domingo, 12 de diciembre de 2010

Individuo y Yo, según Ellacuría.

Llegados a este asunto de lo personal y de la persona, Ellacuría plantea una explicación de la dimensión individual del hombre. Como dimensiones, nombra por un lado lo individual y por el otro lo social, ambas, como veremos, estrechamente interrelacionadas. El hecho de que llame a estas propiedades “dimensiones” alude, en él, a que son algo dado para la persona, algo con lo se encuentra y que consiste en un haber humano producido por el proceso de impersonalización descrito en post anteriores. Así, hay una refluencia de aquello que originado en los hombres, es decir, en personas, se objetiva y a su vez revierte en las personas desde dicha objetivación. Así hemos entendido lo social en anteriores posts. Pues bien, lo individual a pesar de remitir a la singularidad de los individuos, también guarda relación con elementos comunes y colectivos como la especie (nivel biológico) o lo social. En el carácter de especie vimos que se encuentra como rasgo el producir individuos que siendo de la misma unidad específica, son consecuencia de una pluralización y diversificación propia de la especie. En esto comentamos que se basa la versión a los otros. Pues bien, cuando esta versión se actualiza y se da en la dirección del individuo a los demás o sobre el todo de la realidad, en un estar presentes los otros en el puro hecho de estar singularmente vertido a ellos. Así, señala Ellacuría “Mi forma de realidad, suele decir Zubiri, está en alguna forma afectada constitutivamente por la versión que desde mí mismo tengo a las demás realidades que constituyen conmigo una especie” (p. 362). Esto se da en la constitución del Yo: “El Yo (…) consiste en la afirmación o actualización de mi propia realidad frente al resto de la realidad, en nuestro caso frente a la realidad de los otros que es mía y que no lo es. Pero es que en esa afirmación, en que consiste el Yo, entran también los otros, entra el modo como mi propia realidad está afectada por la realidad y por el ser de los demás. La manera como el Yo está afectado por el modo de ser de los demás es, justamente, la dimensión del ser humano” (p. 363). Así pues, el Yo no surge por negación de los otros Yo, sino todo lo contrario. Pensar el Yo como algo escindido de los otros Yo es propio del idealismo, tan cuestionado por Ellacuría. Así, fenómenos como la comunicación, de índole superior, se basan en esta interrelación en los niveles básicos constitutivos del Yo. Es lo que, también, explica algo como la educación, que puede entenderse a partir de esta configuración de la realidad  y del Yo de raigambre zubiriana. Podremos, en un futuro a lo largo de próximos trabajos, abordar con más precisión todo lo relacionado con la educación desde el planteamiento de Zubiri.
Así, es el carácter de similitud y de diferenciación conjuntas lo que define y explica el surgimiento de lo individual, a partir, como hemos señalado, del nivel de la especie y otras respectividades. Es una suerte de necesidad física o real (lo que para Zubiri es lo mismo). De ahí que cuanto más individuo somos, más presencia hay de los otros que posibilitan dicha individualidad (p. 365). Esto que sucede al nivel de la realidad humana, impregna también al nivel de la persona humana. La persona lo es en referencia a los demás: “el hombre está determinado por sus notas a ser absoluto y está co-determinado por las demás personas a serlo de un modo diverso. Cada Yo está determinado en sí mismo y por sí mismo a ser suyo, pero envuelve desde sí mismo, y no por adición, la versión a un tú y a un él” (p. 367).
Una importante consecuencia que se desprende de la concepción zubiriana-ellacuriana del Yo es que “el Yo es el ‘resultado’ de la realidad, el Yo es ‘posición’ de la realidad personal” (p. 368). Así pues, el Yo no “pone” nada, frente al idealismo. Así, toda absolutización del Yo arrastra, de algún modo, al Tú, un Tú propio de una relación fundada en la materialidad respectiva del hombre. “La ‘relación’ personal no es cuestión de espíritus o de subjetividades ni es cuestión de comunicación de interioridades; es problema de animales personales” (p. 375). Según este planteamiento, toda afirmación de uno mismo es al mismo tiempo una afirmación de todo el género humano (otra cosa es, pienso, la creencia egoísta o individualista que se ha de explicar desde lo psíquico y lo histórico). En el Yo tenemos distintos modos de ser que tienen que ver con la presencia de los otros en él (p. 376). Esta presencialidad de los otros es constitutiva del Yo, como explica a lo largo de varias páginas Ellacuría, y se opone a toda concepción solipsista, monádica o idealista del Yo.