viernes, 9 de diciembre de 2011

Filosofía del 15M (XII): Internet, ontología y Freire

La educación tal como la practicaba Paulo Freire se contrapone a una educación que en conexión con un cierto tipo de pedagogía actúa de un modo nivelador. Esta pedagogía niveladora es la que se encarna en los actuales sistemas educativos y que corresponde a antropologías e incluso ontologías cosistas. Lukács desde su concepción hegeliano marxista u otra perspectiva que se elaboró tal vez como respuesta a Lukács, la de Heidegger (leyendo Ser y tiempo he creído hallar varias alusiones críticas a Lukács), nos sitúan en el intento de pensar por debajo de donde se suele pensar, lo que implica un salirse fuera del modo en que usualmente se piensa. Este modo usual es el modo burgués que Lukács expone largamente en su obra Historia y conciencia de clase, vinculándolo, en un estilo muy obviamente diferente al de Heidegger, con la historia entendida al modo hegeliano y marxista. Para Heidegger es desde lo óntico que podemos acceder a lo ontológico, en lo cual ambos autores estarían de acuerdo, aunque Heidegger acusaría a Lukács de permanecer atado a una especie de cierre de lo óntico, de apuntar a lo ontológico pero sin abandonar el ámbito de lo óntico en la medida en que hay un modo óntico de ser que está configurando y determinando lo que Lukács piensa (lo curioso es que Lukács acusaría a Heidegger precisamente también de esto).

Heidegger pretende ir más abajo de la posición del marxista (a lo ontológico), pero cabe preguntarse si, siguiendo la contundente crítica de Adorno al filósofo del Ser, esto es posible; si en realidad, la ubicación del pensar heideggeriano es necesariamente histórica y social en el sentido de emerger a partir de unos contenidos y de una materia histórica que previamente determinan a la conciencia. Las correcciones posteriores que se dieron, dentro de la tradición fenomenológico-heideggeriana al propio Heidegger apuntan a una co-implicación de lo material y lo basal ontológico, de manera que en la facticidad en que se halla el Dasein y su comprensión del Ser incluyen un trato con el mundo que, incluso en el modo de la técnica, puede reconfigurar el nivel más previo-ontológico y cambiar la mirada. La historicidad del Dasein debe concretarse frente a la visión heideggeriana, pues la historicidad se realiza materialmente lo cual implica que hay un baile de límites así como de posibilidades que van orientando la mirada ontologizante.

En cualquier caso, es evidente que toda pedagogía no opera en el vacío con leyes propias sino que establece vínculos con antropologías y con ontologías. Dentro de lo que llamaríamos una ontología materialista, tal como la he creído distinguir en Ellacuría, cabe la posibilidad de un encuentro del hombre con el hombre mismo a través de la mediación de la técnica (a esto se refiere Ellacuría expresamente en varios pasajes). Ésta puede configurar lo humano y así ha sido desde siempre, desde el Paleolítico. Ellacuría lo deja bien claro en varios escritos. Hay un encuentro técnico con lo humano que no implica necesariamente una caída o nivelación de lo singular, aunque a veces en efecto sí ocurra. La técnica produce objetos y constituye un cuerpo objetivo que puede, a su vez, rehacer lo humano o mejor dicho, desde el cual y a través del cual el hombre se rehace a sí mismo. Así, la pedagogía, que tiene mucho de ciencia y de técnica, no se limitaría por fuerza a desarrollar un reflejo en la conciencia contemplativa del hombre objetivado, sino que dialogaría con aquello que la produce, que coincide con lo que estudia o mira. La pedagogía en el sentido más contemplativo es un producto del modo cartesiano de conocimiento al que como única objeción diríamos que se pervierte en el momento en que se constituye en única vía de conocimiento que descarta y excluye a otras posibles vías.

Así, una vía más hermenéutica o comprensiva, asociada tradicionalmente a las llamadas ciencias humanas (Dilthey) es rechazada por la pedagogía actual que emana del Plan Bolonia en la universidad española. Yo, a lo largo de este blog que ya tiene más de cuatro años, en la evolución intelectual que evidencia, he buscado lo que podría llamarse, como sugiere Susan Buck-Morrs en su excelente libro sobre Adorno y como algún reciente investigador español también hace, una “hermenéutica dialéctica”. Así, actualmente leo con frenesí a Adorno, buceando en sus sugerentes textos para perfilar bien este método que en el caso de Adorno no deberíamos llamar “método”, pues lo que sea, se va haciendo en el trato con la cosa, con el objeto, por lo que es siempre relativo y nunca apriorístico. Dicho de modo general, podemos arriesgarnos a decir, como en algún post anterior he dicho, que se trata de captar un aura de lo objetual que deja de ser objeto de mirada contemplativa-cartesiana para ser objeto en el que se sumerge el sujeto para que ambos entrelacen sus profundidades que son siempre históricas y materiales. El aura de las cosas sería, como afirma Adorno, su profundidad sociológica y económica. Es donde hay que bucear para captar lo humano. Lo humano como algo que se rehace constantemente, como también señalara el Heidegger de Ser y tiempo en relación con el Dasein, su proyección y comprensión que rescatan posibilidades de su facticidad, introduciendo un elemento de no-ser que sin embargo es en su existencia mundana.

