domingo, 13 de mayo de 2012

Éxito de la razón, la paz y la justicia.


Ayer viví el aniversario del 15 M acudiendo a la manifestación de Granada. En la foto aparezco con mi amigo Antonio, con el que felizmente suelo coincider en estos menesteres quijotescos. Y con muchos otros, claro. Ahora voy a destacar algunas observaciones y pensamientos, muy brevemente, a partir de la manifestación. Sin apuntar datos que todavía desconozco con exactitud, puedo confirmar que siendo tantos como parece que éramos, sí fue posible observar desde la mayor imparcialidad varias cosas. Como es obvio, escribe estas líneas alguien que se ha confesado varias veces enamorado del 15 M. Eso no lo voy a ocultar, pero, aunque en numerosos momentos haya dado rienda suelta a mis emociones en este blog y escriba con un entusiasmo para mí difícilmente reprimible, voy a intentar mantener una actitud lo más objetiva y distanciada posible. Porque en realidad, no hay mucho que decir, ni mucho nuevo, sólo que cuando lo nuevo se viene un año repitiendo, ya es un éxito cualitativo, mayor que hace un año.

El 15 M se ha mantenido en distintos frentes, dentro y fuera de Internet, constante, consiguiendo éxitos como pactos concretos con sucursales bancarias para suavizar las condiciones brutales singularmente permitidas por la legislación española, para efectuar desahucios y encima mantener endeudadas a las familias arrojadas a la indigencia de por vida. Aquí, ha habido en muchísimas ciudades un frente eficiente de resistencia pasiva (como la abogada por la lucha no violenta de Ghandi) que ha logrado, ya digo, memorables éxitos. Además de esto, ha habido asambleas vecinales y corporativas (por ejemplo, en las universidades y la enseñanza), experimentándose con algo que en décadas nadie hacía: con tener voz y voto en un foro que intenta ser democrático con más ahínco que el propio Parlamento. Un foro que más allá de las torpes inercias autoritarias que todos acarreamos, ha efectuado, aparte de sus decisiones concretas, una ingente labor de empoderamiento, racionalización y pedagogía. Las tres cosas.

De lo mucho que se puede y debe resaltar, en particular, digamos que hay mucho conocimiento que fluye. Gracias al 15 M ya se ven en las calles personas que antes, con todos los respetos, podías oír hablar de fútbol y que ahora conversan sobre economía a un nivel aceptable. Lo impresionante es cómo desde distintos foros, asambleas locales o grupos de Internet, se investiga, recaban datos y se informa de un modo que ha llegado con fuerza a gran parte de la sociedad. Esto ya es un dato para ser destacado en portada en todos los periódicos: que la gente se informe, debata y conozca la realidad de un modo mucho más profundo que antes del 15 M.

Además, como pude comprobar en la manifestación de Granada y se ha visto en las de toda España, como comentaban periodistas que ya no podía sino alabar lo que estaban contemplando en directo, el ambiente de paz, respeto y de escrupulosa organización fueron impecables. Admirables, diría yo, confirmando que no se ha visto nada igual en 30 años. No hubo el menor conato de violencia ni de “antisistemas”, sino gente corriente de distintas edades y orígenes sociales, protestando llenos de paciencia ante una realidad que hay que estar muy ciego para no entender como abusiva. A las provocaciones, se respondió, de nuevo con pacifismo. Nadie puede objetar nada. Lo que se vio fue lo que se vio y lo radiaron cientos de periodistas en directo. En Granada se cuidó de que, me pareció, no hubiera violencia, ni en las consignas siquiera, y no la hubo. Todo transcurrió como en las manifestaciones anteriores y de lo que yo vi sólo puede extraerse la conclusión de que en una situación límite como la española y provocados constantemente por el gobierno y algunos pocos periodistas a sueldo, cada vez más aislados, se ha reaccionado con suma tranquilidad y buen espíritu. Doy fe de ello. Quien oponga violencia a esta razón y a esta paz, quedará automáticamente descalificado.