jueves, 30 de junio de 2011

No nos representan

Entre las muchas verdades como puños que se proclaman en el movimiento de recuperación de la conciencia ética y política que es el 15M está la de que los políticos “no nos representan”. Frente a esto, hoy mismo, el periódico El País, vocero del PSOE y del pseudoprogresismo de boquilla que nos está llevando a la ruina neoliberal, cómplice del golpe de estado de los bancos a la democracia, arremetía contra la propuesta de fomentar un modelo de democracia directa y no representativa hecha por el movimiento social más maduro e inteligente de la historia de nuestra pseudodemocracia. Y ya que menciono a un periódico, deseo dejar constancia de mi sospecha de que otro diario que sí parece tratarnos bien, Público, sea la manifestación visible de una oscura intención de la falsa progresía psoista. Se trata de que puedan estar cavilando incorporarse al 15M ante su previsible derrota electoral, ya bien poco antes de las elecciones con oportunismo, o bien después. Les interesa por varios motivos. Pero todos se resumen en uno más o menos inconfesado: desactivar un serio peligro para la “clase política” de la que miles de cargos del PSOE participa directa o potencialmente aunque lleguen a ser barridos en las próximas elecciones por la llamada “marea azul” de la derechona. De hecho se van a basar para a estas alturas dárselas de izquierdistas, entre otras cosas, en el miedo (en gran parte justificado) que en muchos españoles, sobre todo en zonas rurales, hay a la derecha y al PP. Pero esto será una vez más pura demagogia ante la que el 15M debe estar muy bien prevenido. En ese caso, vendrá bien, como vengo diciendo en los foros, echar mano de nuestra memoria histórica y de hemerotecas para que no nos engañen de nuevo. Los datos son incontestables y hablan de una corrupción moral en el PSOE que ha sido capaz de consentir y de apoyar el desahucio de 500.000 familias que han perdido casas, dinero y dignidad en pro de banqueros algunos de los cuales han manifestado público agradecimiento a dicha casta política “socialista”. No debemos olvidar que nos han vendido literalmente e hipotecado a generaciones enteras nuestras vidas, robándonos todo horizonte. En este panorama de mediocridad política y moral todavía tendrán valor de acercarse estratégicamente al 15M. Habrá que estar muy precavidos y estudiar quién hay detrás del diario Público y qué pretenden. Si esto es una simple paranoia, mejor para todos. Y si no lo es, se va a ver muy pronto, porque como decía ayer, estamos en un tiempo en que la verdad se va a revelar, en que a todos se nos verá muy pronto el plumero.

Vuelvo al tema que me ocupa ahora. Se trata de hacer un llamamiento a que la ilustración popular del 15M se aferre a unos hechos y a unos datos, que ellos desde luego vienen esgrimiendo todo el tiempo, de especial relevancia. Los datos que en estas líneas quiero destacar y glosar se hallan en el siguiente enlace sobre prebendas y privilegios de la clase política española: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=131342

En primer lugar quiero justificar que se siga empleando el término “clase política” porque, aunque no soy sociólogo, entiendo que los políticos constituyen un cuerpo definido, homogéneo, que obedece a su propia reproducción y a la consecución de intereses propios y particulares de sus componentes. Constituyen un grupo con reglas propias. Creo que hay elementos, aunque no entremos en detalle, para entender a los políticos como una especie de conjunto social estructurado y jerárquico, dentro de la sociedad a la que parasita. Quizás alguien me diga que justo esta es la crítica neoliberal a lo público y a la clase política, pero yo me adelanto para tranquilizar a tan bienpensantes sujetos y recordarle que lo público es definido en la democracia por unas características que estos parásitos sociales no cumplen. Yo no soy enemigo de lo público, sino todo lo contrario. Yo no soy anti-político sino que me tomo tan en serio la política que acuso a los usurpadores de serlo. Entre las cualidades requeridas por la profesión del político, apelaba ayer en mi post a una cierta cualidad moral, una suerte de vergüenza o de ética que les sitúe de verdad como justos defensores del bien común, que garantice que van a cumplir con su obligación. A mí me cuesta mucho, por eso, separar ética de política.

Sin embargo, los datos sobre prebendas que acabo de enlazar demuestran que salvo honrosos casos que han renunciado a todo vergonzoso privilegio (Julio Anguita y Sánchez Gordillo) más del 99 % de los políticos de los distintos parlamentos centrales y autonómicos, no llegan a este mínimo moral. Está claro, como decía ayer, que hace falta una revolución ética, a nivel de cambio de actitudes y de conciencia, y en mi interpretación justo eso es en gran medida el 15M. Comprobaremos que en sus discursos los políticos siempre dicen que se ajustan al modelo ideal del defensor o servidor público. Así, nos han increpado con discursos llenos de florituras jurídicas, con apelaciones a la sacrosanta Transición, con una defensa de la ley, del orden “democrático”, de la convivencia. Y lo hacen bien. De hecho, viven de eso. De dar discursos y ganarse así a la gente para sus objetivos de trepadores. Quieren mandar y saben que hoy en España para mandar hay que adoptar un discurso políticamente correcto, de derechos y libertades, que ellos saben emplear con suma eficacia. Asustan nuestros oídos con su terminología técnica, nos impresionan con sus voces engoladas y con un porte serio y respetable, bien trajeado, de hombres y mujeres responsables. A todo lo que utilizan para someternos (fuerza armada, código penal, amenazas, retirar subvenciones, etc.) lo dotan de esa aureola de legalidad y legitimidad. Es su disfraz. Todo ello para parecer lo que no son y hacer efectivas sus llamadas al orden y amenazas. Pero una mirada ilustrada, como la del 15M, sabe mirar donde hay que hacerlo. Se investigan subidas de sueldo tras las elecciones (más del 92% de los alcaldes recién elegidos el pasado 22 de mayo que tanto nos llamaban “sucios”, “perroflautas”, “violentos”, etc. a quienes estábamos en las acampadas). Y además, como he señalado hoy, se saca a la luz, a pesar del secretismo que hace que no sepamos a ciencia cierta el número de políticos que viven y maman hasta atragantarse de la teta del Estado, ciertos datos sobre sus sueldos y privilegios. Entonces no hay un solo discurso, por muy bien argumentado que esté y bien elaborado, que resista la evidencia de los hechos. Nuestros padres de la patria son lo que todos estamos viendo, lo que en realidad sabíamos durante más de una década sufriendo el mundo terrible en el que nos estaban metiendo, mientras nos acosaban con axiomas y dogmas de un muy cuestionable pensamiento único en política económica, mientras nos han estado robando y expoliando los bancos. Muchos de nuestra casta política tienen conexiones de hecho con empresas porque además se les permite por ley tenerlas mientras son diputados o incluso cuando cobran pensiones del Estado tras su jubilación política (el caso sangrante de Aznar o Felipe González), Cargan insólitamente las vacaciones con su familia y 100 personas a cuenta del Estado (Zapatero), cobran varios sueldos que suman cantidades ingentes, sin haber hecho otra cosa desde su juventud que ocupar cargos (Leyre Pajín), algunos cantidades escandalosas que les paga hasta su propio partido subvencionado con dinero público (Rajoy). Todo esto los descalifica. Y descalifica también cualquier razón que salga de sus solemnes bocas, porque ya sabemos, a la luz de hechos y datos, lo que hay detrás de sus llamamientos al orden ciudadano y al respeto a la convivencia. Sabemos que esos datos prueban que son ellos quienes hacen peligrar la democracia (y por tanto ellos son los verdaderos antisistema), quienes vulneran derechos básicos como la alimentación, la sanidad y la vivienda para todos, que van a convertir o han convertido en objeto de lucro especulativo a costa del masivo y raudo empobrecimiento de la población española. Gente que se comporta así, que se dota de privilegios cuando defienden crueles recortes sociales y el final del Estado de Bienestar, no son nuestros representantes. No lo merecen.Todavía más, las políticas que llevan a cabo y las leyes que hacen salen sin que antes en los programas se dijera. Y a veces, tales leyes tan democráticamente hechas por tan democráticos artífices son las que han permitido que 500.000 familias puedan ser desahuciadas despiadadamente por los bancos sin que condonen sus deudas, quedando condenadas a la miseria de por vida, adultos y niños. Y esto lo hemos estado viendo en silencio. Pero sobre todos nuestros jóvenes, sanos y avispados, han detectado este abismo entre su verborrea estadoderechista y democraticista y lo que de verdad está ocurriendo. Por eso, con total legitimidad moral y política, llenos de auténtica razón y justicia, salieron a la calle. La clase más castigada de todas por el paro como vaticinó que sería la tendencia del capitalismo neoliberal especulativo y financiero el gran economista Luis de Sebastián a principios de los noventa. Decía éste que bancos y microempresas se cebarían con los jóvenes, que los explotarían sobre todo a ellos (hace poco la CEOE ha vuelto a defender la prolongación de los contratos en prácticas, que son de hecho una humillante esclavitud para quienes todavía están fuertes y alegres, llenos de una vida que la CEOE se apresta a destruir convirtiéndola en dinero). Todo esto lo han visto y lo han denunciado: “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Los demás más mayores, como ayer reflejé en mi post, que asistíamos muchos asombrados a la humillación constante de un país entero en nombre de los números con el aval de la ley que se nos ordena respetar a toda costa, nos sumamos con gusto a esta revolución.