Todo esto que he recordado es para que ubiquemos a la pedagogía como actitud, en su engarzamiento ontológico, bien sea con matices más materialistas lukácsiano-adornianos o más heideggerianos en lo que se refiere a lo ontológico. Entender la pedagogía como ciencia del sistema educativo y, encima, como saber exclusivamente empírico descriptivo que fácilmente pasa  a lo prescriptivo desde lo dado (Plan Bolonia, Estrategia 2015) es una reducción de las posibilidades (utópicas) de lo humano. Hay una ciencia que nivela, homogeneiza y nubla el horizonte, que se confunde hoy con la pedagogía. Es, salvando las distancias epocales, como la vieja paideia antigua que velaba lo que las filosofías pedagógicas helenísticas intentaban desvelar, que son los horizontes o posibilidades que alberga la realidad. Lo que ahora se llama pedagogía en gran parte contribuye a una consagración acrítica de lo dado, a una obstaculización de lo especulativo-liberador, en una cortedad neoliberal de miras que no quiere saber ya ni siquiera quiénes somos, pues ha frenado toda búsqueda en un final fukuyamístico de la historia, en un cierre fatal. Falta el coraje de la parrehsía griega, de la palabra honesta en las asambleas, y nos cubre la falsa palabra cuyo interés es la nivelación de nivelaciones que obra el dinero. Hay una conexión que une dinero, pedagogía niveladora y actual sistema educativo. Se ciegan los pozos y se sitúa lo humano en una horizontalidad que en la ciencia corresponde con la mirada cartesiana-contemplativa que reduce el mundo a cosas planas, a superficies y representaciones.

Paulo Freire nos ofrece otra pedagogía que en cierto informe de una agencia evaluadora he visto que se tacha de no relevante (porque no produce patentes y beneficios económicos a los bancos, supongo). Es una pedagogía que entronca con esa profundidad en la que se juega lo humano y en la que hay posibilidades de todo tipo aunque conformadas por la realidad existente, por la materia histórica. Por ejemplo, a la visión de la técnica como agente de nivelación, que relacionamos con la pedagogía contemplativa que estamos cuestionando, habría un trato con el mundo, colectivo y a la vez individual, un trato social, económico, creativo-artístico, epistemológico, que podría echar mano de la técnica para “profundizar” en las raíces ontológicas (no fundamentos o causas, sino tejido, por usar una metáfora procedente de Adorno) de lo que llamamos “lo humano”. Esta profundidad, esta concepción del hombre como horizontalidad a la que sin embargo cruzan hondas o elevadas verticalidades, es lo que en este blog suelo llamar “persona”. Insisto, como siempre, en el carácter material de esta verticalidad y de los medios y modos de inmersión en ella. Se trata de insistir, más de lo que creo que lo hizo Heidegger, en el carácter mundano del hombre, sin sublimaciones o entendiendo las sublimaciones como sublimaciones que emanan de lo material. Aquí podría ser muy interesante la comparación de Zubiri con Heidegger, pues creo que el primero, y más aún su discípulo Ellacuría, afinan bien en este matiz que supera, a mi juicio, la, por otro lado bellísima, perspectiva heideggeriana en la que yo huelo un cierto gnosticismo (en torno a la diferencia ontológica entre Ser y ente).

El trato más “humano” con la técnica sería aquél en que ésta abre posibilidades y horizontes en lugar de cegar. Sería una didáctica, por ejemplo, que huyendo de lo contemplativo, sacara a la luz lo profundo para jugar con ello. Es lo que hace Freire mediante su método alfabetizador, frente a lo que él llamó “educación bancaria”. Llamarlo método quizás sea un contrasentido pues en realidad la alfabetización cambia siempre en función de las personas implicadas, educadores y educandos. Sería una suerte de ámbito que se ofrece para que se expresen los contenidos (históricos, sociales, económicos) de las personas, en su carácter individual y grupal. Aquí tanto la didáctica como la pedagogía dialógicas que Freire llama “liberadoras” son capaces de sacar lo que suele estar en tinieblas por culpa de esas paideias contemplativas incapaces de parir los horizontes de posibilidades. En este sacar a luz no hay, desde luego una iluminación total de la realidad, pues hay aspectos oscuros que siguen, y deben seguir, en la oscuridad. La ilusión de total iluminación forma parte de la Paideia bancaria nihilizante que estamos denunciando. Justo cuando el mundo parece llenarse es cuando más vacío está.

