Se requiere precisar qué sea la “persona”
según Zubiri para entender cómo puede darse una transformación, acaso
revolucionaria, en la historia e incluso a qué bienes dentro de las
posibilidades dadas se debe aspirar. Una concepción utópica de la política reposaría,
en última instancia, en esa realidad que Zubiri llama “persona”. Para comprender
a la persona, además del escrito de Ellacuría que mencionamos en el post
anterior, tenemos un breve texto mucho más sintético de este mismo filósofo:
“La antropología filosófica de Xavier Zubiri”, publicado en Escritos Filosóficos II. La exposición
trata de mostrar la perspectiva zubiriana, harto compleja, que viene a
comprender la persona como una suerte de máxima dimensión de realidad dada en
el hombre, a la que se ha llegado por evolución natural y procesos
psicofísicos, que dota de matices cualitativamente nuevos a las dimensiones más
básicas o primarias. Es decir, la biología del hombre se ha re-producido (sin
finalismos teleológicos exteriores) hasta llegar a ser personeidad, bajo cuya luz la propia biología y los fenómenos de la
animalidad, suceden de un modo cualitativamente distinto.
La personeidad
imprime un carácter peculiar a todo lo
humano. Dicho carácter estriba en el trato con la realidad como realidad, en
cuanto realidad. Recordemos que como señalamos anteriormente, para Zubiri, el
hombre es animal de realidades. Esto tiene una base material pues en ningún
momento se está hablando de “alma” en un sentido espiritualista o idealista,
sino que nos encontramos en estructuras de notas que van componiendo distintas
y superiores, o más complejas, dimensiones de realidad. El hombre es capaz de
cuasi-crear realidad, no desde el vacío
(pues esto sólo sería posible para Dios), sino a partir de lo que resta del pasado,
que son las posibilidades alrededor de las cuales el hombre opta. El pasado es
real, por tanto, en cuanto posibilidad, aunque haya perdido su plena realidad,
como bien señala Zubiri en Naturaleza,
historia, Dios.
La dimensión personal de la realidad es la
historia, entendida como trascendental, como horizonte de posibilidades. Todos
estamos inmersos en un horizonte histórico sin el cual no podríamos mirar. Es
desde ahí que re-hacemos la realidad que somos en un sentido más libre que el
aducido por el reduccionismo sociologicista de la sociología del XIX (Comte),
víctima de un pathos “naturalista” según
Ellacuría desde el cual entiende la sociedad y la historia. Así, frente a Hegel
o a Comte, Zubiri no ve tendencias, fuerzas o corrientes en las historia, como
un poder al que se sometiera lo individual, sino que existe un margen de libre
elección condicionada, que sería lo histórico. La historia concreta puede
incidir en la sociedad, de manera que haya, por ejemplo, sociedades
estructuradas de un modo despersonalizador o de un modo personalizador. La
clave estará siempre en la asunción de la realidad como realidad por parte de
los hombres. Además, la crítica a Hegel que Ellacuría señala en el
planteamiento de Zubiri se ha asemejado, como alguna publicación reciente
indica, con planteamientos de Adorno y la Teoría Crítica, habiendo
paralelismos interesantes también con Marcuse y con Bloch. Este ir a lo
concreto, donde se encuentra la clave de lo que está pasando, es propio de
estas filosofías tanto de inspiración zubiriana como marxista (ambas fuentes se
hallan presentes en Ellacuría). En el objeto concreto, en el “hecho” histórico,
en el individuo y en su psique, estaría operando y viviendo el todo cuya
patología o irracionalidad se denuncia. Este pensamiento posthegeliano
rectifica el exceso de lo máximo del que adolece en parte la dialéctica
hegeliana, su olvido a pesar del intento de integrarlo, de la parte que es,
precisamente por estar integrada, fagocitada por el todo.
En el caso de Zubiri, para entender cómo
opera la corrección a las mistificaciones o reduccionismos de todo tipo, cómo
acude a lo concreto y a la presencia de lo básico en lo secundario, pero al
tiempo que el todo reconfigura a la parte, hay que entender su teoría de la esencia.