Yo no sé cómo evolucionará todo. Puede haber una opción que personalmente no me gusta demasiado: convertirnos en partido político y llegar al parlamento. No me creo que eso sea factible tal como están las cosas. Y otra opción que empieza a darse. La opción griega. Hagamos el país ingobernable. Sin violencia, como tanto he defendido, pero reforcemos la organización celular y reticular que ya tenemos, en pequeños comandos pacíficos de activismo que emprendan contundentes campañas de boicots (a las empresas que dictan la reforma laboral, a los grandes bancos, a medios de comunicación embusteros como El País o La Razón), retomemos la idea y estudiémosla de una masiva desobediencia civil como se hizo en día antes de las elecciones municipales con concentraciones masivas y como se hace al detener y obstaculizar los desahucios, emprendamos la denuncia y la investigación constante, el seguimiento a las actividades financieras y económicas de los poderes económicos y de los políticos. Surge una nueva solidaridad en una sociedad víctima de verdugos de buen nombre, de pseudodemocrático abolengo, de progres de caviar. Esos verdugos que nos instan a ser mudos, resignados, vejados ciudadanos en una falsa democracia, en una democracia traicionada por los que han montando el tinglado para que puedan decirnos que nos representan. Embusteros. Son los verdugos que están obscena e impunemente destrozando nuestra democracia, sin valores, sin escrúpulos, sin piedad con la gente sencilla que les vota confiadamente. Ante esto, creo que podemos y debemos hablar de una revolución, porque el poderoso se va a defender con todo su arsenal legal. Pero no podrán si nos empeñamos en una larga lucha, aunque requiera heroísmos o sacrificios, la misión es noble, porque se trata del esclavo que rompe sus cadenas. No queremos ser esclavos. Hagamos España ingobernable. Como Grecia, pero, como tanto he señalado, sin violencia, pacíficamente, con la más efectiva de las luchas que es la resistencia no violenta. Inventemos, creemos y sigamos debatiendo en asambleas o foros de Internet. Ya está bien. Hemos llegado a un punto, tras años de sumisión y silencio, que nadie puede soportar. En el nombre de la mera supervivencia, de manera urgente, echémonos a las calles, tomemos constantemente las calles, todo el tiempo que haga falta. Vendrá un otoño caliente. Porque los datos que pueden leerse en el link que he resaltado, sobre nuestra clase política, sobre quienes dicen representar la autoridad legítima y el orden, indican que nos conducen al desorden y al imperio de la inmoralidad. Estos datos por sí solos descalifican por completo a toda la clase política y debemos tenerlos muy presentes cuando con sus impecables trajes y coches de lujo nos llamen a “respetar la convivencia” y la "democracia", descalificándonos como antisistema. ¿Cómo se atreven a hablar, ellos, de justicia o de democracia? La autoridad legítima se gana con hechos, y ellos han demostrado que no la merecen.

Aquí la democracia representativa que tan denodadamente defiende El País nos ha conducido al desahucio de 500.000 familias que ni siquiera pueden condonar su deuda al perder su hogar, a los 5000000 de parados, a los paraísos fiscales, a la destrucción del Estado de Bienestar, al incremento espectacular de los casos de corrupción. En definitiva, a que se legisle en función de pactos y alianzas, obedeciendo consignas y persiguiendo estratégicamente los propios intereses personales que coinciden con los del partido que da de comer al representante. La democracia representativa tiene terribles patologías que podrían curarse fomentando un control y participación directos, desde abajo, ante el que los representantes tengan cada vez más que rendir cuentas a quienes les han votado. Esos representantes que en cuanto salen elegidos se suben los sueldos en plena crisis o vulneran derechos básicos mediante la aprobación de leyes y proyectos que no estaban en los programas y que significan un fraude al electorado. Mientras la inmoralidad y la falta de escrúpulos siga en una clase política que se asegura estructuralmente de que sus miembros sigan estos patrones de comportamiento (pues si no lo hacen, van a la calle) no hay democracia real. Así que menos echar mano de la legitimidad por parte de quienes actúan antes como verdugos del pueblo que como aliados. Podría dilatarme en ejemplos y datos, pero prefiero no abundar. Además, si esto lo lee alguno de nuestros democráticos representante sabrá bien de lo que estoy hablando. Como son inteligentes, les aplico con todo el respeto eso de "a buen entendedor, pocas palabras bastan".

martes, 28 de junio de 2011

¡Embusteros!

Vamos a interpretar lo que está pasando. Vamos a ver. Por un lado tenemos un mundo, o mejor dicho, una sociedad con varias características que se habían ido acentuando en los últimos años, con especial virulencia a partir del 2001. Hablo sólo de España y me remito a lo que he ido pacientemente observando, denunciando en este blog y soportando con casi silenciosa indignación (sí, he dicho, indignación). Esta realidad visible era atroz. Digo visible, porque deduzco que convivía con otra realidad invisible que incubaba electrónicamente a lo que ha llegado a ser una criatura sorprendente, un nacimiento luminoso, irradiante. Hasta el surgimiento de esta criatura el 15 de mayo pasado, el mundo que yo he visto y del que puedo dar tristemente fe era un mundo insalubre. He hablado mucho de estas cosas en el blog así que voy a intentar ser ahora sintético y resumir en pocas palabras lo que ha sido el aire del que respirábamos todos, un aire polucionado en el que hemos sobrevivido a duras penas. Este aire era el de un mundo que ha llegado a convertir en normalidad el robo, la extorsión legal (listas de morosos, cartas amenazantes con impecable lenguaje jurídico para que pagues hasta el último céntimo, etc.), el trepar y medrar a fuerza de arrollar y llevarse por delante a quien fuera, el aguantar humillaciones y constantes atentados a la dignidad para convertirnos en cómplices de más humillaciones y más atentados a la dignidad a la primera de cambio.

