sábado, 26 de noviembre de 2011

Filosofía del 15 M (XI): Adorno, teoría y sociedad.

Adorno desarrolla su pensamiento según el modelo de la composición musical en Schönberg, lo que implica un pensar que no se reduce a categoría, a un orden (armonía) clásico, sino que será como componer un tejido. No es ya pensar al modo de tesis o posiciones que han de argumentarse mediante la deducción o la inducción, sino se trata de pensar sin absolutos y sin fundamentos. Y esto no para que se absoluticen sus objetos como si acabaran redondos y flotantes sobre el vacío, sino para lo contrario, para que se aten a lo que no son, de lo que, paradójicamente, se escinden, contra toda ilusión de autarquía. Este singular tejido es aquél por el que lo social se conecta con lo subjetivo o individual, en palabras de Adorno, pero no de una manera lineal o causal, sino como imbricaciones, como siendo materia lo uno de lo otro.

Así, frente a una idea de lo social como cuerpo independiente que obra sobre un individuo pasivo, lo que se da en la sociología de Adorno, es un nada mensurable, o sea, un cualitativo estar lo uno en lo otro y expresarse lo uno en lo otro. Porque somos, según Adorno, constitutivamente sociales, de un modo que obliga a que el sociólogo haya de trabajar con técnicas cualitativas o recogiendo datos que deben ordenarse en constelaciones para expresar la verdad social del todo. Mediante entrevistas a extremos de personalidades autoritarias o, por el contrario, no autoritarias, extremos que se han obtenido por técnicas cuantitativas de medición, Adorno interpreta lo que dichos extremos dicen y hacen con la palabra, los gestos y los cuerpos durante las entrevistas que llevó a cabo. Así, Adorno va definiendo, en el famoso estudio sociológico colectivo La personalidad autoritaria, lo propio del carácter autoritario y, de paso, manifestando la interconexión del todo (la sociedad burguesa) con la parte (el sujeto).

Adorno vio elementos autoritarios en la sociedad burguesa que tenemos y siempre advirtió del peligro de una reactivación del fascismo o el totalitarismo. Esto mismo fue un común denominador en la primera generación de la Escuela de Frankfurt que, junto a Benjamin, han sido una suerte de avisadores del fuego que viene. Otro autor que todos deberíamos releer muy a fondo en estos tiempos y que ayudaría enormemente a una consolidación teórica en el 15 M es Marcuse, como hoy me comentaba un alumno del Máster en Filosofía Contemporánea de la Universidad de Granada donde imparto docencia. Se trata de la necesidad de retomar una formación y una teoría que han sido arrancadas a una generación de jóvenes que ahora piden saber lo que se les impidió saber (el Plan Bolonia y Estrategia 2015 en la universidad española es la consagración de esta obligada e impuesta ignorancia que marcará a generaciones enteras en España).

Como contribución al movimiento 15 M es muy necesario emprender un trabajo teórico serio. La teoría, en la perspectiva de Adorno, es necesaria, vital, para distanciarse del todo, dialécticamente, en el sentido de la dialéctica negativa, y mediante su continua impugnación hacer que dicho todo se muestre en su naturaleza fuertemente totalitaria. Así, nuestros jóvenes, sus cuerpos, su sufrimiento, saben que vivimos en un universo ferozmente totalitario. Pero esto hay, y que me perdone Adorno por emplear esta palabra, que articularlo, aunque sea al estilo impugnador y negativista del filósofo frankfurtiano alemán. Debemos hacer el esfuerzo teórico de sacar a la luz, con crudeza, lo totalitario de nuestras pseudodemocracias. En nuestro mundo pensar dialécticamente es necesario para su captación, ya que es esencialmente dialéctico, en la medida en que lo que afirma, lo niega realmente; y lo que niega, es brutalmente afirmado en la realidad de los hechos. Hay una tendencia al desdoblamiento y a la mentira, que al hilo de Foucault describimos como vicio retórico, como falsa palabra contraria a la parrehsía. No podemos detener la mirada, si queremos captar la verdad social, en la superficie de los hechos, al modo positivista de las causalidades lineales o los tejidos superficiales, de dos dimensiones. “Entregarse al objeto es tanto como hacer justicia a los momentos cualitativos de éste. La objetivación científica, de acuerdo con la tendencia a la cuantificación de toda la ciencia desde Descartes, propende a eliminar las cualidades, a transformarlas en determinaciones mensurables. En medida creciente, la racionalidad misma es asimilada more mathematico a la facultad de la cuantificación” (Dialéctica negativa, p. 50). Frente a ello, hay que bucear, al modo psicoanalítico, en la dimensión profunda de lo real donde nada es lo que se dice que es. Como señalé hace días y estando sancionado por Adorno, es preciso asumir un pensar oblicuo que extraiga fragmentos de la realidad social y los escrute como se mira a una estatua, por todos los lados, alrededor de ella, atenazándola dialécticamente. Tal vez sea el modo en que hoy día la lechuza de Minerva podría, una vez más, sobrevolar la realidad.

