lunes, 7 de mayo de 2012

¿Dónde está la democracia?


Respecto al actual gobierno de España y el 15 M se da una doble concepción, representada por cada uno de ellos, de lo que sea la democracia. Desde luego, alguien puede afirmar que este gobierno es democrático (¿no ha sido acaso elegido en las urnas?). Y lo es ciertamente a partir de los requisitos formales para que gobierno sea considerado democrático. Pero este mismo gobierno ya ha emprendido una clara acción de tipo policial y legal contra el 15 M. Ha cuestionado la política hecha en las calles y con pancartas, y ha incluso relacionado la agitación en las calles con el PSOE. Uno, ante todo esto, puede dar por hecho además que todo lo que sale de tan democráticamente elegida boca es correcto. Se puede ingenuamente creer que Rajoy y sus acólitos en el gobierno no mienten. Pero en los meses que llevan de gobierno han desdicho de manera descarada y clamorosa todo lo que antes prometían que tal fe se manifiesta bien difícil de mantener. Por el contrario, ateniéndonos a los hechos, no es difícil imaginar que el rosario de mentiras no acabe nunca. Es razonable sospechar que quien miente con tal descaro, no tiene límites.

Frente a los prejuicios esgrimidos por tan poco sincero gobierno contra el 15 M, la verdad parece otra, a poco que se observe y medite. Piénsese que el 15 M ni es monolítico, ni son cuatro gatos, ni está formado por un solo sector de la sociedad. Hay muchos sectores, clases que lo forman: intelectuales, obreros, parados, jóvenes, estudiantes, profesiones liberales y medias… se trata de una microsociedad compuesta por ingredientes de muy diversos niveles económicos o culturales, por aludir a alguno de los niveles que se dan en nuestro muy estratificado mundo. De hecho, y como ocurre en todos los lugares en donde se cultiva el pensamiento con libertad y creatividad, hay división de opiniones dentro de su seno.

Nada de esto lo cuenta la tele ni lo recuerdan nuestros “sinceros” gobernantes. Es más, barren tal diversidad (y tal racionalidad filosófica a la que me refería en el último post) con clichés que repiten como mantras. Así como repiten paradojas que echan por tierra el más mínimo sentido común (p. ej. “facilitamos el despido para crear empleo”, “privatizamos la educación y la sanidad para que sigan siendo públicas”, y un largo etcétera que ya ha pasado a los anales de los más absurdos sinsentidos de los que el poder echa mano para gobernar como sea). No quiero pensar que todos los que han votado al PP tengan tan nublada ideológicamente la vista como para que no vaya habiendo ya grietas que por lo menos hagan cuestionar tan insensatos discursos justificadores de medidas que excelentes economistas no paran de explicar que van a causar una verdadera ruina en la sociedad. Las políticas económicas inspiradas en la FAES de Aznar o Merkel son un insulto a la razón (además de a la moral) y pronto vamos a comprobarlo con mucho dolor y abundante pobreza. Pronto.

Volviendo a la cuestión de la democracia, puede repetirse cansinamente que el gobierno es democrático por haber sido elegido en las urnas y que como además son buenas personas que cuentan con la bendición de una Iglesia a la que hay que obedecer “humildemente”, lo que digan va a misa. Pero si uno felizmente apostata de esta fe en la infalibilidad de un gobierno tan terrenal deberá entender la realidad en su complejidad, sin clichés, sin “buenos y malos” y sin satanizar al otro de manera tan poco cristiana. Y entonces, nuestra autocomplaciente derecha, constataría que la realidad del 15 M no se pinta con los clichés tan repetidos de “violentos”, “antidemocráticos”, “perroflautas”, etc. Por ejemplo, la poquísima violencia que existe en el 15 M es amplificada por una prensa, eso sí, que no amplifica sin embargo los elementos de pacifismo, razón, democracia y creatividad asombrosas que se están dando.
Que nos gobiernan los mejores lo han dicho todos los gobiernos desde que el hombre es hombre. Que la oposición es mala malísima también lo vienen diciendo siempre, maxime cuando la oposición tiene que hacerse ex – céntricamente, periférica y marginalmente en las calles, porque no hay otro modo de ser escuchados. Esto lo sabe la derecha y el PP, porque han salido a la calle varias veces, por ejemplo a defender su ideal de familia o atacar al aborto.