En medio de eso, la gran pregunta que me atormentaba era siempre la misma: ¿Por qué consentimos? ¿Por qué actuamos de manera que contribuimos a que esto siga así? ¿Por qué nadie se rebela? Las razones para la rebelión eran desde luego morales pero sobre todo, y esto es lo que hacía inexplicable para mí la sumisa pasividad de tanta gente, era una cuestión de bienestar y de salud. ¿Cómo resisten, pensaba, en este mundo horrible que se nos está imponiendo con la fatalidad de los mitos? Razonaba que había una culpa personal en todo ello. Porque se puede no hacer ciertas cosas. Se puede vivir en un mundo corrupto que te obliga a matar gente por el hecho de meter dinero en una cuenta bancaria, si casi no queda otro remedio, pero de ahí a malversar fondos o robar alegremente, hay un trecho. Sé que somos moralmente lo que nos han enseñado. Pero también hay factores que deberían abrirnos los ojos. El pensamiento estoico, tan sabio, decía que uno es dueño del segundo movimiento, porque el primero viene dado. Uno juega las cartas que otros han barajado para uno.
Uno debe conocerse si quiere hacer el bien, pero sobre todo para sobrevivir. La razón indica los movimientos que, salvo en casos de masoquismo extremo patológicos cuya causa habría que ver, tienden en todos a hacernos felices. Es cierto que la trama se enreda. Pero esto lo único que debe producirnos es la motivación por conocernos, por palpar esa materia que realmente somos, por asumir lo que hay, y desde ahí iniciar la caminata que nunca dejará de ser acaso tembloroso tanteo. A lo largo de este proceso vital nos rehacemos constantemente y por tanto cambia la materia que somos, su configuración. Cambia el arsenal psíquico, emocional, los recuerdos, la mirada, etc. con la que decidimos hacia dónde dar el próximo paso. La ética estoica era un poco esto. Una ética sensata, de tipo material más que formal, que aspiraba a un contenido vagamente definido que podríamos denominar como la salud, el bienestar, para lo cual se requiere ser dueños hasta el punto que nos es dado a los seres humanos del caminar conducente a ese bienestar.

Así, se trata de partir de una materia que nos limita pero al mismo tiempo nos da las posibilidades de optar que se nos presentan, y sólo esas. Esta idea la hemos visto más elaborada en Ellacuría y el Bloch. Pero esto ahora es lo de menos. Lo que quiero señalar es que si los hombres buscamos lógicamente vivir bien, proteger nuestra vida, porque si no hay vida no hay ya nada más, no tiene sentido otra cosa, entonces lo razonable es evitar lo que nos daña. Pero mi sorpresa y diario asombro ha sido, días tras día durante más de diez años, que nos encaminábamos justo a lo que mata y daña. No me lo podía explicar. Un ejemplo. Conozco un lugar donde hay varias clínicas que hacen los exámenes médicos para conductores. Son tres o cuatro clínicas casi juntas. Tienen abundante clientela ya que muy cerca está la jefatura provincial de tráfico. Pues bien, durante estos diez años, día tras día he asistido al espectáculo de ver jóvenes, en ocasiones chicas embarazadas, gente que no vestía precisamente de marca, a veces incluso un anciano, algún medio hippi desarrapado…todos peleándose en cuanto aparecía un potencial cliente para atraerlo a la clínica que les paga un sueldo que presumo seiscientoeurista o mucho menos. Estaban lo mismo charlando amigablemente pero cuando llegaba el paciente, corrían a adelantarse a la otra persona caza-clientes, a ver quién chilla más, quién le quita el cliente a su amiga por una miserable limosna. Un espectáculo verdaderamente ruinoso, triste. Ese era el mundo que a partir de leyes supuestamente inexorables que regulan la economía se nos imponía. Así, más de diez años, viéndolo yo a diario, sin que a nadie pareciera sorprenderle. Desde luego, dudo que esa permanente vejación sea buena para nadie. Nadie se merece eso. Ninguno nos merecemos ese mundo. Pero, insisto, hemos consentido tenazmente en ello.

¿Nos hace esto culpables del daño causado a nosotros mismos? En gran parte pensaba y pienso que sí. Se puede combatir, se puede resistir, se puede en ocasiones desobedecer. Pero nadie lo hacía. España era un país de pícaros desalmados, de timadores de ancianos con alzheimer, de ladrones que vendían al prójimo y a su propia alma por cuatro duros. A veces ni siquiera era el dinero, que en algunos casos era para comer. También se perdía los papeles por un título de lo que fuera, por figurar en una lista, por que le llamen a uno, por ascender socialmente, por adquirir fama o prestigio, por ganar más cuando se tenía ya mucho, etc. Y todo el país había vendido literalmente su alma al diablo de la enfermedad y el daño. Era absurdo, inexplicable. De hecho, acudí a la sociología, al marxismo, a la historia e incluso a la psicología para entender qué pasaba. Pero por mucho que existieran explicaciones (que si el poder de las ideologías, que si las inercias socialmente aprendidas, que si el miedo a la libertad, etc.) siempre acababa diciendo: ¿y no sería más fácil decir NO? ¿Van a tener al final razón los políticos corruptos que nos han estado vendiendo a la banca? ¿Vencen los malos? La pasividad española sorprendió incluso al propio Sarkozy que se mofó públicamente de ella en una visita a España. Dijo ante Zapatero: “Resulta admirable cuánta paciencia puede tener este pueblo”. Y así, como Sarkozy, los bancos franceses y alemanes nos orinaban y defecaban encima. La Unión Europea, Estados Unidos y cuatro familias de banqueros o grandes empresarios españoles. Todo con la connivencia de una estructura política copada por, precisamente, pícaros y trepas que no dejan lugar a quien no sea como ellos. Años tras años. Una década de pensamiento único, de manipulación mediática, de totalitarismo mercantilista en las universidades y centros de enseñanza. Nos tomaban el pelo. Hace unos días el propio Zapatero ha vuelto a mentir, por ejemplo. En el parlamento ha negado que los bancos reciban más de lo que dan, que se les esté regalando beneficios cuantiosos y se ha remitido a una verdad a medias creyendo que el pueblo español sigue siendo el que era hace un mes. Pero no. Ya no. La red de redes echa chispas y hay auténticos debates políticos y económicos en ella, con proliferación de datos que todo el mundo busca contrastar. Un verdadero proceso de ilustración popular está en marcha. Un proceso que, y aquí voy, también interpreto como un tajante NO al mundo social y económico que nos estaban vendiendo. De repente, ha surgido un liberador esfuerzo por aprender en la multitud en apariencia antes pasiva y anónima. Y ya no nos pueden engañar. Seguirán diciendo: “Hay que respetar la convivencia y las leyes” Pero ipso facto, circulará una lista producto de una hábil investigación anónima que revelará el nombre del más del 90 % de los alcaldes que se han subido el sueldo tras ganar las pasadas elecciones. Y además en la lista se verá la cantidad bruta anual que cobran con el porcentaje de la subida. Se hará también un ranking como esos que tanto gustan a la experticia, para destacar el número uno que se lleva la palma con una subida del 130 % de su sueldo de la noche a la mañana. Nos dirán: “es que somos representantes legítimos”. Mentira. No nos representan, porque nosotros elegimos a personas para que piensen en el bien común y no en los pactos, alianzas y compras de voto que suelen hacerse en la política. Eso no son, precisamente, representantes y eso no es, menos aún, una democracia. En nuestro proceso de universidad popular (ya que la otra universidad anda un poco cómplice de bancos y políticos con esto del Plan Bolonia) está ya hecha, la ilustración de todos entre todos, gracias a ese inventito por el que tú ahora me puedes leer, amigo lector. Nos dirán “Internet era bueno cuando sólo valía para hacer negocios, pero ahora es un peligro para la sacrosanta seguridad nacional”. Y entonces todos sabremos que ya se están viendo todas las cartas y que sus palabras o actos acaban delatándoles. Porque es tiempo de que a todos se nos vea de qué pie cojeamos.

Este impulso sano, sanamente ético, que es el 15M ya no va a parar. Si dicen: “son violentos”. Se sabrá que mienten. Si dicen: “la ley protege a los ciudadanos e infringirla es un atentado contra la democracia” Todos intercambiaremos posts sobre los numeritos que hay que hacer para darse de baja de una compañía telefónica o, aun peor, evitar que además de quitarnos la casa, nos dejen endeudados con la complicidad de esa democrática y legítima ley que todos debemos respetar. Está claro que quienes se benefician de lo que hay no van a consentir en que se cambie nada. No tienen la vergüenza moral ni la valentía que haría falta. Son ignorantes y moralmente zafios. Podemos entrar en el juego de demostrar con más y más evidencias y datos esta verdad, pero ahora mismo no voy a abundar más. Además, ellos lo saben perfectamente. Saben de qué hablo.

