domingo, 14 de noviembre de 2010

La materia desde la concepción de Ellacuría

Dedica Ignacio Ellacuría el primer capítulo de su libro Filosofía de la realidad histórica, publicado póstumamente por la editorial de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” de El Salvador (Ediciones UCA), a la componente material de la historia. En él ya queda de manifiesto algo fundamental en el pensamiento de Ellacuría que éste hereda de su maestro Zubiri. Se trata de la eliminación de dualismos en los que la realidad aparezca desdoblada y escindida, y, aplicando esto a la historia, la concepción idealista de la misma que la concibe como conciencia o espíritu flotante, inmaterial, sin conexión con el resto de la realidad. Hay en su pensamiento, por tanto, el trasfondo de la corrección marxista de Hegel que conecta con el elemento zubiriano predominante. Esto no quiere decir, en absoluto, que Ellacuría o Zubiri sean reduccionistas y ofrezcan una visión, por ejemplo, biologicista o materialista en un sentido grosero, de reducción de todo a las leyes naturales o físicas. En la forma de materialismo de Ellacuría lo real se va superando y adquiriendo niveles de complejidad que aunque lo eleven a una suerte de estrato superior y diferente, con consistencia propia (como lo son la sociedad o la historia), no elimina de sí, sino que aparece integrado, el elemento inferior del que procede lo superior. Así, el hombre, siendo otra cosa, nunca deja de ser animal. Este dinamismo “integrador” de lo real es pormenorizadamente explicado por Zubiri y por Ellacuría en el libro que comentamos. Por eso, “(…) si no buscamos lo diferenciativo de la historia, sino su totalidad real, es fácil constatar que la historia surge de la naturaleza material y permanece indisolublemente enlazada a ella. Sin naturaleza no sólo no habría habido historia, sino que no la habría en la actualidad. Puede darse naturaleza sin historia, pero no historia sin naturaleza” (p. 49).
Pero para analizar la componente material en su sentido de “naturaleza”, hemos de esclarecer qué entendemos exactamente por “materia”. El autor que sigue principalmente en esto Ellacuría es, como resulta habitual, a Zubiri. Así, Zubiri concibe la materia como unidad de elementos en estado constructo, es decir, como una estructura en la que sus elementos constituyen una multiplicidad dinámica de posiciones espacio-temporales. “Los distintos elementos de esta multiplicidad dinámica están fuera unos de otros, pero a la par son intrínseca y formalmente de los otros, cada elemento está formalmente vertido a los demás y no tiene realidad, sino siendo intrínsecamente ‘de’ los demás. La multiplicidad de la materia no es en sí misma adición extrínseca de elementos, sino modo estructural de conjunción” (p. 52). La materia no es el material de que algo está hecho, como creían los griegos, sino “aquello de que algo está constituido”. No es un elemento pasivo y potencialidad, sino “principio determinante, positiva actividad”. “(…) la materia es la esencia misma de las cosas materiales, entendidas éstas como estructuras de notas, y lo que determina formal e inmediatamente la materia es la unidad del sistema mismo, su carácter estructural junto con el contenido de todas las notas que pertenecen a la cosa material” (p. 53). Los elementos, pues, son llamados “notas” por Zubiri-Ellacuría, reconociéndose también una especie de escala de complejidad y principialidad de las mismas: “Aquellas notas últimas, fundantes de todas las demás y determinantes de lo que éstas son, en su primaria unidad, son la materia misma” (p. 53). Notas elementales que han de ser indagadas y descubiertas por la ciencia. Pero por ahora, según se investiga más, más enigmática aparece la materia. Pierde el carácter que tiene en el mundo macroscópico, de manera que va siendo otra cosa a lo que perciben nuestros sentidos, pero desde luego tampoco puede decirse que sea una suerte de entelequia inmaterial. En sus niveles más básicos, la materia es materia, no deja de serlo, pero no de un modo semejante a las cosas materiales que conocemos directamente.
Se puede hablar de una unidad de las cosas materiales, pero no como estructura clasificada (taxis), sino a la manera de una melodía. Es algo que varía y se modula de modo semejante a la música, “(…) una melodía en la que cada nota no actúa sobre la siguiente, sino que es el sistema entero el que varía melódicamente” (p. 55). Es ordenación y acción. Además, al cosmos lo caracteriza la “respectividad”, que “(…) no es aquello ‘en que’ una realidad se está refiriendo a otra, sino aquello según lo cual toda realidad está constituida como realidad” (p. 55). Cada elemento se refiere al todo componiendo una unidad “respectiva”. Esta unidad constitutiva es, propiamente, la materia. “Esta respectividad cósmica es la de un sistema factualmente material; por ello, la unidad constitutiva, que es el cosmos, es unidad material. La materia constituye la unidad misma del cosmos y la universalidad de la materia es consecuencia inexorable de su unitariedad; la materia, dice Zubiri, es la unidad factual misma de lo real” (p. 55). Todo forma conjunto y se refiere al todo de lo real, aunque ocupe como nota o elemento una posición propia en el espacio y en el tiempo. Ese todo, o cosmos, antecede, como unidad, a sus elementos (p. 56). Es unidad sustantiva y accional (no sólo la corriente heraclítea, sino “agua corriente”, señala Ellacuría).

Así pues, la realidad es intrínsecamente dinámica. Es dinámico el todo como estructura, y sus elementos. No es una pura fuerza, sino un dinamismo estructural, de un sistema que se mueve, que no pierde su carácter de sistema y sus elementos-cosas. Se trata de un dinamismo no necesariamente dialéctico que en la física señala muy bien el spin, o rotación sin rotación, magnitud cuántica que aparecería si hubiera rotación. Es un dinamismo de configuración, no mero cambio o movimiento, un dinamismo propio de la estructura como tal. Por eso, no es necesario buscar un principio exterior al movimiento. La realidad no es estática y algo la mueve, como a veces ha considerado la filosofía. Se trata de un dinamismo básico que en el caso, distinto, del movimiento, Galileo retrata como inercia. El de la realidad y la materia, pues, es “Un dinamismo que es, por lo pronto, la forma como se presenta primariamente la respectividad sistemática de cada cosa real” (p. 59). El movimiento sería una parte de la unidad primaria dinámica, una nota factual de ella. “El cosmos ‘es’ dinámico, pero ‘está’ en movimiento” (p. 61). Todo es un dinamismo en cambio, que Zubiri denomina “despliegue”. El despliegue lo es de una estructura que no sale de sí, sino que da de sí. No es como la actualización de la potencia aristotélica, sino como un poder dar de sí que ya está presente en la forma previa (la encina está ya en la bellota). Esto es “potentidad” o tendencia a innovar en un despliegue considerado como re-configuración de notas. “La materia es en sí misma poder, potentidad; las propias notas estructurales contienen más dinamismo del objetivado, por así decirlo, en las propias notas. De ahí que el proceso material sea un auténtico despliegue” (p. 65).