jueves, 28 de abril de 2011

Democracia Real Ya: "No somos mercancía en manos de políticos y banqueros"

De la Web del movimiento Democracia Real Ya  copiamos la presentación del mismo y la convocatoria que hacen para celebrar manifestaciones pacíficas el 15 de mayo en distintas ciudades del Estado:

"Nosotros los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes… queremos un cambio y un futuro digno. Estamos hartos de reformas antisociales, de que nos dejen en el paro, de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo.
Mediante esta plataforma, queremos ayudar a coordinar una acción global y común entre todas aquellas asociaciones, grupos y movimientos ciudadanos que, a través de distintas vías, están intentando contribuir a que la actual situación cambie.
Convocamos a todos, en calidad de ciudadanos, a salir a la calle el día 15 de Mayo, a las 18 horas, bajo el lema “Democracia Real YA. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Te animamos a que te unas de forma pacífica y sin símbolos políticos excluyentes para hacer que se escuche una sola voz.
Puedes enviar un mail a contacto@democraciarealya.es para adherir a la convocatoria tu grupo, asociación, blog o plataforma, o para colaborar en la difusión y organización en tu ciudad de la protesta.
Asimismo, te invitamos a que suscribas con tu firma nuestro manifiesto.
En pie de paz y de justicia social. Unid@s, podemos."

Enlaces con información y para lacoordinación de las distintas manifestaciones:

Evento general en Facebook
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Canal de Youtube
Foro
Grupo de Facebook en Granada

