Respecto al actual gobierno de España y el 15 M se da una doble
concepción, representada por cada uno de ellos, de lo que sea la democracia. Desde
luego, alguien puede afirmar que este gobierno es democrático (¿no ha sido
acaso elegido en las urnas?). Y lo es ciertamente a partir de los requisitos
formales para que gobierno sea considerado democrático. Pero este mismo gobierno
ya ha emprendido una clara acción de tipo policial y legal contra el 15 M. Ha cuestionado la
política hecha en las calles y con pancartas, y ha incluso relacionado la
agitación en las calles con el PSOE. Uno, ante todo esto, puede dar por hecho además
que todo lo que sale de tan democráticamente elegida boca es correcto. Se puede
ingenuamente creer que Rajoy y sus acólitos en el gobierno no mienten. Pero en
los meses que llevan de gobierno han desdicho de manera descarada y clamorosa
todo lo que antes prometían que tal fe se manifiesta bien difícil de mantener. Por
el contrario, ateniéndonos a los hechos, no es difícil imaginar que el rosario
de mentiras no acabe nunca. Es razonable sospechar que quien miente con tal
descaro, no tiene límites.
Frente a los prejuicios esgrimidos por tan
poco sincero gobierno contra el 15
M, la verdad parece otra, a poco que se observe y
medite. Piénsese que el 15 M
ni es monolítico, ni son cuatro gatos, ni está formado por un solo sector de la
sociedad. Hay muchos sectores, clases que lo forman: intelectuales, obreros,
parados, jóvenes, estudiantes, profesiones liberales y medias… se trata de una
microsociedad compuesta por ingredientes de muy diversos niveles económicos o
culturales, por aludir a alguno de los niveles que se dan en nuestro muy
estratificado mundo. De hecho, y como ocurre en todos los lugares en donde se cultiva
el pensamiento con libertad y creatividad, hay división de opiniones dentro de
su seno.
Nada de esto lo cuenta la tele ni lo
recuerdan nuestros “sinceros” gobernantes. Es más, barren tal diversidad (y tal
racionalidad filosófica a la que me refería en el último post) con clichés que
repiten como mantras. Así como repiten paradojas que echan por tierra el más
mínimo sentido común (p. ej. “facilitamos el despido para crear empleo”,
“privatizamos la educación y la sanidad para que sigan siendo públicas”, y un
largo etcétera que ya ha pasado a los anales de los más absurdos sinsentidos de
los que el poder echa mano para gobernar como sea). No quiero pensar que todos
los que han votado al PP tengan tan nublada ideológicamente la vista como para
que no vaya habiendo ya grietas que por lo menos hagan cuestionar tan
insensatos discursos justificadores de medidas que excelentes economistas no
paran de explicar que van a causar una verdadera ruina en la sociedad. Las
políticas económicas inspiradas en la
FAES de Aznar o Merkel son un insulto a la razón (además de a
la moral) y pronto vamos a comprobarlo con mucho dolor y abundante pobreza.
Pronto.
Volviendo a la cuestión de la democracia, puede
repetirse cansinamente que el gobierno es democrático por haber sido elegido en
las urnas y que como además son buenas personas que cuentan con la bendición de
una Iglesia a la que hay que obedecer “humildemente”, lo que digan va a misa. Pero
si uno felizmente apostata de esta fe en la infalibilidad de un gobierno tan
terrenal deberá entender la realidad en su complejidad, sin clichés, sin
“buenos y malos” y sin satanizar al otro de manera tan poco cristiana. Y
entonces, nuestra autocomplaciente derecha, constataría que la realidad del 15 M no se pinta con los
clichés tan repetidos de “violentos”, “antidemocráticos”, “perroflautas”, etc.
Por ejemplo, la poquísima violencia que existe en el 15 M es amplificada por una
prensa, eso sí, que no amplifica sin embargo los elementos de pacifismo, razón,
democracia y creatividad asombrosas que se están dando.
Que nos gobiernan los mejores lo han dicho
todos los gobiernos desde que el hombre es hombre. Que la oposición es mala
malísima también lo vienen diciendo siempre, maxime cuando la oposición tiene
que hacerse ex – céntricamente, periférica y marginalmente en las calles,
porque no hay otro modo de ser escuchados. Esto lo sabe la derecha y el PP, porque
han salido a la calle varias veces, por ejemplo a defender su ideal de familia
o atacar al aborto.
La democracia puede ser vista de muchas
maneras. No todo consiste en elegir entre lo que te dan permiso para elegir y
después callar ante todo lo que haga quien ha sido elegido, haga lo que haga.