En definitiva, el 15M, en mi modesta interpretación, está siendo el intento de recuperar la vergüenza (moral) en una sociedad hastiada de gravísimos y constantes agravios a la dignidad y abusos. Por fin ha saltado una suerte de resorte moral casi in extremis para salvarnos, que consiste básicamente en percatarnos de que este mundo que se nos impone no es el mundo que queremos, que este mundo nos daña, que no es deseable para nadie y que en él todos perdemos. Nos hemos dado cuenta, consciente o inconscientemente. Y entonces surge el impulso de negarse al mal que nos daña y de clamar “¡Basta ya! ¡No vamos a ser cómplices de esto!”. Se trata de que vuelva a imponerse en la sociedad española la vergüenza. La vergüenza que es repugnancia ante el mal, la repugnancia que Adorno decía que era el sentimiento propio de la moral post Auschwitz. Porque en el mundo totalitario que vivimos peligra la dignidad, peligra la persona. El mal se había infiltrado dentro, muy dentro, hasta que nuestras vísceras en un espasmo están intentando por fin vomitarlo. Echémoslo fuera. Echemos a los malos, a los que no tienen vergüenza, a los carentes de escrúpulos, a los que pueden destruir vidas sin inmutarse, acaso manejando cifras en sus pulcros despachos. Porque hemos experimentado el daño que estos sujetos producen al mundo, la violación constante de nuestro futuro, el robo del horizonte. No nos amparemos en fatalidades ni destinos de ninguna clase. Será durísimo y tardará mucho, pero no importa. Sea nuestra vida tenaz combate contra la ponzoña en la que agonizaba la mansa Tierra. Zafios. ¡Fuera de las oficinas, de los parlamentos, de los tribunales, de las academias, de la ciencia, de las empresas, de los bancos, de las artes, de las escuelas, de los ejércitos, de la policía, del gobierno y de la oposición! ¡Fuera! El mundo se retuerce de dolor por la enfermedad que le provocáis. Sois la peste que azota al mundo. Sois culpables. Sois enemigos de la gente honrada y buena. Iros y dejadnos vivir en paz. ¡Embusteros!

lunes, 27 de junio de 2011

"El dios crucificado", de Jürgen Moltmann

He terminado de leer El dios crucificado del teólogo protestante Jürgen Moltmann. El libro representa un esfuerzo por ubicar realmente en la historia la presencia, que se ha pensado usualmente como más o menos externa a ella, de Dios. Moltmann apunta, frente al monoteísmo puro, a una esencia auténticamente cristiana que parte de la idea trinitaria de Dios que él interpreta de un modo llamativamente hegeliano, por el que Dios tendría también su proceso. No tanto por despojamiento (kenosis) que supondría la voluntaria retirada de la divinidad omnipotente del mundo, sino por alienación. Es decir, en el Dios hecho Jesús estaría totalmente Dios, Jesús (el Hijo) sería todo Dios, pero en una suerte de autoalienación. El Hijo pertenece siempre a la esencia divina, durante su encarnación o fuera de ella. Dios se haría hombre y experimentaría la lejanía de sí mismo de un modo extremo en el famoso grito en la cruz antes de morir que relata el evangelio de Marcos y que según apunta la crítica textual y la investigación fue proferido casi con total seguridad. Es el famoso “Señor, señor, ¿por qué me has abandonado?”. Su muerte no fue la de un mártir, sino mucho más terrible y solitaria, más desconcertante. Así, la historia y su vida humana es una continuación o proyección de lo que ocurre intratrinitariamente en la divinidad (si lo he entendido bien). La Trinidad se realiza también en la historia y en el mundo. Este hegeliano salir de sí implica un momento de total escisión que se experimenta con el desgarro y el sentimiento de abandono de Jesús en la cruz. La cruz ciertamente fue y debe seguir siendo un escándalo. Significa el punto del máximo fracaso, de la impugnación que contra todo lo esperado niega lo que parece que iba bien encaminado. Se trata de un terrible silencio de Dios experimentado por Dios mismo que se hace hombre con todas las consecuencias, frente a los docetismos más o menos difusos que perduran en la cristiandad. Así, el hacerse hombre del Dios cristiano no es tanto como dice la teoría niceana la coexistencia de una doble naturaleza divina y humana de Jesús, en la que perduraría un abismo en la figura de Jesús igual al supuestamente existente entre el mundo y Dios en el monoteísmo puro (Islam), sino que ambas “naturalezas” serían, en la visión de Moltmann, una misma, pues es totalmente Dios el que fracasa, sufre y muere abandonado en la cruz. No se trata de un paso por la existencia humana de quien sigue siendo el Dios omnipotente, sino de un cuestionamiento trágico de la omnipotencia de Dios por el propio Dios. Esto, al margen de que parezca una simple especulación teológica intelectual, casi una suerte de juego mental, tiene una enorme importancia para los seres humanos, ya que, según explica Moltmann, si es Dios quien experimenta el abandono, quiere decir que podemos sentirnos abandonados y fracasados, pero en ese fracaso está Dios que no obstante, sigue siendo y sigue estando ahí. Es una consecuencia no sé si para el consuelo de quienes sufren en el mundo. Significa saber que en el mundo hay junto al dolor inexplicable e injustificable, una presencia, a pesar de todo, que puede hasta cierto punto acompañar, de Dios. Un saber que es propio de la historia humana y del mundo el pasar por horribles abandonos y sufrimientos, pero que existe al mismo tiempo un misterioso aval para quien no obstante opte por hacer como Jesús (el seguimiento de Jesús). Seguir a Jesús, en este sentido, implicaría jugársela, experimentar en ocasiones el abandono y el fracaso, bien sea por persecuciones de tipo político o por la inevitable presencia de la muerte y la enfermedad, apostar por la vida a pesar de todo, y (y aquí está la fe) saber que Dios permanece misteriosamente en todo ello. Así, la historia y la existencia humana sería una continuación de un proceso vivido por el mismo Dios, el proceso intratrinitario.

Así, el problema práctico que subyace al libro de Moltmann es el de la teodicea, es decir, el de si es posible justificar el mal de algún modo, excusar que tengamos que sufrir, que fracasar y que morir. Le respuesta de Moltmann no es en absoluto una teodicea, pues no quita ni un ápice de irracionalidad e injusticia al dolor y al sufrimiento. Los considera injustificables. Pero, y aquí estaría la respuesta cristiana, habría un cierto consuelo en la idea de que, a pesar de todo, Dios existe y está ahí, aunque calle.

El libro de Moltmann entiende la cruz como una negatividad constante que impugna cualquier lectura triunfalista de la historia. La historia para los hombres está llena de cruces. Esto significa un desafío que en realidad muy pocos hombres, ni siquiera los que se consideren cristianos, aguantan y saben encajar. Porque es como si el cristianismo fuera, contra lo que se ha entendido que era por ejemplo por Marx (opio del pueblo) todo lo contrario, al menos el cristianismo bien comprendido. A todo proyecto y a todo avatar histórico, a todo sueño, a toda ilusión, la cruz se opone como una suerte de pesado lastre que nos dota de realismo, es decir, que nos recuerda siempre lo mucho que queda por hacer, lo inacabado que está todo, lo imperfecto… y es una suerte que sea así, porque es precisamente el único modo de vencer a los fundamentalismos y a las dinámicas inquisitoriales (religiosas o ateas) que ha producido el propio cristianismo de la gloria y la excesiva confianza en lo logrado o el ateísmo malo (porque hay, a mi juicio, un ateísmo encomiable pero muy difícil de llevar con coherencia que yo hasta la fecha no he encontrado en casi nadie) que pone al hombre en el lugar quitado a Dios (autodivinización del hombre como forma de idolatría). Esto conecta muy bien con autores que a mí me encantan, como es Walter Benjamin (y por tanto habría que ver este elemento impugnador también cómo se presenta en el judaísmo, aunque Moltmann creo recordar que apunta a la judaica prohibición bíblica de representar imágenes de Dios). La relación es grande, hasta cierto punto, con la Teología de la Liberación. Este tipo de lecturas del cristianismo coinciden en una perspectiva materialista (presente ya en el Génesis) que enfatiza el papel de la historia humana y la implicación de Dios en ella aunque fuera puntualmente con su humanización en Jesús y constantemente con su estar ahí en silencio y en aparente ignorancia de lo que sucede. La búsqueda por tanto de Dios ha de hacerse en la historia, ahí es, como ocurrió con Jesús, donde se manifiesta, pero siempre en términos históricos, desde lo material, mundanamente. Moltmann se esfuerza en superar concepciones gnostizantes o dualistas que opongan al mundo lo ultramundano. Para él lo ultramundano en el mundo es siempre, aunque suene paradójico, mundano. Nada de lo que ocurre en la Tierra ocurre fuera de la Tierra. Esto no implica, por otro lado, que no haya un Dios trascendente, sino que el lugar donde se desarrolla la presencia de ese Dios y su relación con nosotros, al tiempo que la búsqueda que podamos emprender del mismo, es en la Tierra y por tanto de un modo terrenal.