Quizás dé una pista el modo psicoanalítico de comprender al sujeto, pues en la educación y en la pedagogía, coinciden sujeto y objeto. Se trata de un abordaje costoso (lo decía Freire), lento, doloroso pero lleno de una cierta luz diferente a la luz que ciega de la Paideia convencional. Como practicaban los antiguos estoicos, se trata de entender la educación como un segundo movimiento que juega a partir de lo que en un primer movimiento nos ha sido dado. No somos dueños de este primer movimiento pero podemos concientizarnos, lo que consiste en que surgen frente a nuestra mirada las posibilidades que yacían semiocultas en nuestro suelo constitutivo, en la materia que somos. Los estoicos eran, a pesar de las apariencias, fuertemente materialistas. Y también Freire. Porque todo bucear en lo humano y toda pretensión de eliminar corsés para que lo humano elija su curso se hace en el mundo. Habría desde luego una ciencia y una técnica que contribuyen a esto. He mencionado, por ejemplo, al psicoanálisis, pero también una hermenéutica que aborde lo humano dialécticamente, al estilo de Lukács o Adorno, pueden probarse. El psicoanálisis, de todos modos, tiene también mucho de abordaje dialéctico, oblicuo, de comprensión a la vez inmersiva y objetivante, como sabemos. En Freire esto es la concientización, que requiere del propio esfuerzo y de los otros, de un diálogo que obra reconfigurando a los sujetos que lo desarrollan.

La de Paulo Freire es una pedagogía bien diferente, creo que está claro, de la que propugna el Plan Bolonia en la universidad española (porque el Plan Bolonia es sobre todo y ante todo una pedagogía, contra lo que parece y se dice). En Freire no se trata de nivelar sino de explorar creativa y valientemente, desde lo que es pero visualizando el no-ser que también es y que Bloch pero también Heidegger llamaron “posibilidades” o “lo posible”. Frente a la detención del movimiento de la falsa Paideia (escrita con mayúscula frente a la humilde paideia freireana escrita con minúscula), en la educación liberadora lo humano vuelve a fluir como realidad dinámica y conscientemente profunda. Dejo por ahora la discusión a la que ya Lukács y todo el marxismo nos remite de la capacidad de la educación para cambiar estructuras en la economía. Sí está claro que, lo hemos visto con el 15 M, hay posibilidades en la tecnología (Internet) que para bien y para mal re-dibujan lo humano, con la que el sujeto se redibuja (¡y yo sé bien de esto!), que determinan y limitan pero que también han abierto nuevos modos de ser, por lo que contribuyen a la comprensión (o interpretación) desde la cual el hombre se posiciona en el mundo. Si Internet contribuye a la nivelación, igual que ciertas tecnologías didácticas como el Power point, vamos mal. Si Internet supone un nuevo desafío para la reconstrucción de lo humano, vamos bien. Es esta segunda posibilidad la que ha encarnado el 15 M, que ha nacido en Internet.

1 comentario:

Rodolfo Plata dijo...

JAQUE MATE A LA DOCTRINA JUDAIZANTE DE LA IGLESIA. La importancia de la crítica a la cristología de san Pablo, radica en que nos aporta los elementos de juicio necesarios para visualizar nítidamente __la omisión capital que cometió Pablo en sus epístolas al mutilar la naturaleza humana de Cristo. Desechando la prueba viviente en Cristo hombre que nos confirma que es posible alcanzar la trascendencia humana practicando las virtudes opuestas a nuestros defectos hasta adquirir el perfil de humanidad perfecta, patente en Cristo (cero defectos). Doctrina sustentada por filósofos y místicos __y la urgente necesidad de formular un cristianismo laico enmarcado en la doctrina y la teoría de la trascendencia humana, a fin de afrontar con éxito los retos y amenazas del ateismo, el islamismo, el judaísmo, el nihilismo, la nueva Era y la modernidad. http://es.scribd.com/doc/73946749/Jaque-Mate-a-La-Doctrina-Judaizante-de-La-Iglesia