sábado, 8 de enero de 2011

Crítica de Zubiri al idealismo hegeliano II


Continúa Zubiri su crítica del sistema hegeliano en sus fundamentos, es decir, del proceso en el que emergen y retornan las esencias a la realidad, en una interacción de razón y realidad que obedece a la inextricable unidad e identidad (procesual) de ambas. Todo este movimiento dialéctico arranca con la generación de una negatividad. O sea, la realidad y el ser están constitutivamente afectados por la negatividad. Es el carácter ontológicamente consistente, real, de la negatividad lo que no puede suscribir Zubiri, cuya concepción de lo real es afirmativa. Lo real no puede estar sujeto a una negación que propiamente le restaría realidad (p. 51). La negatividad es un momento conceptual por el que la inteligencia comprende que algo no es, pero no es un momento de la realidad física. La esencia en Hegel viene tras un momento de negación, que fuerza a la reflexión, al repliegue (antítesis) y al despliegue en fundamento (síntesis). En este proceso, a algo que ocurre a un nivel de captación conceptual se le atribuye realidad, como si afectara a las cosas, al mundo real “exterior” a la reflexión, porque en Hegel se da la identidad entre lo conceptual (razón) y la realidad. Es esta identificación la que, como dijimos en el post anterior, es contradicha por Zubiri. Sin embargo Hegel sumerge la realidad en la inteligencia, donde sí puede darse este movimiento dialéctico de generación de negatividades. Para Zubiri no puede atribuirse verdad a las cosas a partir del concepto (esencias en la razón, ideas) (p. 53).
También cuestiona Zubiri que la esencia sea un movimiento intransitivo, un dinamismo en sí por encima de los momentos que lo constituyen. Para Hegel, “La mismidad sería el ámbito constituido por un movimiento intransitivo. En otros términos, para Hegel la esencia no ‘es’ ya algo de antemano, sino que es algo que se ‘va haciendo’ en y por un movimiento intransitivo; mejor dicho, la esencia es el movimiento intransitivo mismo” (p. 56). Pero este devenir no es necesariamente temporal, sino que se trata de un movimiento racional, de la razón (p. 56). Por el contrario, para Zubiri “La esencia como supuesto del ser no es dinamismo intransitivo, sino estructura física” (p. 57). Es una estructura, como hemos visto, que no es supuesto de ser (como la esencia en Hegel), sino que es el “ser-supuesto”. “La esencia no es una forzosidad de ser; las cosas son de hecho como son y nada más. La esencia es forzosidad tan sólo para la intelección de las cosas” (p. 57). Una vez más, lo que aquí enfrenta a Zubiri con Hegel es la prioridad concedida a lo real, que en Hegel la tiene el Logos, por lo que el devenir hegeliano acaba estando cerrado. El sistema realista zubiriano no entiende que la inteligencia pueda “adelantarse” a la realidad y generar, controlar o predecir todos sus movimientos. Esto es así debido a la peculiaridad de la inteligencia que en Zubiri consiste en una aprehensión en la que lo real tiene la batuta. “Por la inteligencia, el hombre está en las cosas (incluyéndose a sí mismo entre ellas) como realidades; está forzado por ellas y, por tanto, en un devenir real además de lógico. En su virtud, nos vemos forzados por la realidad misma de las cosas a inclinarnos modesta y problemáticamente sobre ellas. Modestamente, esto es, con un esfuerzo de sumisión a ellas, por irracionales que nos parezcan; no es posible aprehender la esencia de nada por pura dialéctica conceptual. Problemáticamente, porque nunca podremos estar seguros de poder aprehender, ni de hecho ni en principio, la esencia de algo, y menos aún de aprehenderla íntegra y adecuadamente. Frente al conceptismo de Hegel es menester subrayar enérgicamente los fueros de lo real, sea o no adecuadamente concebible. Una cosa es, pues, los conceptos formales, otra la realidad” (p. 58).