Como anécdota que ya conté una vez en este blog, me gustaría señalar que en el museo de los mártires de la UCA de El Salvador, donde hay recuerdos de los jesuitas asesinados en 1989 por el ejército salvadoreño en el contexto de la guerra civil vivida en ese país, en una vitrina se muestra un ejemplar de la primera edición en castellano de la editorial Sígueme del libro El dios crucificado. Los bordes del mismo están manchados por la sangre de uno de los mártires.

sábado, 18 de junio de 2011

Palpitante parábola del 15-M

Algo poderoso ha cambiado cosas. Algo que como un brazo que ha germinado de la realidad está tirando de ella hacia arriba, algo ya imparable, irreversible, como un eco infatigable que resuena mientras escribo estas líneas, que nos acompaña, que nos va a acompañar siempre, un incesante eco, surgido de manera providencial, en el momento justo, como el Barón de Munchhaussen tirando de su coleta para escapar de la ciénaga, salvándose a sí mismo desde sí mismo, acaso cuando ya daba su último suspiro en la honda, tenebrosa ciénaga. Hay algo nuevo sobre el mundo. Algo engendrado en la noche silenciosa y cuyo nacimiento homenajeamos ahora uniendo nuestras copas, brindando con vino recién descorchado, multiplicando los platos sobre la mesa, hablando hasta la saciedad, de madrugada en madrugada, saciándonos de palabra, de palabra viva. Una felicidad de vieja infancia, un lúcido volver a ser niños, pero niños sabios. Este algo inasible piensa. Este algo inasible somos todos. Se multiplica sobre la vieja tierra. Por fin. Inasible. Irá adquiriendo formas distintas, proteicamente, tentativamente, como un monstruo transfigurado para sorpresa de todos en un ángel, en un torbellino de ángeles frenéticos.

Las muchas lenguas han vuelto a edificar juntas. Brota un fuego que somos todos y ninguno, que quema, que nos quema dulcemente, en la negra noche. Hasta ahora vencían, pero con esto no van a poder. Este cauce sinuoso que ellos mismos pusieron en el mundo los va a arrojar del mundo al lugar de donde nunca debieron haber salido. Al Hades horrible al que sirven. Porque hasta ahora era un laberinto poblado de hombres, con un helado corazón en el centro, con una insaciable mandíbula en su centro. El Minotauro decidía, reclamaba su tributo de jóvenes doncellas y a él era sacrificada la triste humanidad. Cada nuevo día, cada nueva ilusión y cada nuevo héroe morían cansinamente entre sus fauces. Pero Teseo, el último hombre, superviviente de mil batallas, el que es todos los hombres y ninguno, invisible, anónimo, de múltiples rostros, llega danzando la danza inusitada, inesperada e imprevisible. El Minotauro intenta arrojarle duros manotazos a la cara. Pero Teseo no tiene cara, o mejor dicho, es como la hidra, por cada cabeza que rueda sobre el suelo ensangrentada, brotan dos nuevas cabezas. Hasta ahora el Minotauro podía hacer añicos cualquier cristal, cualquier blanca rosa. Durante mil años ha vencido. Porque los anteriores hombres quisieron ser como él: uno, homogéneo, de una dureza mineral, férreos. Porque hay un mal visible, un mal que hasta ahora podía vencer. Las duras pezuñas del Minotauro eran peores siempre, siempre más duras, más crueles. El Minotauro ávido en su bacanal de sangre seguía matando a cuanto le desafiaba, a cuanto apuntaba a su final, lo que le señalaba su cadalso. El Minotauro era astuto y cruel, despiadado, sin alma.

Pero en estos días se sella una sentencia y se cumple un tiempo. Porque había ese lastre lúgubre en el mundo, ese mal enquistado, como un polo maligno, como un centro de energía nuclear irradiante que hacía mutar toda esperanza en su contrario. Pero ya no hay materia que se pueda irradiar. Ahora ha surgido algo que puede pensar como nunca hemos pensado, que puede luchar como nunca hemos luchado, que puede iniciar una larga estrategia, no importa cuántos siglos falten, algo que conoce, que aprende tentativamente, tenazmente, más raudo en el zarpazo que la torpe maquinaria. Cada fallo es una victoria. A la peor de las violencias, la violencia organizada, reglamentada, legitimada la va a vencer una paz que desconcierta, una mansa ira, una caricia, un néctar, un sosiego paciente, firme, duro para aguantar los golpes, que resurgirá de sus cenizas mil veces, que persistirá con una memoria que somos todos y ninguno, una memoria de todos y de nadie, que esta dispersa por el mundo, que incendia el mundo. Porque ese mal, ese mal milenario que a tantos hombres buenos se ha tragado, no resiste su propio reflejo. Millones de brazos, que siendo cercenados vuelven a emerger doblemente, sostienen firmes un espejo para que ese mal se vea nítidamente la cara, para que quede expuesto al escarnio, desnudo, humillado. Ya no nos engañará más con su voz engolada, con su discurso solemne, con su falsa ley y su falso derecho, con su habilidad para las dobleces, con su odio a los pobres e inocentes hijos del tiempo. El espejo en el que Medusa verá su fin, en el que no soportará contemplar sus propias tinieblas, su escoria, sus entrañas ponzoñosas, su mirada inhumana. Ese espejo serán todas las lenguas, todos los cuerpos inocentes de los hombres, constructores de un Moloch que no quieren, del que se arrepienten, y al que enseñan que ya no tiene consigo nada humano. Entonces Moloch, Medusa, reventarán, porque no pueden con esa sabiduría nueva y vieja al mismo tiempo, con esa astucia y con esa hoguera que somos todos y ninguno. Era el único modo posible de derrotarlo. El modo en que cada derrota sea una victoria, que cada trampa nos haga más sabios. El del fugaz Proteo, el de ráfagas de viento. Cada uno de los crueles zarpazos que nos den hará resurgir nuevos héroes, invisibles, inasibles, tenaces, una infinita legión cuya memoria se halla asegurada, sin centro, como una red que se extiende por el orbe, que al peor de los males conocidos opondrá siempre algo nuevo, a cada truco una nueva carta imprevisible, como salida de la nada, como emergida de manos de un prestidigitador. Sólo así son posibles, hoy, los milagros. El milagro que muda las balas en besos. A cada maltratada mejilla siempre se pondrá una nueva mejilla. Sonriente, feliz, tranquilo, viene Teseo. Ya sabe cómo hay que hacerlo. Dispuesto a una lucha de paz, de larga espera y de luz con la que vencer a los lúgubres artífices y genios tenebrosos de la violencia. Maldita sea la violencia, la violencia hoy refinada, que parecía colmar el mundo. Ya no tendrá más lugar sobre la Tierra.

jueves, 16 de junio de 2011

Sobre la paz combativa.

