domingo, 11 de marzo de 2012

La realidad y el concepto en Lucien Goldmann.


Lucien Goldmann esboza un método de análisis del pensamiento o de la obra literaria basado en el marxismo, que en su libro El hombre y lo absoluto, intenta aplicar al análisis del “espíritu trágico” que según él llega a una cima en Pascal. Su modo dialéctico de explicación quedó descrito en el post anterior en el que además he intentado destacar sus posibilidades a la hora de entender la educación. Siempre he sospechado que no nos podemos conformar en la pedagogía con explicaciones vagas de procesos formales en los que los contenidos no intervienen a la hora de establecer los métodos de estudio de la realidad. Frente a esto, y desarrollado por teorías específicamente pedagógicas como las del soviético Vigotsky, el aprendizaje es, en primer lugar, algo experiencial, en el sentido que lo entendía también Dewey, o sea, algo que se realiza en el abordaje directo de la realidad. Es a partir de esta interacción con los contenidos de la realidad como los métodos de abordaje a la misma van transformándose, como un proceso propio del dinamismo y la maleabilidad del mundo.

Así, en el aprendizaje el hombre se reconfigura, reconfigura sus conocimientos y sus métodos de aproximación al mundo, al tiempo que produce cambios en el mundo “exterior” o lo experimenta. De manera más apropiada, debemos decir que la diferencia que establecemos entre un sujeto que experimenta y siente el mundo y el mundo externo a él y que se nos da pasivamente, es superada por las concepciones pedagógicas y psicológicas más avanzadas. Vigotsky lo hace pero me interesa conectar esta concepción dialéctica con un campo teórico más amplio, como es la dialéctica marxista. Vimos en posts de hace unos meses cómo un pedagogo de la Polonia comunista, Suchodolsky, expresaba esta pedagogía de lo que podríamos llamar una superación de la dicotomía entre sujeto y mundo objetivado, de manera que el mundo constituye al sujeto que lo estudia, de un modo que frente a otras filosofías, el marxismo más dialéctico toma de Hegel. El fin del hombre completo y reconciliado con los demás hombres y con la realidad es la meta a la que con matices diferentes y en función de la época aspiraban las pedagogías marxistas. En un extremo, tenemos a Makarenko, que transmite el adanismo propio de los años 20 en la URSS, el tiempo nuevo, tiempo de reconstrucción de un mundo. Y Suchodolsky, que en los primeros ochenta era reconocido en España y al que le dedicaron números especiales revistas como Cuadernos de pedagogía, era la reflexión madura de lo no logrado aún en el mundo comunista, de los tropezones y equivocaciones prácticas.

Igual que el aprendizaje adaptativo consiste en esa relación dialéctica con la materia que hemos apuntado, el estudio de la educación en sí debe mantener este dinamismo. Goldmann lo aplica a objetos filosóficos y artísticos en su libro, como hemos dicho, pero al tiempo que leo su modo de proceder teórico, pongo un ojo en el estudio de la educación. Goldmann intenta evitar las explicaciones tradicionales de tipo “micro”, que se pierdan en detalles eruditos, en datos y hechos “positivos”. Lo que según él hay que buscar es un método que nos ayude a separar lo accidental de lo esencial, basándose este método en la noción de concepción del mundo que toma de Dilthey. Aunque la escuela de Dilthey lo aplicó sin rigor, dice, es en Lukács donde hallamos el deseado rigor en cuanto a su aplicación. Es necesario tener en cuenta que estamos hablando no de propiamente una esencia ni dato empírico inmediato, sino de un instrumento conceptual de trabajo.

