. Ciertamente, Bourdieu considera también la existencia de juegos en lo social (campos), pero apunta a una dinámica diferente según la cual se juega en cada juego (campo). Se trata de una racionalidad no tanto estratégica, sino a la manera de un sentido práctico, de una razón corporal y automática, en gran medida inconsciente (habitus), que se parece más a un olfato que a un cálculo meditado de datos e inferencias. Algo así como el concepto aristotélico de hexis. Se trata de un conocimiento práctico de las reglas que rigen en un juego (campo) social, que se asumen por el mero hecho de estar en él jugando y que ni siquiera parte de una decisión consciente sino que viene dado previamente por la posición del sujeto en el espacio social.

Esto manifiesta el problema de un relativismo de las razones por las que se hace algo, que son en función de situaciones siempre coyunturales y que por tanto no pueden universalizarse. No hay un elemento unificador de la acción racional y por tanto, el planteamiento de Bourdieu difiere de la teoría de juegos de Nash. Para Bourdieu lo esencial son las condiciones concretas en las que se juega cada juego, sin que se pueda extraer de ellas unas normas generalizables. Así, el sociólogo tampoco dispondría de una clave externa o un modelo para entender cada problema social en cuestión. Tan solo ostentaría la idea de campos de lucha con condiciones específicas. Y los elementos que componen el espacio de lo social no pueden nunca entenderse con una perspectiva esencialista, sino de modo dependiente, como relaciones. Más en concreto, el análisis social tiene que establecer la relación entre las posiciones sociales, las disposiciones (habitus) y las tomas de posición. Sí puede establecerse que la diferenciación de posiciones sociales determina las diferencias de habitus y de tomas de posición. El habitus, de hecho, es lo externo hecho interno, pero que vuelve a determinar lo externo. Dicho de otro modo, es el producto interiorizado de las condiciones de existencia de las personas que a su vez genera y organiza las prácticas y representaciones. Conforma una práctica distintiva (propia de una posición relativa en el espacio social) pero también es principio de clasificación. No opera según la idea de la razón instrumental, proponiéndose fines y calculando medios, sino como un reconocimiento, como una estructura cognitiva y motivadora que admite como fines sólo los objetivos que ya está en condiciones de admitir como tales. Los fines son dados y sólo cabe, al agente social, el realizarlos. El habitus tiene más que ver con la reproducción del pasado que con la anticipación calculadora de un futuro. Es un estilo de vida procedente de ciertas condiciones de vida y que marca las elecciones de los agentes. Éstos no buscan tanto lo útil, sino lo significativo. Se busca antes el sentido que los beneficios materiales. Y la sociedad, en su conjunto, es un espacio o campo general que incluye numerosos subcampos . Cada agente entra en un campo de juego con unas disposiciones respecto al mismo que inciden en el significado que el campo tenga para él. Lo importante es que todo esto, la entrada en un campo y el desarrollo de un juego, no es producto de elecciones conscientes o decisiones, sino que el agente es configurado para verse ya jugando un juego y haciendo uso ya de hecho de un “olfato” o “sentido” práctico para el mismo.

La sociología tendría el papel de entender las condiciones estructurales del campo de juego, captando estadísticamente estas condiciones objetivas. El relativismo que yo encuentro en Bourdieu se cifra en que un nomos sólo puede ser reconstruido desde el nomos de otro campo. No hay una opción por unos fines fuera de las determinaciones sociales, lo cual asemeja a Bourdieu con el segundo Wittgenstein de las “formas de vida” que no pueden ser reducidas a una síntesis global o a una racionalidad general capaz de juzgarlas a todas. No hay, pues, un punto de vista exterior, porque no hay un sujeto que pueda ser exterior a todos los campos. Cabe plantearse, por otro lado, la posibilidad de que los individuos innoven en la medida en que no se han dejado colonizar del todo por el habitus constitutivo de un campo, y que por su desajuste puedan modificar las reglas del juego. Esto daría quizás pie a una visión menos anclada en lo pasado y en lo reproduccionista como elementos fatales de un campo social.       

2 comentarios:

Grupo de trabajo informativa educativa dijo...

buen aporte camarada

saludos

http://educacionparafilosofia.blogspot.com/

Marcos Santos Gómez dijo...

Gracias, intentamos que internet sea lo que debería ser y tratamos de compartir e intercambiar conocimiento. Saludos.