Que no nos llamen violentos. Que no nos difamen. Es precisamente por un impulso de repugnancia contra la violencia cotidiana que nos azota, contra la dañina violencia del mal gobierno dejado en manos de mercados financieros y de hombres sin alma, que necesitan negar el pan y la sal a millones de personas inocentes, aniquilando sus vidas y su dignidad para perpetuar una monstruosa sed, una abominable bacanal de números asesinos, de números que nos arrancan el porvenir y la esperanza a generaciones enteras, que nos animalizan, que nos alejan a unos de otros y nos dividen, que paren guerras y hambrunas y la atroz indigencia de familias enteras, es por todo esto, que salimos a la calle el próximo 19 de junio, domingo, en toda Europa. Porque nos oponemos precisamente a la violencia. Porque sabemos que no hay ley ni derecho respetados en este entramado maligno que nos arroja a la calle. Porque quienes apelan a la ley condenando una desobediencia civil ilegal acaso, pero legítima, delinquen al negar el acceso del pueblo a la vivienda, que es un derecho humano y constitucional en España; delinquen o son cómplices del delito al permitir la estafa y la extorsión de las compañías telefónicas y bancos; delinquen cuando ponen en riesgo los ahorros de los pequeños inversores; delinquen cuando especulan caiga quien caiga o permiten que se especule sin una adecuada política fiscal; delinquen cuando permiten los paraísos fiscales, lo cual les convierte en ladrones a todos y enemigos de la gente honrada; matan y delinquen cuando destruyen los derechos básicos reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Constitución Española, como son la salud, la vivienda y la alimentación, derechos a los que apelan con sus bocas corruptas y renegridas. También atentan contra la ley que ordena respetar la libertad de cátedra y la universalidad de la educación y de la cultura quienes quieren hacer de la educación o de la cultura un lucrativo negocio. Todos ellos son implacables en la apelación a la ley y al orden, y al uso de la fuerza armada, ¡ellos!, los que se han saltado no ya muchas leyes sino el más mínimo sentido común y la más básica vergüenza. A mí me daría vergüenza apelar al orden en las ciudades siendo cómplice de un grave desorden moral, político, humano e histórico sin precedentes, de un totalitarismo por el que el verdugo acusa a la víctima haciendo que ésta se sienta culpable, que cumpla su condena y le duela su voluntad de bien, para poder entrometer los sucios tentáculos en la voluntad de bien y de justicia.

Hoy vamos a ver quiénes mienten. En este tiempo urgente se van a delatar. Ya lo hicieron con el desalojo de la Plaça de Catalunya en Barcelona, en Valencia. De manera grotesca muchos de los que corrían delante de los grises, de los que ejercieron actos de desobediencia civil contra la dictadura de Franco, de los que hicieron huelgas y cometieron motines, en una lucha con actos violentos, ahora, nos llaman violentos a nosotros, a quienes oponemos paz a la violencia. Ellos saben que en varias ocasiones el Derecho ha reconocido la objeción de conciencia e incluso la desobediencia civil como algo legítimo cuando se ponen en peligro valores fundamentales para la democracia o la protección de la vida, como es el derecho a la vivienda. Hace dos días el pleno del Congreso de los Diputados, con los votos de PSOE, PP, CIU y PNV volvió a rechazar la dación en pago para saldar una deuda hipotecaria. Otra vez. Porque el mal es terco. Ante esta flagrante vulneración del derecho a la vida digna y libre, algunos pueden pensar, y no estarán quizás exentos de razón, que hay que realizar acciones pacíficas de desobediencia civil. Porque la ley no nos protege. La ley nos humilla y viola nuestra dignidad y nuestras vidas. Es instrumento de quienes nos manipulan y oprimen. Esto fue, de hecho, lo que se hizo, en un ambiente de absoluta tranquilidad y civismo, el día antes de las elecciones, en un masivo acto de desobediencia civil sin precedente en más de treinta años en España, al concentrarse miles de ciudadanos para denunciar la corrupción y los abusos de un poder que sólo sirve a sí mismo. Nada de esto se ha comentado o resaltado en los mismos medios de comunicación que ahora repiten cansinamente las pocas escenas de violencia acaecidas ayer en Barcelona frente al Parlament. Este tratamiento informativo forma parte de un eje del mal. Un eje de complicidad entre banqueros, los políticos más poderosos y los medios de comunicación más influyentes. En este tiempo de urgencia hay que definirse. Hay que tomar partido. Es un deber moral. Hay que echar mano de una ética de urgencia que se dibuja, sabiamente, por parte del 15M como el deber de oponer paz a la violencia, bien al mal, fraternidad a la atomización insolidaria de la sociedad brutal que tantos años llevamos aguantando. Porque han sido ya demasiados años callados. Ahora ya es urgente e irreversible. Respondemos a la urgencia moral de oponer a la tenacidad de los embusteros la verdad, la paz, el amor, la responsabilidad, la madurez; de oponer a quienes asesinan en el mundo, la vida.

Quien a los golpes responde, refrenando acaso el natural impulso primario de devolver violencia por violencia, con una razón madura que dirija las pasiones a un objetivo claro y bueno, de justicia para todos, de libertad y de democracia, está por encima de la sociedad de la violencia, en una elevación filosófica capaz de llamar a las cosas por su nombre, de agarrar al toro por los cuernos, de empaparse de la sufriente y conmovedora realidad humana con una dignidad que nadie puede arrebatar. Con la conciencia limpia, seguros, tenaces, soportemos los golpes que vengan, en las manifestaciones, en los medios de comunicación, en boca de quienes matan, engañan o roban, para que precisamente se vea con claridad dónde se halla la violencia, el crimen, la mentira y el robo en nuestra sociedad. Que se vea a las claras. Opongamos a la brutalidad nuestra paz, nuestra firmeza, nuestra dignidad, aunque nos arrastren por el suelo y carguen contra nosotros con acusaciones y golpes, aunque nos arrojen su veneno, aunque nos difamen, aunque con voces engoladas nos acusen de enemigos del orden y de la ley. Sabemos que es así como tenemos que defender el orden y la ley. Aguantando sus golpes. Y a cada golpe que nos den, una batalla más será ganada por nosotros, una victoria para los hombres y mujeres honrados, buenos, que pueblan el mundo. Nos quieren arrebatar todo. Hasta la dignidad y el honor. Pero nunca seremos más dignos y honorables que cuando nos arrastren y golpeen con sus armas legales y con su violencia legal. Soportemos los golpes como hombres y mujeres. Encarnemos algo ciertamente nuevo. Hagamos que queden en evidencia los auténticos violentos por primera vez en la historia. Con inteligencia, con astucia, con sabiduría. No a la violencia en las manifestaciones. Somos mejores que ellos y si oponemos nuestra paz a su violencia, no podrán nunca con nosotros. Por eso, van a intentar desacreditarnos y producir una falsa imagen a la que no debemos contribuir. Hasta ahora el movimiento 15M ha mostrado una madurez admirable. Es tiempo de no flaquear y de persistir en este noble impulso que nos une a todos.

domingo, 12 de junio de 2011

Una suave brisa ha soplado.

El 15M entre muchas otras cosas es una conmovedora respuesta ética contra la falta de ética, una respuesta de paz contra la violencia, bondadosa frente al mal imperante, política frente a la corrupción de la política, fraternal y solidaria frente a la sociedad atomizada de las personas puestas a pelear entre sí y a esperar la debilidad del contrario para robarle, maltratarle o abusar de él. No voy a insistir en la histórica importancia de esto que no han sabido ni querido ver los medios de comunicación convencionales. El 15M ha tenido la audacia de asestar una pacífica bofetada a quienes nos llevan años, décadas ya, maltratando y violando, a quienes nos roban la dignidad, a quienes no nos miran y sólo nos consideran su mercancía. Mucho ha tardado la respuesta y mucho aguante ha tenido el sufrido pueblo español junto con la sufrida Europa. Porque la sociedad en la que estamos, hecha así a golpe de ley, con la atroz connivencia de quienes se enriquecen gracias a nuestro silencio, humillación y despojo, es una sociedad mala, muy mala. Podemos concretar esta maldad en cientos de ejemplos. Yo llevo varios años haciéndolo en este blog y en las redes sociales, no voy a repetir los muchos abusos de oligopolios contra pymes, de macroempresas contra sus trabajadores, del sistema educativo y la administración contra sus profesores de la enseñanza universitaria, media y primaria, de políticos contra los súbditos honrados que hasta ahora callaban y eran desahuciados sin piedad por un triunfantemente voraz afán de lucro, del más feo lucro, del lucro más podrido y horrible hijo bastardo de la modernidad burguesa. Todo se resume en la destrucción del hombre por el hombre, la belicosa vejación mutua en lugar de la ayuda mutua. Nos hemos acostumbrado a que los derechos cada vez sean más papel mojado, a que vuelen por cielos en los que ya nadie bueno puede confiar, a que mueran mancillados en boca de corruptos, utilizados para abominaciones, para masacres.

