jueves, 9 de febrero de 2012

Pues yo sí profetizo...

Nadie dice abiertamente lo que cree que puede ocurrir a medio plazo, rindiendo un justo tributo a lo incierto de los ciclos y avatares humanos, en aras de una prudencia por la que, al contrario, sí se afirma “no voy a hacer profecías ni jugar a hacer de profeta”. Se trata de una prudencia epistemológica, a la cual confieso que debería ceder, y otro tipo de prudencia para la supervivencia, que ya no comparto ni me importa un bledo. Porque si lo que uno augura llega a ocurrir, bien, pero si no fuera éste el caso, se corre el riesgo de que uno salga encima apaleado. Esto es especialmente crudo cuando hablamos de temas políticos, y todavía más crudo, si estos temas políticos implican un cuestionamiento de lo que hoy yace tan bien construido y preparado para que nada lo cuestione ni se salga de ello. Me refiero a quienes nos tienta el vicio de profetizar acerca de derroteros que puedan implicar grandes cambios históricos. La equivocación puede ser sonada y es siempre un riesgo, ya que ninguno conocemos todos los factores que habría que conocer para vaticinar el curso de la historia. Fuera de fatalismos de ningún tipo, yo concedo a la historia un amplio margen de libertad dada dentro de condiciones y determinaciones. Resultaría ahora difícil explicarlo y tendría que volver a lo dicho en algunos posts ya viejos de este blog, pero que pueden consultarse y que vienen a exponer las ideas sobre el curso de la historia en Ignacio Ellacuría.

Así pues, toda profecía implica, es cierto, una soberbia epistemológica que encima a uno le pueden devolver para que la pague con creces si las cosas no resultan como uno había dicho. Epistemológicamente, lo que yo, saltándome esta regla de la prudencia pueda vaticinar, no tiene valor, no es algo seguro que yo pueda defender a ciencia cierta. Pero dicho esto, quien me conozca sabrá que suelo saltarme todas las reglas de la prudencia y, cómo no, también lo voy a hacer ahora. El augurio es sencillo y aunque no parte de leyes inexorables ni creencias en ciclos de la historia, sí tengo que decir en mi defensa que parte de la pista de los acontecimientos pasados que aunque nunca se repetirán ni deban hacerlo, sí pueden guiñarnos sutilmente los ojos, como los guardias de la caballería cosaca hacían con los obreros en las revueltas de San Petersburgo en febrero de 1917. Esos hechos nos vienen a decir: “ya ha pasado esto, o sea, algo absolutamente impensable por la gente de la época, y sin embargo, ocurrió”. No tiene que ocurrir algo parecido en sus connotaciones políticas, pero sí puede haber un cambio trascendental en la historia de vez en cuando, en tiempos que parecen acelerarse, y en los que la gente indignada sale a las calles e incluso, en ocasiones, toma el poder. Puede pasar en meses o incluso días.

Si a esta especie de constante humana desde que hay estados añadimos que a todas luces va a desbordarnos un inmenso sufrimiento que irrumpirá destrozando generaciones enteras de españoles y europeos, producto del robo y la mentira, de la brutalidad de un poder eficaz y autocomplaciente, y que cuando la gente sufre, la gente acaba liándola, entonces me atrevo a pronosticar grandes disturbios sociales, una época tal vez de cinco a diez o quince (o mucho más) años de fuerte agitación callejera. Bendita sea si llega. Algo así como lo que en Rusia, en 1917, acabó derrocando a un gobierno y refundando un Estado. No sé si llegaremos tan lejos, dependerá de la soberbia del poderoso y de su falta de escrúpulos y coraje para dejar de masacrar económicamente a su pueblo. Al poderoso no le gusta que la gente le cante las cuarenta, pero me temo que eso es lo que se va a encontrar en España en los próximos años. Esta es mi profecía y asumo el riesgo y la vergüenza de equivocarme. Pero va a ser así.

1 comentario:

Eduard dijo...

Entiendo y respeto el uso que haces del término "profecía", al menos si eso te vincula a Marx, diana fácil para un buen número de filósofos de la ciencia; pero, leyendo tu entrada, veo algún que otro término revelador como, por ejemplo, "pistas". No sé si me explico: me considero epistemológicamente anarquista y, en este sentido, soy escéptico en lo referente al compromiso político de la actividad científica; sin embargo, prefiero pensar que "supones", que "prevés", que "sospechas",etc... Por otro lado, imagino que coincidimos en lo siguiente: si la situación global actual es hiper-compleja, entonces, más que nunca y como nunca antes, valdría al menos como "hipótesis débil" y, si quieres, simbólica, el presupuesto de que lo posible puede ser perfectamente improbable (y si no que se lo pregunten a esos filósofos de la ciencia dedicados a investigar las revoluciones científicas)