domingo, 10 de abril de 2011

El rey desnudo, de Luis de Sebastián


He terminado de leer El rey desnudo. Cuatro verdades sobre el mercado, del economista de ESADE recientemente fallecido Luis de Sebastián. Conocí personalmente al autor en la UCA de El Salvador, teniendo la suerte de asistir a una conversación en la que él se animó a relatar numerosos acontecimientos de los que fue privilegiado testigo durante la guerra civil en El Salvador. Él escribió un poema a sus compañeros que se encuentra grabado en mármol junto a las tumbas de los jesuitas asesinados en 1989 por el ejército salvadoreño. Sin él saberlo protagonizó para mí uno de esos inolvidables momentos de sabiduría con los que El Salvador regala a quien lo visita con oído atento y mirada amplia. Deduzco que en su trayectoria intelectual y vital pasó, como es lógico, por distintas etapas y el libro que he leído representa acaso su última opinión. Se trata de un libro de teoría económica que analiza críticamente la idea del mercado en el capitalismo, intentando corregir algunos aspectos de su tratamiento neoliberal, sin que por ello abandone plenamente la necesidad de que haya un mercado libre en el que la gente y las empresas privadas vendan y compren. En el libro, de hecho, no aboga en absoluto por un modelo de economía totalmente planificada como lo fue en los antiguos países del Este. Él encuentra virtudes en el mercado que no pueden rechazarse sin más. En el mercado, entre otras cosas, se sondea los gustos e intereses de la sociedad a los cuales se ajustan las empresas que venden mejor que cuando se trata del aparato burocrático de una economía planificada. Asimismo, no admite una vuelta a formas de estado y economía que inhiban la libertad y la diversidad de gustos en la ciudadanía. Por eso, hay que mantener alguna forma de mercado libre y privado. Pero a diferencia de la sacralización irracional del mercado que llevan a cabo los economistas clásicos o neoliberales actuales, hay que reconocer que el mercado por sí mismo no se autorregula ni garantiza unos mínimos para que todos los ciudadanos tengan una vida digna. Si se trata, como demuestra en un capítulo dedicado a la pobreza dentro de Estados Unidos, de que no se ostentan puntos de partida iguales y que hay que considerar que quien entra a competir en el mercado porta una herencia que lo sitúa en inferioridad o superioridad de condiciones, es labor de organismos independientes (no necesariamente estatales, pero sí externos al mercado) el compensar y evitar con el control y la normativa legal que se produzcan excesos que devengan en pobreza para muchos, como de hecho actualmente ocurre en el mundo. Así, De Sebastián explica una serie de medidas de las que recuerdo, entre otras, la presencia de empresas públicas, de subvenciones a quien más lo necesite (frente al salvajismo neoliberal darvinista de no dar a quien lo necesite para que no se acostumbre a recibir ayudas que se basa a su vez en la mentira de que quien es pobre lo es por su exclusiva culpa y por su fracaso como perdedor en la lucha entre supuestos iguales de todos contra todos). Hay productos que deben quedar fuera del mercado: medicinas, alimentos básicos y educación. Se ha demostrado, en el caso de las medicinas, por ejemplo, que el mercado no garantiza la racionalidad y la equidad, sino que produce grandes aberraciones (se dejan de fabricar productos por no ser comerciales, se fabrican productos inservibles, los monopolios a los que tiende el mercado desregulado fijan precios excesivos, etc.). Porque el mercado al que mueve exclusivamente el afán de lucro no garantiza suficientemente que todos se beneficien de estos servicios básicos cuya necesidad además es consagrada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En este sentido cita Luis de Sebastián un texto publicado en el Financial Times a propósito del incidente de las vacas locas: “en la medida en que el estado deje de ser productor de bienes y servicios tiene que aumentar sus funciones como regulador de los mercados” (p. 95). Este es el modo en que el mercado puede ser “civilizatorio” en lugar de desintegrador de la sociedad. Claro está que un economista o pensador neoliberal suele cuestionar la intervención estatal alegando que existe corrupción en los poderes públicos. Esto es cierto, por lo que a lo largo de la lectura de este libro, he visto la necesidad de reforzar un comportamiento moral en las autoridades. No basta el mero respeto a la ley (cosa que sí suelen aceptar y propugnar los neoliberales, en la medida que la ley regula la compra-venta y los contratos garantizando su cumplimiento). De hecho (en esto creo que Marx acertó) la evolución en el mercado desregulado es paradójicamente a eliminar la competencia y crear monopolios que acaban ejerciendo en su ámbito económico una suerte de economía planificada privada (gobernada por una entidad privada) que acaba imponiendo, por ejemplo, sus precios sin la compensación de la competencia con iguales. Esto es evidentemente peligroso y la regulación de entidades exteriores al mercado debe hacerse para evitarlo. Curiosamente, el dogma del modelo teórico del mercado en el que compiten iguales es contradicho por la realidad empírica cuando se aplica el dogma neoliberal de la desregulación total del mercado por entidades externas. Pero dicho control externo de la sociedad civil o del Estado debe garantizar suficientemente, asimismo, que no haya corrupción entre los árbitros. Yo no acabo de ver bien cómo se puede garantizar esto en un sistema de organización en las instituciones públicas y organizaciones de la sociedad que funcione con una democracia representativa. Es decir, habría, y en esto no entra Luis de Sebastián, que propugnar o inventar modos organizativos auténticamente democráticos en los que el que ejerce el poder y detenta la información pueda ser eficazmente controlado y depuesto en cualquier momento, teniendo además que rendir exhaustivamente cuentas a los demás. Tal como se plantea la organización democrática, incluyendo el Estado en los países “libres”, esto, a mi juicio, no se garantiza lo suficiente, salvo en países que sí se han atrevido a hacerlo ejemplarmente, como es el silenciado por la televisión caso reciente de Islandia. Aquí es donde un modelo de organización cooperativista podría sugerirnos el modo de evitar los abusos que puedan darse en las instituciones públicas (cooperativas de Mondragón, antigua Yugoslavia, anarcosindicalismo, MST en Brasil, comunidades cristianas de base, etc.). En general, las actuales democracias tienen elementos que pueden ser usados, como todos sabemos de sobra, por personas sin escrúpulo que ejercen sus tiranías de pactos, lobbies, intereses particulares, repartos de pastel, etc. Aunque de Sebastián no entra en detallar esto, sí defiende que su propósito es hacer un modelo económico teórico probado parcialmente por numerosos datos empíricos cuando se ha llevado a cabo, que sirva de alternativa a otro modelo, el neoliberal, cuyos efectos perniciosos son señalados también por numerosísimos datos empíricos y evidencias que con gran acierto detalla en su libro. Nuestro economista defiende, pues, una democratización de la economía y del mercado, que tal como funciona en EEUU y el mundo capitalista que sigue el modelo norteamericano, se opone a los principios democráticos que en la política sí se defienden explícitamente en dicho mundo.