Ayer leía la noticia de un hombre que hubo de ahorcarse desesperado ante un próximo desahucio, en la calle adonde querían arrojarlo con su esposa e hijos, un inocente, una nueva víctima de la sinrazón y de los antisistema que conocen los atajos y las trampas para eludir al sistema, para trepar y lucrarse, para enredarnos. Una nueva víctima mortal de un mal que no tiene rostro, que actúa maquinalmente, en los despachos, con cifras que se mueven en ordenadores, que produce mucho dinero para pocos que no ven las consecuencias (ni quieren verlas) de sus operaciones especulativas y financieras. El mal de nuestro tiempo que mata por gigantescas hambrunas, que niega la medicina al enfermo, la casa al hombre y la mujer honestos, que nos roba el pan y el vino, que nos arranca el hogar en el que educar a nuestros hijos, un mal que sucede por la complicidad silenciosa y la culpable ignorancia de muchos, un mal hecho de ausencia de sentimientos, ajeno a la fraternidad, inhumano y terrible pero sutil, que echa mano de palabras como “democracia”, “derechos”, “respeto” o “libertad” cuando es hondamente enemigo de ellas, usándolas para convertir al hombre en objeto de lucro, en cosa, en mero animal, en esclavo. El hombre hoy mata al hombre con la precisión de las matemáticas, a golpe de estadística, con eficiencia, sin mirar a los ojos de la víctima, sin conocer su nombre, sin sentir su aliento. Vivimos en un totalitarismo que riza el rizo, que sofistica y sutiliza la brutalidad de los nazis, ciego al dolor y a la pena, que arrastra, que excusa astuta y maquinalmente lo que hace. Así, los políticos y banqueros obedecen a una no moral de la más burda y miope práctica, a un antiespíritu de tosco pragmatismo, que consiste en vaciar a las palabras de sus sentidos, en sorber su alma, en dejar el mundo hecho esqueleto descarnado, porque, dicen, “todo el mundo lo haría si pudiera” o “hay que ser sensato”. Es a esa sensatez la que parte del mundo ha respondido el 15M. El 15M es un negarse a seguir mudamente asintiendo a la bacanal desvergonzada de los trajes y los coches de lujo, de los lucrativos negocios, de las cantidades parpadeantes. Ha pasado por las distintas plazas del 15M como un ángel, como un espíritu bueno y manso, como lenguas de fuego. Ya escribí mis primeras impresiones sobre esto. Lo crucial ha sido y es la firme voluntad de paz y de bien, el modo en que se ha vivido la fraternidad tan pisoteada por el mundo de los ranking y del Plan Bolonia en las universidades, la voluntad de bien frente a un mal que se había instalado en nuestros huesos y había construido tenebrosas madrigueras a lo largo y ancho de la otrora pasiva, sumisa y adormecida España. Nadie puede temer esto, salvo los malos. Y sí hablo de malos, no tengo problema en ello. El profetismo irradiante de este audaz movimiento los ha señalado. O mejor dicho, ellos se han señalado: ignorándonos, manipulando la información en los mass media, golpeándonos con porras y arrastrándonos por el suelo, insultándonos, llamándonos locos. Por primera vez en mi vida he visto una luz que creía, sinceramente, apenas ver resplandecer en unos pocos humildes y casi ocultos candelabros. Eran las catacumbas. Pero esta luz, por fin, ha tomado la calle y me atrevo a asegurar, que seguirá tomando la calle, cada vez más, extendiéndose como el aceite, penetrantemente, llenando las piedras en sus minerales corazones con su humor delicado y expulsando la torpe bilis que se había adueñado del mundo. Sí hay malos, sí hay mal y sí han sido señalados. Por sus propias obras, por su violencia, por su ceguera, por su hipocresía, por su repugnante connivencia y complacencia en el mal. La red de mentiras se ha rasgado. Algo santo se extiende por el mundo. Algo luminoso. Lo dije en un post al empezar todo esto. Por fin, el sagrado óleo se está derramando por todos los rincones, gota a gota, hasta llenarlo todo en una borrachera de paz y fraternidad, en un éxtasis en el que el hombre se encuentra a sí mismo negando aquello malo que estaba haciéndose a sí mismo.

sábado, 11 de junio de 2011

Paz contra la violencia.

