En el primer capítulo de La hermenéutica del sujeto, de Michel Foucault, el brillante autor francés hace una muy sugerente lectura de la Antigüedad, que desarrollará después a lo largo del libro, en su doble aspecto griego-pagano y cristiano. De Sócrates, el estoicismo y el cinismo, así como del primitivo pensamiento cristiano, toma una idea de verdad como aquello para lo que el sujeto no está configurado, sino al contrario, aquello que hace que el sujeto procure una transformación que abarca al pensamiento y al ethos (comportamiento, práctica, ética). El sujeto se re-hace constantemente bajo la luz de aquello escogido como verdad y que funciona como una suerte de moral o elemento normativo. Así, la filosofía, con la notable excepción casi única en la Antigüedad de Aristóteles, se acompañó siempre de una forma de espiritualidad (Foucault emplea esta palabra en términos elogiosos) como actividad práctica y no meramente contemplativa o racional. Esto último fue lo propio del cambio moderno en la concepción de verdad y sujeto que representa muy bien Descartes. A partir de aquí, en la Modernidad, la búsqueda de la verdad será tan sólo una cuestión intelectual que se rige por normas formales en una pretensión de orden y claridad en el discurso, meramente expositiva y sistemática. El filósofo antiguo, en cambio, transforma su self en la búsqueda de la verdad, pues no hay elementos dados de manera permanente y estática en lo que llamamos sujeto para que éste pueda captar una supuesta verdad unívoca y sin fisuras. Por eso, el esfuerzo filosófico griego es un esfuerzo personal, tanto intelectual como ético.
A esta idea preciosa de Foucault yo añadiría en la línea de superación del aristotelismo y de la Modernidad meramente cartesiana que llamaría “decadencia ilustrada” (que en absoluto es toda la Ilustración, sino sus apéndices positivista o idealista) lo que mucho más tarde el filósofo Zubiri llamó “respectividad” de lo real y que se puede contraponer al substancialismo aristotélico. Esta respectividad zubiriana fue lograda y llevada a sus máximas consecuencias para campos como por ejemplo la política por el discípulo también vasco y teólogo Ignacio Ellacuría, en su Filosofía de la realidad histórica. Si somos capaces de superar tanto en la filosofía como en la teología el substancialismo, cosa que intuyó, me cuenta un amigo teólogo, el mismo Tomás de Aquino aunque acabase prevaleciendo contradictoriamente en sus textos un pensamiento substancialista para referirse al hombre y a Dios, llegamos a la prioridad levinasiana y presente en el pensamiento judío de lo ético pre-lógico respecto a lo lógico-metafísico-fundacional. Es decir, hay algo dado en la realidad humana y en la persona (mejor llamar al “hombre” así que “ser humano” o “sujeto” o menos aún “individuo”, como tiende a hacer el liberalismo) por lo que ésta está constitutivamente ligada a los otros que son condición de posibilidad de la persona. Esto lo he hablado recientemente con el profesor López Herrerías y un amigo y compañero filósofo y gran teólogo, en el marco del Congreso Internacional de Teoría de la Educación celebrado en Barcelona y que concluyó ayer sábado 22 de octubre. El profesor López Herrerías ha trabajado a fondo esta concepción que ha publicado en algunos libros y que aplica sabiamente a la educación. Los tres estábamos de acuerdo en la necesidad de superar una concepción estática o substancialista de la persona que subyace a planteamientos técnicos y racionalistas-instrumentales en la pedagogía. A la peligrosa a mi juicio concepción actual de “competencia” que se impone en el discurso pedagógico procedente de la racionalidad empresarial, habría que buscar un discurso o pedagogía que, en la línea estoica o griega no aristotélica, entendiera la persona no como el animalis rationalis aristotélico, o animal al que se añade la razón calculadora propia de un sujeto que planifica clarificando la realidad en la pretensión de iluminarla con una luz cegadora que ocultas las regiones de sí sombrías de la realidad. Así, la imposición de un orden cartesiano en el mundo por un hipotético sujeto omnisciente que tiene su evidente correspondencia en cierta teología no ayuda precisamente a conocer y a construir o re-hacer la humanidad. Esto último es un hecho, es decir, la humanidad se re-crea o re-constituye constantemente como algo dado. Es un movimiento o dynamis intrínseca a lo que llamamos humanidad o persona. Así, oponiendo al orden dado el filósofo obra como un agente del desorden creativo, con un nihilismo activo al estilo de Foucault. En la tradición política puede ser entendido así cierto anarquismo, aunque esta amplia corriente haya abarcada perspectivas un tanto positivistas y cartesianas (Ferrer, en la pedagogía española, por ejemplo, o el propio Bakunin). Así, es condición previa de posibilidad de la persona el ser deshecho por el otro, en la forma de rostro que se nos presenta y ante el que debemos responder, pues reclama nuestra responsabilidad (Levinas).