Reducir la democracia a este formalismo de las elecciones cada cuatro años es
lo ideal para precisamente cargarse la democracia. Es la coartada que hoy tiene
la dominación neoliberal. Y esto es lo que intenta desesperadamente señalar el
15 M: que la democracia implica también una nueva actitud y un nuevo sujeto
(como decía en el post anterior). No basta con aceptar cualquier ley porque la
promulgue un gobierno o unas cortes elegidas en las urnas, sino que estamos
obligados a pensar escrupulosamente cada una de las leyes promulgadas. Y
cuestionar cosas aunque las repitan como mantras. Cuestionar, pongo por caso,
que el PSOE esté detrás de la agitación callejera o que el sindicalismo sea
malo porque los sindicatos que hay hayan actuado mal. Afortunadamente las cosas
no son tan simples y estamos obligados a pensarlas.
No podemos quedarnos cruzados de brazos y
conformarnos con las explicaciones que el poder lanza. Hay mentiras tan gordas
que una simple mirada o paseo superficial por el 15 M las echaría por tierra:
el 15 M
no es, obviamente, el PSOE, pues el PSOE perdió 5.000.000 de votos en gran
medida, como ya han señalado varios de sus líderes entre otros Rubalcaba o
Chacón, por el 15 M.
Puedo comprender que las interpretaciones sean divergentes ante una realidad
compleja, pero no que se apoye al propio partido a cualquier precio. No se
puede defender bajo ningún concepto que creamos mentiras por haber sido
constantemente repetidas. Lo que pido es un poco de racionalidad.
Así, ser demócrata, como intenta serlo el 15 M pero también los votantes
del PP que reprueban al 15 M,
significa superar ciertos prejuicios culturales, porque son de familia, de
grupo… diría, como Bacon, “tribales”. Y desde luego estos prejuicios obran en
cualquier persona, vista rastas o camisetas, pero también trajes de chaqueta,
ropa de marca o sotana. Del mismo modo que portamos la ropa que nos gusta, por
cierto, portamos ropa invisible que nos integra en un sector social, forma de
vida y hasta, acaso, “ontología” o perspectiva última sobre mundo, ciencia y
persona. Debemos intentar como lo intentaron Adorno, Lukács, Heidegger, Lévinas
o hasta Bourdieu o incluso Foucault (cada uno llegando a opciones diferentes,
pero todos valientemente pensadores) conocernos a nosotros mismo, como hacía
Grecia, y desde dicho conocimiento, tantear y transformar esa materia que
llamamos “mundo”, compuesta de biología, sociedad, historia, etc. Hace falta
mucha filosofía, que consiste precisamente en este tipo de juegos o
movimientos. Esa filosofía que a veces se juega encarnada en ethos y que yo he creído hallar en el ethos del 15 M, en sus asambleas, tan
imperfectas como llenas de nobleza.
La democracia es algo muy serio, que no se
reduce al voto, pues el voto, aun siendo formalmente democracia, no lo es todo.
Desde perspectivas filosóficas y políticas materialistas (que no quiere decir
en absoluto “marxistas), que son las que gustan de enfangarse en el mundo para
comprender el mundo e incluso para trascenderlo (hay excelentes teólogos, muy
creyentes y muy católicos, que son, por ser fieles a la Biblia, materialistas),
desde perspectivas materialistas, digo, hay que ir más allá de los
procedimientos y entender que votar o hablar en una asamblea o parlamento
conlleva también requerimientos personales, materiales (en el sentido más biológico y físico ahora
del término) e históricos concretos. Y morales, claro. Desde aquí un PP
victorioso, al gobernar como lo está haciendo, está demostrando que no actúa
democráticamente. Es democrático, diríamos, en las formas o procedimiento, pero
no en la sustancia. Y para decir esto, hay que salirse del juego concreto
electoral, que le ha posibilitado hacerlo. Es decir, hay que acudir a la
sociedad civil y a la calle para no jugar con cartas marcadas. Eso es, ni más
ni menos, lo que se ve obligado a realizar el 15M. Hemos salido a la calle tras
muchos abusos, más de una década de abusos que incluye los de varios gobiernos
de distintos partidos.
En síntesis, contra lo que el mántrico
discurso del PP repite, podría ser que en el lugar de la “algarada” callejera
esté hoy día en España la democracia. Lo que ruego al votante del PP (que siga
convencido de que su gobierno lo hace bien y de que los clichés que profiere
contra el 15 M
son verdaderos), simplemente es que primero piense seriamente, que cuestione o
ponga entre paréntesis estos clichés, para después, si quiere, volver a abogar
por políticas económicas liberales como las del gobierno. No me importa tanto
la conclusión a la que llegue y su interpretación final de los hechos, pero sí me asusta que deje de pensar.
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