El movimiento 15M está siendo algo sin precedentes en la historia de la democracia española acaecida tras la Transición. Por primera vez, y sin convocatoria o dirección por parte de partidos políticos o sindicatos oficiales, se ha dado un impulso social asambleísta, ilustrado, ético y político en el buen sentido, el sentido de Paulo Freire o de Aristóteles. Esto se ha dado como una reacción de ciudadanos de todas las edades cansados de oír cómo un discurso sobre derechos y libertades está encubriendo sistemáticamente el poder de unos pocos banqueros. Porque la democracia española hacía y hace aguas, cosa que ahora se está comprobando con claridad. La realidad y los hechos de dicha democracia es que se legisla a favor de unos pocos (macroempresas y banca) que están imponiendo una dura y muy cuestionable reforma laboral que además viene avalada y obligada desde el capital financiero internacional. La deuda generada al rescatar la deuda privada de los grandes bancos ha supuesto que, en un proceso similar al del Tercer Mundo, nos veamos con una enorme deuda que se ha vendido esencialmente a bancos franceses, norteamericanos y sobre todo alemanes (también parece que a China). Esta deuda debe ser pagada con intereses y en plazos acordados, para lo cual, el Estado español no puede aumentar su déficit fiscal. Ante esto, los islandeses, por ejemplo, han decidido no pagar con dinero público una deuda de origen privado, ocurrida por el afán de lucro y el enriquecimiento a toda cosa de banqueros que ya han encerrado en la cárcel.
Pero en España, se obliga al gobierno a que emprenda, sin consulta a los ciudadanos, una reforma laboral que está empobreciendo masivamente a la ciudadanía y que, por tanto, atenta gravemente contra la dignidad de sus vidas, contra la posibilidad real de realizar proyectos de vida, como es el tener familia e hijos, poder mantenerlos y educarlos. Se está dando, sin previa consulta y contra los intereses de millones de españoles, una privatización indiscriminada de lo que eran instituciones que garantizaban los derechos básicos para la vida: sanidad, por ejemplo. En lo que yo tengo más cerca, creo que el Plan Bolonia, con la excusa de la convergencia europea y la calidad, es precisamente eso: una privatización encubierta de la universidad española encaminada a reducir el déficit fiscal y el papel del Estado, además de ejercer el control de la ciencia y el pensamiento por parte de las grandes empresas. Es decir, hay una dinámica anti-democrática que tiene su origen en el complejo mundo de la economía internacional y nacional que, como una férrea maquinaria, está invadiendo totalitariamente hasta nuestros cuerpos (con nuevas patologías, por ejemplo, debidas a alimentos transgénicos o tecnologías muy productivas o rentables pero altamente nocivas). La moral del afán de lucro y la atomización de la sociedad es, a poco que pensemos lo que es la democracia, profundamente antidemocrática. Supone el imperio de unas fuerzas ciegas que nos convierten en mercancías, es decir, en máquinas de producir beneficios que cada vez se distribuyen menos entre la sociedad.
De manera paralela y al servicio de estas dinámicas empresariales del mundo de la macroeconomía, tenemos una clase política estructurada de manera que quien se sale de ciertas pautas de comportamiento es apartado sin piedad. Hay una selección que premia determinadas prácticas en la política que ha situado entre las élites que nos gobiernan y legislan a fieles servidores de políticas de partido que no quieren, ni saben, ni pueden rechistar. Entre la moral de hecho que impera en esta clase, vigilada y preservada por la propia estructura vertical de poder que premia y castiga con la expulsión a quienes no se adecuan a ella, se halla un espíritu toscamente práctico propenso a no mirar más allá de los intereses más particulares y sectoriales. Así, la política se ha convertido en un entramado de pactos, favores, amistades-enemistades en los que se persigue nada más que la reproducción de la propia clase que absorbe estructuralmente, como hemos dicho, cualquier habitus o iniciativa personal. En el mundo de los negocios y del poder empresarial ocurre lo mismo. Es decir, vivimos de hecho una democracia que ha perdido su antiguo componente ético al que sin embargo se apela cuando hay que desalojar las acampadas por estar “atentando contra los derechos y las libertades ganadas en nuestra democracia, y por oponerse a la convivencia y el respeto a los valores democráticos”. Irrisoria paradoja que expresa algo muy serio. El 15M quiere decir que los ciudadanos ya no se creen este discurso, y tenemos toda la razón para ello. Durante años, décadas, hemos asistido a cómo se legisla a espaldas de la ciudadanía y a favor de quienes abusan y exprimen a sus propios empleados, a sus clientes, a los consumidores, a los ciudadanos. Un ejemplo entre muchos que no considero en absoluto trivial son los abusos por parte de quienes nos suministran servicios básicos, como son las compañías de telefonía que recurren gracias a la cobertura de esa ley “hecha por representantes del pueblo elegidos democráticamente” a graves abusos ante los cuales millones de personas nos sentimos estafados, robados, maltratados e incluso extorsionados, sin que podamos ni siquiera recurrir de manera efectiva a la ley. Éste es un mero ejemplo. Peor son las cosas si vamos a terrenos como la vivienda (un derecho constitucional y humano) o la banca. En España esto ha roto cualquier molde y nos llevamos la palma frente a una Europa de empresas más eficientes y responsables que aun conservan algo de la vergüenza perdida en España hace décadas. No voy a seguir relatando cientos de ejemplos que ilustran cómo el ciudadano español se ha sentido impotente y maltratado sistemáticamente con toda justicia para que unos pocos hagan mucho dinero y sigan despidiendo empleados. El colmo ha sido el rescate a los bancos que ahora tenemos que pagar con millones de vidas deshechas y destruidas, de familias rotas por la economía, de destinos y un futuro robados a los jóvenes. La reforma laboral es un fraude y todos lo sabemos. Hay muchos economistas que protestan contra ella y dan otras soluciones a la crisis que no pasan por premiar a quienes la han originado castigándonos a todos los inocentes. Pero hay fuertes intereses y tramas nacionales e internacionales que se oponen a otra solución que no implique la acumulación de la riqueza en oligopolios y bancos gracias al empobrecimiento masivo de la población que se está dando a un ritmo de vértigo, como cualquier historiador sabe y reconoce. Esta dinámica no es democrática. El pueblo no ha elegido esto libremente ni responde a un debate o a una decisión popular. Sabemos cómo se usan las leyes, con su terminología de derechos, democracia y libertades, para destruir nuestras vidas y destruir la democracia. Cómo la ley se hace y se dicta en función de unas pocas familias de empresarios y lobbys (ley hipotecaria, por ejemplo, o reforma laboral).
No ha habido otra solución que salir a la calle. No somos cuatro locos ni antisistemas ni insensatos jóvenes rebeldes. En mi caso, soy un profesor universitario con quince años de antigüedad, filósofo, pedagogo y como muchos de los que hablan en las asambleas, preocupado por el conocimiento y ávido lector. A pesar de las dinámicas autoritarias que persisten, lógicamente, en cualquier asamblea, ya que la sociedad no se funda y empieza desde cero, me ha asombrado y enamorado el luminoso afán de crecimiento popular, de respeto y de ilustración presente en ellas. Doy fe de ello. No echemos manos de prejuicios. En las acampadas, asambleas, concentraciones estábamos todo tipo de personas. Como profesor, como intelectual, como persona, me siento muy orgulloso de que esté ocurriendo esto. Animo a toda la nación a que salga a la calle, a que hable, a que sigamos debatiendo de verdad por primera vez en nuestra historia. Porque el poder es nuestro.
Sin embargo, lo que ha sido un admirable ejercicio de democracia participativa, creatividad, pensamiento, educación, organización, ética, movilización pacífica e ilustración se ha abordado con la manipulación informativa y las amenazas. En este sentido, llevan días intentando provocar la violencia en los ciudadanos pacíficos que exigimos una democracia de verdad. Se busca el que seamos rechazados y que respondamos con violencia. Se oculta la información, se dicen verdades parciales. A la falta de democracia en el mundo de la economía y en sus cómplices los políticos, se suma la desoladora complicidad antidemocrática de muchos medios de comunicación. Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, están desalojando violentamente algunas plazas. La tele no está retransmitiendo nada. Incluso parece que han cortado las cámaras web de calles de Madrid. Después, dirán que tuvieron que responder a actos violentos y lamentablemente muchos lo creerán. Porque la libertad es algo muy serio, casi terrible, y da miedo. Muchos preferirán pensar que éramos cuatro insensatos y que sus vidas siguen en orden y paternalmente manejadas por empresarios y políticos buenos. Pero esta película cada vez se la va a tragar menos gente. Vienen épocas de fuertes luchas sociales. Los economistas lo llevan diciendo desde los noventa. Por ejemplo, Jesús Albarracín, ex – asesor del Banco de España, catedrático y autor del muy recomendable libro La economía de mercado. En la actualidad sobresalen muchos economistas que también están advirtiendo que sin lucha social (pacífica) vamos al desastre, a la esclavitud, a un nuevo orden mundial de componentes totalitarios. Todos conocemos la impotencia y la falta de libertad que en nuestros entornos avalan esto. No sé cómo evolucionará el 15M pero sí sé que hacía mucha falta algo así y que me sumo a ello con toda mi mente, con todo mi corazón y con todas mis fuerzas.
Lo sabio es continuar, por supuesto, la línea no violenta. Responder con paz a la violencia de especuladores, corruptos y de una sociedad dividida y desintegrada en átomos puestos a competir entre sí. Al mal, responder con el bien. A la violencia, responder con la paz. A la brutalidad, responder con la razón. Infatigable, tenaz, paciente y mansamente. Esto tiene la virtud de señalar con claridad, a pesar de la manipulación informativa, de dónde procede en nuestra democracia la violencia y las inercias antidemocráticas. Sin miedo, con mucha calma, dispuestos a que dure mucho tiempo y a que la lucha sea larga, en todos nuestros ámbitos laborales y personales, llenos de humanidad y de dignidad, hablemos, pensemos, denunciemos… Así no van a poder con nosotros. Van a intentar desprestigiar al mayor movimiento pacífico de ciudadanos en pos de la democracia y la ilustración dado en la España reciente. Algo sin precedentes y admirable en nuestra democracia. No cedamos a la tentación. NO VIOLENCIA. RESISTENCIA PACÍFICA, SIEMPRE PACÍFICA. Por primera vez el pueblo reclama la democracia y denuncia los falsos discursos ideologizantes que sirven a la opresión, a la mentira y a la injusticia. Sigamos así, con contundencia. La historia nos sorprende a todos, felizmente. Apretemos la mano que nos tiende.

viernes, 3 de junio de 2011

Ética de la resistencia. A partir del 15M y de la filosofía estoica.

Mi charla debate titulada "Ética de la resistencia" dentro del ciclo "Reflexiones 15M" del grupo de trabajo "Debate teórico" de la Plaza del Carmen (acampada), realizada el 2 de junio en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada.


Marcos Santos Gómez - 02/06/2011 - parte1 from Reflexiones 15M on Vimeo.



Marcos Santos Gómez - 02/06/2011 - parte2 from Reflexiones 15M on Vimeo.


Marcos Santos Gómez - 02/06/2011 - parte3 from Reflexiones 15M on Vimeo.