La democracia puede ser vista de muchas maneras. No todo consiste en elegir entre lo que te dan permiso para elegir y después callar ante todo lo que haga quien ha sido elegido, haga lo que haga. Reducir la democracia a este formalismo de las elecciones cada cuatro años es lo ideal para precisamente cargarse la democracia. Es la coartada que hoy tiene la dominación neoliberal. Y esto es lo que intenta desesperadamente señalar el 15 M: que la democracia implica también una nueva actitud y un nuevo sujeto (como decía en el post anterior). No basta con aceptar cualquier ley porque la promulgue un gobierno o unas cortes elegidas en las urnas, sino que estamos obligados a pensar escrupulosamente cada una de las leyes promulgadas. Y cuestionar cosas aunque las repitan como mantras. Cuestionar, pongo por caso, que el PSOE esté detrás de la agitación callejera o que el sindicalismo sea malo porque los sindicatos que hay hayan actuado mal. Afortunadamente las cosas no son tan simples y estamos obligados a pensarlas.

No podemos quedarnos cruzados de brazos y conformarnos con las explicaciones que el poder lanza. Hay mentiras tan gordas que una simple mirada o paseo superficial por el 15 M las echaría por tierra: el 15 M no es, obviamente, el PSOE, pues el PSOE perdió 5.000.000 de votos en gran medida, como ya han señalado varios de sus líderes entre otros Rubalcaba o Chacón, por el 15 M. Puedo comprender que las interpretaciones sean divergentes ante una realidad compleja, pero no que se apoye al propio partido a cualquier precio. No se puede defender bajo ningún concepto que creamos mentiras por haber sido constantemente repetidas. Lo que pido es un poco de racionalidad.

Así, ser demócrata, como intenta serlo el 15 M pero también los votantes del PP que reprueban al 15 M, significa superar ciertos prejuicios culturales, porque son de familia, de grupo… diría, como Bacon, “tribales”. Y desde luego estos prejuicios obran en cualquier persona, vista rastas o camisetas, pero también trajes de chaqueta, ropa de marca o sotana. Del mismo modo que portamos la ropa que nos gusta, por cierto, portamos ropa invisible que nos integra en un sector social, forma de vida y hasta, acaso, “ontología” o perspectiva última sobre mundo, ciencia y persona. Debemos intentar como lo intentaron Adorno, Lukács, Heidegger, Lévinas o hasta Bourdieu o incluso Foucault (cada uno llegando a opciones diferentes, pero todos valientemente pensadores) conocernos a nosotros mismo, como hacía Grecia, y desde dicho conocimiento, tantear y transformar esa materia que llamamos “mundo”, compuesta de biología, sociedad, historia, etc. Hace falta mucha filosofía, que consiste precisamente en este tipo de juegos o movimientos. Esa filosofía que a veces se juega encarnada en ethos y que yo he creído hallar en el ethos del 15 M, en sus asambleas, tan imperfectas como llenas de nobleza.

La democracia es algo muy serio, que no se reduce al voto, pues el voto, aun siendo formalmente democracia, no lo es todo. Desde perspectivas filosóficas y políticas materialistas (que no quiere decir en absoluto “marxistas), que son las que gustan de enfangarse en el mundo para comprender el mundo e incluso para trascenderlo (hay excelentes teólogos, muy creyentes y muy católicos, que son, por ser fieles a la Biblia, materialistas), desde perspectivas materialistas, digo, hay que ir más allá de los procedimientos y entender que votar o hablar en una asamblea o parlamento conlleva también requerimientos personales, materiales  (en el sentido más biológico y físico ahora del término) e históricos concretos. Y morales, claro. Desde aquí un PP victorioso, al gobernar como lo está haciendo, está demostrando que no actúa democráticamente. Es democrático, diríamos, en las formas o procedimiento, pero no en la sustancia. Y para decir esto, hay que salirse del juego concreto electoral, que le ha posibilitado hacerlo. Es decir, hay que acudir a la sociedad civil y a la calle para no jugar con cartas marcadas. Eso es, ni más ni menos, lo que se ve obligado a realizar el 15M. Hemos salido a la calle tras muchos abusos, más de una década de abusos que incluye los de varios gobiernos de distintos partidos.

En síntesis, contra lo que el mántrico discurso del PP repite, podría ser que en el lugar de la “algarada” callejera esté hoy día en España la democracia. Lo que ruego al votante del PP (que siga convencido de que su gobierno lo hace bien y de que los clichés que profiere contra el 15 M son verdaderos), simplemente es que primero piense seriamente, que cuestione o ponga entre paréntesis estos clichés, para después, si quiere, volver a abogar por políticas económicas liberales como las del gobierno. No me importa tanto la conclusión a la que llegue y su interpretación final de los hechos, pero sí me asusta que deje de pensar.