Estos movimientos filosóficos están de hecho en el 15 M, a veces faltando aún su verbalización o como nos pide el “orden” vigente (capitalista, rationalis, moderno degenerado, positivista), su sistematización (sabia denuncia que he leído en el profesor Luis Sáez que no es partidario creo de ceder a este chantaje del “sistema”). Así, he visto cómo apelando a una descripción empírica mediante la observación cartesianamente escrupulosa de la realidad, de tintes sociologicistas (reduccionistas, pues reduce lo personal a lo social) se ha querido por parte de algunos intelectuales en España destacar en el 15M sus incoherencias, su supuesta vaguedad (falso, pues hay demandas y una praxis muy clara y distinta, como señala acertadamente Luis Sáez), su desorganización o incluso, viendo como defecto lo que es justo su mayor virtud, su carácter reticular y des-centrado que lo posibilita tal vez para precisamente vencer al proteico y no menos fantasmal capitalismo.
No debemos ceder por tanto a visiones que aunque en apariencia recogen el pascaliano principio de la razón encarnada, son de espíritu estrechamente moderno, cartesiano y liberal. En la política se aplica la razón instrumental y calculadora que desintegra grupos enteros de lo social en una atomización de micro-poderes (momento que también existió en cierta época de Foucault y tendencia en Bourdieu, aunque en ambos hay también evidentes elementos para una lucha liberadora o revolucionaria que yo deseo destacar en ambos). Así, si nos quedamos con una microfísica del poder que hemos de describir a la Descartes con lupa y cuaderno de notas, puede operar lo peor del orden moderno que en términos políticos se llama capitalismo y liberalismo. Esta perspectiva groseramente moderna y cercana al positivismo nos hace una suerte de chantaje en la medida en que destaca y agiganta las fisuras en el 15 M para oponer la “claridad” del modo de pensar, analizar y funcionar (ethos) de los partidos políticos y la democracia representativa-bipartidista a la española. Es muy fácil aplicar un filtro sociologizante que señale incoherencias y el daño precisamente heredado en habitus e inercias corporales o sociales del mundo dañino al que se opone el 15 M. Como es lógico, en el 15 M no se parte de cero ni se refunda nada. El adanismo es una metáfora de algo que en el fondo nunca se da del todo. Así, uno porta en las asambleas sus miserias de origen social, grupal, educativo, etc. Pero esto no debe usarse para descalificar al 15 M y sus asambleas, sino para, por el contrario y al modo estoico, hacer visible el primer movimiento de la persona que nunca parte de ella sino que viene dado, entre otros ámbitos, como señala Ellacuría, por la dimensión social.