“La esencia, en su sentido primario, la esencia constitutiva, es radical unidad
estructural. La realidad es sistema de notas, pero de modo que el sistematismo
es anterior a las notas componentes” (p. 524). Lo que Zubiri entiende por nota
no es en absoluto un átomo con sentido en sí mismo, sino algo en todo momento
relacional, cuyo valor y existencia depende del lugar que ocupa en una
estructura y el modo de relación con las demás notas, su distancia ante ellas.
Por eso, lo básico no son las notas, sino la unidad coherencial de las mismas
que compone la esencia. El todo es más que la suma de las partes y las partes
no son nada sin el todo.
Por ejemplo, la animalidad en el hombre
determina su encuentro con la realidad como realidad, que hace dicho encuentro animalmente. Pero esto, a su vez, obliga
a que su animalidad sea cualitativamente distinta, teñida de realidad, de manera que incluso cuando
ejercemos las funciones más animales somos personas. Incluso renunciando a ser
personas seguimos siendo personas. Recordemos que la persona es la dimensión
histórica, la historicidad, del hombre, en la que se da la cuasi-creación de
realidad en que consiste la historia. La gran diferencia frente a los demás
animales sería que en la persona se da una consciencia de sí misma, de lo suyo,
de lo que es ella de suyo. La “suidad” en el hombre no es el mero carácter de
su realidad como suya, sino la constitución del hombre como realidad a partir
de su carácter de realidad, de lo que es.
Esto significa una trascendentalidad del hombre
por la que todo, desde que existe el hombre, es teñido de humanidad, en la
medida en que todo es el material con el que se reconstituye y cuasi-crea
realidad. “Esta realidad, constitutivamente autoposeída, en la que culmina el
proceso evolutivo hacia una mayor independencia y control, hacia una superior
sustantividad e individualidad, es lo que define primariamente a la persona. Mi
realidad sustantiva es un sistema psico-orgánico que, en función trascendental,
constituye una forma de realidad,
según la cual la realidad del sistema en ‘su’ realidad;” (p. 527). Lo personal
es un nuevo ámbito de la realidad en el que puede crearse más realidad
manejándose la realidad como realidad. La persona es realidad en forma de suidad, en forma de autoposesión.
Persona, pues, es mucho más que “sujeto” (lo
que se define en su relación distanciada con objetos) o Yo psíquico
(personalidad). La persona o lo personal es el juego en el que se juega lo
humano, lo propiamente humano, un juego que es realidad.
Pero además, la persona mantiene algo que es
propio de todas las cosas, de la materia y de la realidad: la respectividad.
Hemos señalado que como relacionalidad, esto se da desde la materia física
atómica (Zubiri conocía a fondo la física de principios del siglo XX, lo que
determina muchos de sus planteamientos en Naturaleza,
historia, Dios y Sobre la esencia).
Esta respectividad de lo real en cuanto real es lo que Zubiri llama “mundo”.
Estar en el mundo es lo que Zubiri llama “ser”. Así, Zubiri, influenciado por
las ciencias, dota de un carácter material y respectivo, real, al mundo y al
encuentro con el ser como algo dado a partir de una previa realidad. Apuesta
por un humanismo (como vuelta a la antropología) que el alemán había abandonado
en el que la centralidad parece ser de nuevo para el hombre, frente a un vago
concepto de ser que el vasco supedita, frente a Heidegger, a la realidad. Todo
esto me hace sospechar que en Zubiri hay un estilo o modo de filosofar muy
similar al de Heidegger, a pesar de algunas diferencias que habría que ir
señalando. El peso que en Heidegger tiene el lenguaje, como casa del ser, es el
que tiene la realidad en Zubiri, como algo previo al lenguaje, como algo en lo
que el lenguaje se ha constituido a partir de las distintas dimensiones de lo
real, en la dimensión más “humana” o personal.

2 comentarios:
Enhorabuena por su entrada, me ha resultado muy interesante.
Le invito a entrar en el blog siguiente, espero que también le resulte interesante.
Un saludo,
Jose.
Zubiri, Cinco Lecciones de Filosofía.
Enhorabuena por su entrada, me ha resultado muy interesante.
Le invito a entrar en el blog siguiente, espero que también le resulte interesante.
Un saludo,
Jose.
Zubiri, Cinco Lecciones de Filosofía.
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