Hay que eludir el relativismo disfrazado de empirismo que, por ejemplo, describe datos y pulveriza la realidad para no dejar más que el vacío. Este relativismo extrae de ello, del vacío que su modo de operar produce, la tendenciosa conclusión de que el 15 M no vale como impugnación de nuestra falsa democracia. Señala las cicatrices que la sociedad deja en todos nosotros para a partir de ello invalidarnos como sujetos críticos. Debemos recelar de estas lecturas de la realidad social que nos culpabilizan de aquello que tratamos de impugnar, porque dicen que reside en nosotros, ya que lo social, vive encarnado en los sujetos. El sociólogo auténticamente crítico debería ayudar a visualizar nuestra materia social, la sociedad encarnada que ciertamente está en todos nosotros con sus miserias, pero con el fin de, en un estoico segundo movimiento, impugnarla. Este movimiento sería dialéctico, pues iría, como señaló el último Foucault, contra corriente o a contrapelo. Así es como piensa Adorno y como hace sociología Adorno.

Según Adorno el relativismo se da por una recaída en un subjetivismo que, contra lo que pueda expresar el sociólogo, no rinde cuentas a la materialidad del sujeto y a lo objetivo. Al contrario, suele darse un pensamiento formalista, cuando se intenta escapar del relativismo, que es un modo de racionalismo parejo al pensamiento cuantificador. Muchos defensores de lo empírico participan de esta suerte de aberración de la modernidad. Esa materialidad de lo cualitativo del objeto que se capta dialécticamente, según Adorno, mediante impugnaciones negativas, desaparece a la mirada de esta suerte de científico (sociólogo) empirista. Hay una evidente reducción de la realidad en esta sociología acorde con un modelo de sociedad al que sirve pero al que procura no ver. Su esfuerzo parece ser justo la invisibilización del entramado ideológico y del orden que nos constituye, a los cuales refuerza en lugar de señalar al rey desnudo como haría una sociología crítica. Es como si la sociología empleara el recurso ad hominem para detener la mirada en un sujeto que manifiesta, como es lógico, estar compuesto de aquello que critica. Es lo que pasa con el 15 M. El sociólogo-ideólogo del orden halla dicho orden en el 15 M y encima se lo echa en cara para acabar justificando el orden de lo dado. Adorno sería despiadado con esto. Lo acusaría con razón de ostentar una miopía sociológica que acepta y sanciona lo establecido. Sería más o menos como la diferencia entre un nihilismo reactivo y un nihilismo activo (el de Adorno) en la sociología. Esta sociología tan atomizadora como sancionadora de lo dado puede darse, y así suele ser, con ideas políticas de tipo liberal, o sea, una especie de filosofía política formalista, que busca un trascendental en la política y exilia lo cualitativo a lo privado, mediante un ostracismo por el que aquello que podría impugnar el orden formal es expulsado de la política para que reine lo cuantitativo, lo burdamente concreto (que no es lo concreto que analiza Adorno, sino una vacua imagen irreal de lo real-irreal, o sea, una vaga abstracción).

Se reduce la política a lo micro, haciendo que, por ejemplo el 15 M, olvide los aspectos macro de la política. Se promueve lo local para que la mirada no acuda a lo que explica verdaderamente lo local. Lo local expresa a lo macro, pero para ello hay que saber ver lo macro en lo local. Es lo que en el PSOE se hace cuando se prima la dominación de género frente a la dominación capitalista. Así, el feminismo del PSOE, es un feminismo licuado, débil, contra el feminismo que me consta defienden valerosamente mujeres y hombres que saben que la realidad no es el género por un lado y lo capitalista por otro. Esta deformación de la mirada es una tendencia fortísima en el PSOE que a mi juicio obedece a la intención de desviar la mirada y el pensamiento de donde podrían saltar chispas. El 15 M ha sabido mirar a donde saltan las chispas, pero ahora debe entender por qué mira a donde mira. Adorno (y Marcuse) podrían ayudarnos a ello.

Adorno sabe que la verdad social se expresa en lo cualitativo que porta el individuo, que no se capta con una mera recolección de datos o descripción de la apariencia, descripción que nunca pasa del nivel cuantitativo. Así, una sociología crítica debe aspirar a combinar métodos de análisis cuantitativos con la hermenéutica que bucea en lo cualitativo tal como asoma la cabeza en las entrevistas en profundidad o incluso en los textos, mediante el análisis de contenido. Es a esos niveles a donde el sociólogo debe llegar para saber de qué habla. Otra cosa sólo sirve al encubrimiento y a la dominación. Y en la filosofía, se trata de un pensamiento desgarrado, que opera desgarrando dialécticamente para que lo contradictorio de una sociedad antagónica salga a la luz. La dominación es el núcleo que ha herido de tal forma a la sociedad y a los sujetos (Minima Moralia tiene por subtítulo “Reflexiones desde la vida dañada”).

Debido a la intención de captar lo que escapa al método, obviamente, no hay en Adorno un método a priori, sino que en la escucha de lo cualitativo-concreto-desgajado del todo es como el sujeto va acoplando tensamente objeto y concepto, objeto y pensamiento. No se trata la dialéctica negativa de un pensar metódico, sino que se trata de romper el fetichismo del concepto y del método, destacando la falsedad de que algo conceptual pueda captar la cosa. Hay un violentar la ciencia contra el cientificismo. Nada es claro ni limpio. Por ejemplo, como diabólica paradoja y yéndonos a otro extremo opuesto al objetivismo positivista, tenemos que el sujeto libre de la libertad absoluta, en Sartre, se ha creado gracias a las cadenas que intenta romper, según Adorno. Su forma de ser y de libertad obedecen a la dominación contra la que intenta oponerse. “El sujeto absoluto no consigue librarse de sus ataduras: las cadenas que quería romper, las del dominio, son una misma cosa con el principio de la subjetividad absoluta” (Dialéctica negativa, p. 57).