Goldmann aspira a la captación del objeto por la mediación conceptual, es decir, estableciendo el concepto que parcialmente puede explicarlo. Pero no es algo puramente especulativo, sino que debe probar su relación con lo concreto del fenómeno, entendiendo por concreto, como ya sabemos, no el dato inmediato (que por el contrario suele proceder de abstracciones) sino el engarzamiento nuclear del objeto artístico o intelectual con la historia. Se trata de una  coherencia entre el objeto y su mundo que entiende que para captar el objeto hay que verlo en sus relaciones y posición relativa dentro de un entramado histórico, lo cual es expresable conceptualmente. No se capta bien un objeto si se lo intenta captar como algo aislado. Goldmann intenta evitar el atomismo propio de la conciencia moderna burguesa que mantiene formas de la dicotomía cartesiana del sujeto o Yo puro capaz de aprehender un objeto ajeno distanciadamente. La superación de esta modernidad se hará, según el marxista, entendiendo como sujeto un ente colectivo, más bien un “nosotros” que un “yo”. El fenómeno capitalista de la reificación obra en el sentido de invisibilizar este “nosotros” y transformarlo en “una suma de varias individualidades distintas y cerradas las unas a las otras”. Por el contrario, la relación basada en el “nosotros” es la de un Yo a un Tú, y no un yo a otros yo como cosas inaccesibles y cerradas. Goldmann pretende recuperar la relación comunitaria como vimos que Suchodolsky hacía en la Polonia comunista de los años 70.

El sujeto mínimo capaz de compartir una visión del mundo o ideología es la clase social, mientras haya una economía de mercado determinando las relaciones humanas. Así, una concepción del mundo es lo que une a los grupos sociales, generalmente en la forma de clases sociales. Esta consciencia colectiva es la que algunos escritores geniales han expresado, en una especie de mimesis perfecta con lo sentido e ideado por una clase social. Esta consciencia se encarna sin duda en las consciencias individuales, es mantenida en ellas, pero no equivale a su suma. Hay una suerte de cuerpo ideológico expresado y depositado en diferentes zonas de la realidad social. No es una entidad estática, como parece mostrar la idea burguesa de los individuos aislados que interaccionan con la sociedad como con algo ajeno, pero por eso mismo tampoco es producto de la psicología o de las características aisladas de los individuos atomizados. Es, dice, una tendencia común de los sentimientos, aspiraciones y pensamientos de los miembros de una clase. Es esto lo que llega a captar el concepto y que sirve para aproximarse a nuevas realidades concretas, particulares, en lugar de partir de una observación inductiva que recolecte datos y más datos, al modo de los historiadores tradicionales. Por ejemplo, hay que entender el jansenismo para después llegar a Pascal, y no al revés, ya que Pascal reproduce una conciencia que no es únicamente suya. Apunta o expresa algo colectivo y previo. Así que tenemos un movimiento de captación de algo real fuertemente marcado por la dialéctica hegeliana que opera, en lo que al conocimiento se refiere, acoplando esa mediación entre la conciencia que capta y la realidad que pretende ser captada por ella, esa mediación, digo, que llamamos “concepto”. Una mediación, por cierto, que según Goldmann nunca puede ser completa e iluminar absolutamente la realidad, sino que ha de tantearla, o más bien, tantearse ambas, realidad y captación conceptual.

Todo esto quiere decir que la ciencia es y requiere desde el mismo origen (la observación) teoría y concepto. Toda enumeración de datos es ya, incipientemente, una explicación, porque es teorizando como la conciencia puede hacerse con la realidad. Lo que hace Goldmann, creo, es simplemente enfatizar esto, visibilizar el momento conceptual que el positivismo más burdo suele ocultar. Así, hay una parte esencial que define una realidad y los elementos parciales o más accidentales se relacionan con ella. Y esto es así no porque haya entidades metafísicas o especulativas, sino, porque con el materialismo histórico se habría descubierto una parte fundamental de la realidad que subyace a lo demás (las clases sociales). De todos modos, pienso en Bourdieu y otros autores que seguirían acusando a esta visión del marxismo más hegeliano de sustancialista, de especulativa y feamente teórica, a pesar de todo. Yo creo, sin embargo, que lo que emana de esa realidad que Goldmann llama “clase social” es muy real, tal vez con figuras algo distintas, pero lo cierto es que la economía determina las relaciones humanas que por encima de otras cuestiones (género, etc.) son como son por culpa del dinero y de la mercancía. Este marxismo hegeliano aporta una visión macro que en general es operativa y capta algo real en su funcionamiento real, al menos, mientras haya capitalismo. En la pedagogía voy a detenerme en los próximos días en los autores que han considerado un modo similar de ver las cosas.