Quedarse en la dimensión social convierte a la persona, como hace el liberalismo, en “individuo” y volvemos por tanto al peligroso y muy capitalista discurso que atomiza y cosifica a las personas. Que el ser sea una dynamis no substancialista no implica una descalificación de la “persona”, como puede hacer cierta miopía sociologicista. Esta sociología sigue el juego al capitalismo y a los partidos políticos actuales impregnados por un orden de dominación por parte de una clase que abusa de los muchos débiles. Tal vez el republicanismo de Pettit y Zapatero tiene que ver también con esta visión miope que sutilmente destruye a la persona sustituyéndola, como hacer el liberalismo, por un individuo que establece a partir de su singularidad o individualidad redes sociales, como segundo momento. Esto es falso, porque no responde, creo a una realidad que podemos oler y palpar, incluso en la materia (Einstein, me señalaba el profesor López Herrerías en Barcelona). Hay una relacionalidad previa y constitutiva que precisamente aflora cuando tratamos en las asambleas de visibilizar el orden que la bloquea. Así, este esfuerzo ético que también es político apunta a lo que a mi juicio es el 15 M. Bauman en unas recientes declaraciones parece no haberlo captado tampoco. En el 15 M retorna una vieja sabiduría griega no en un sentido aristotélico-moderno, sino relacional que consiste en la concepción del sujeto como persona que se re-crea y transforma a sí misma en función de lo normativo-racional-veritativo que la ilumina. Esta verdad que ilumina, en un sentido vertical, como si fuera un faro que ayuda a ser horizontales (el horizonte de la horizontalidad) es lo que en posts anteriores he llamado “no-lugares” o vacíos cuya expresión encarnada son los 500.000 desahuciados en España por bancos y PSOE. Así, cabe responder tanto a la sociología más estrecha de miras como al señor Bauman que sean valerosamente filósofos no anteponiendo la verticalidad de un orden que es el verdadero desorden (capitalismo) a la verticalidad del desorden que es el verdadero orden que el 15 M ha escogido (las víctimas). El poder político actual, en todas sus formas que parten de la dominación capitalista, incluso en la versión falsamente socialdemócrata del PSOE, es lo que aplicado a la verdad y a la mirada nos restringe el campo y en la falsa pretensión de iluminar y clarificar ordenadamente la realidad, la destruye y mineraliza. Se da en esta sociología una evidente reducción liberal de nuestro carácter personal y de lo humano a “individuo” que tiende sus redes en un desarrollo de lo relacional-político como algo posterior al individuo. Pero esto puede responder, insisto, a un sesgo verticalizante en su peor sentido sito en la mirada del crítico que he llamado en un post anterior “destructivo” y no “constructivo” del 15 M. En la epistemología hay siempre, nos recordaba la Teoría Crítica, política, y a veces no es la mejor política.
Quedarse en la dimensión social convierte a la persona, como hace el liberalismo, en “individuo” y volvemos por tanto al peligroso y muy capitalista discurso que atomiza y cosifica a las personas. Que el ser sea una dynamis no substancialista no implica una descalificación de la “persona”, como puede hacer cierta miopía sociologicista. Esta sociología sigue el juego al capitalismo y a los partidos políticos actuales impregnados por un orden de dominación por parte de una clase que abusa de los muchos débiles. Tal vez el republicanismo de Pettit y Zapatero tiene que ver también con esta visión miope que sutilmente destruye a la persona sustituyéndola, como hacer el liberalismo, por un individuo que establece a partir de su singularidad o individualidad redes sociales, como segundo momento. Esto es falso, porque no responde, creo a una realidad que podemos oler y palpar, incluso en la materia (Einstein, me señalaba el profesor López Herrerías en Barcelona). Hay una relacionalidad previa y constitutiva que precisamente aflora cuando tratamos en las asambleas de visibilizar el orden que la bloquea. Así, este esfuerzo ético que también es político apunta a lo que a mi juicio es el 15 M. Bauman en unas recientes declaraciones parece no haberlo captado tampoco. En el 15 M retorna una vieja sabiduría griega no en un sentido aristotélico-moderno, sino relacional que consiste en la concepción del sujeto como persona que se re-crea y transforma a sí misma en función de lo normativo-racional-veritativo que la ilumina. Esta verdad que ilumina, en un sentido vertical, como si fuera un faro que ayuda a ser horizontales (el horizonte de la horizontalidad) es lo que en posts anteriores he llamado “no-lugares” o vacíos cuya expresión encarnada son los 500.000 desahuciados en España por bancos y PSOE. Así, cabe responder tanto a la sociología más estrecha de miras como al señor Bauman que sean valerosamente filósofos no anteponiendo la verticalidad de un orden que es el verdadero desorden (capitalismo) a la verticalidad del desorden que es el verdadero orden que el 15 M ha escogido (las víctimas). El poder político actual, en todas sus formas que parten de la dominación capitalista, incluso en la versión falsamente socialdemócrata del PSOE, es lo que aplicado a la verdad y a la mirada nos restringe el campo y en la falsa pretensión de iluminar y clarificar ordenadamente la realidad, la destruye y mineraliza. Se da en esta sociología una evidente reducción liberal de nuestro carácter personal y de lo humano a “individuo” que tiende sus redes en un desarrollo de lo relacional-político como algo posterior al individuo. Pero esto puede responder, insisto, a un sesgo verticalizante en su peor sentido sito en la mirada del crítico que he llamado en un post anterior “destructivo” y no “constructivo” del 15 M. En la epistemología hay siempre, nos recordaba la Teoría Crítica, política, y a veces no es la mejor política.

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