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Mostrando entradas de 2007

Lágrimas en la lluvia

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Estoy terminando de leer el libro ¿Existe Dios?, de Hans Küng. En él aborda el delicado y dificilísimo asunto de la fundamentación de la fe, aun cuando reconoce la imposibilidad de demostraciones válidas de la existencia de Dios, a la vieja usanza (las que se han dado, y superado, tradicionalmente). Küng realiza una exhaustiva revisión de todas ellas, a la par que una jugosa discusión con el ateísmo, en especial, el de los grandes maestros de la sospecha: Feuerbach-Marx, Freud y Nietzsche. Excelente la confrontación con el nihilismo al abordar a Nietzsche y sus epílogos, por cierto.
Es un libro de impecable orden, muy bien estructurado, redactado con la amenidad habitual de las obras de este inteligente teólogo. Su lectura es una excusa para emprender la revisión de las ideologías de la modernidad y los grandes filósofos que han abordado la consistencia o inconsistencia de la realidad desde Descartes y Pascal. Küng relaciona lo que él denomina “confianza en la realidad” con la “confian…

La amarga ironía de un irlandés

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Borges decía que el destino de los hombres es incierto y que manifiesta, a menudo, una gran ironía. Solía poner de ejemplo de esto el destino del escritor Jonathan Swift. Habiéndose convertido hoy en autor de historias para niños, como las de Gulliver, su literatura supone una contundente y amarga reflexión sobre el género humano. Como lector, personalmente, no recuerdo haber leído páginas más lúgubres que expresen mayor amargura sobre nuestra especie. No ya los primeros viajes de Gulliver, tan conocidos, a Liliput y al país de los gigantes, sino los que vienen después en su libro “Los viajes de Gulliver”. Al optimismo de la modernidad opone una humanidad de locos que confían, por ejemplo, en las máquinas más inverosímiles y en su capacidad para producir alimentos a partir de… excrementos, revirtiendo el proceso de la digestión. Además de los detalles escatológicos, que los hay, y muchos, en los viajes se van desmontando todas las ilusiones optimistas y la fe en la incipiente ciencia,…

Autoengaño y justicia.

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He terminado de leer el libro de José M. Castillo al que me referí en el post anterior. Ha resultado una excelente lectura en la que, entre muchos otros aspectos, se muestra que con escisiones entre teoría y praxis o dualismos a la griega entre lo terreno y lo celestial, el alma y el cuerpo, resulta una distorsión del cristianismo y la ética. Según el teólogo, los modelos éticos de inspiración estoica que enfatizan una ética de la virtud, o del perfeccionamiento del individuo, una suerte de pureza moral que no sale del propio sujeto, interiorista y espiritualista, estos modelos, digo, propenden al autoengaño y al colaboracionismo con el mal. Cultivando la virtud en un sentido platónico, el bien no sale de uno mismo, en una suerte de elitismo más o menos soterrado que no sólo no incide en la mejora del mundo, sino que contribuye a la perpetuación de las injusticias, eso sí, con la mejor conciencia. Es la paradoja de quien actúa de buena fe, de la persona muy “espiritual” que a la hora …

Sobre niños y parábolas

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Me encuentro muy gratamente sorprendido por la lectura del libro del teólogo José María Castillo “El reino de Dios. Por la vida y la dignidad de los seres humanos”, publicado en su primera edición (lleva cinco) en 1999, Bilbao. Desarrolla con el lenguaje preciso, claro y sencillo al mismo tiempo, que le caracteriza, una visión del mensaje de Jesús, o sea, del núcleo del cristianismo que, además de suponer una excelente presentación del mismo, puede relacionarse en algunos aspectos con la vida social del hombre, más allá de la vivencia religiosa. Como hasta ahora he visto en pocos sitios, en lo que llevo leído, con contundencia desarrolla la problemática asociada al poder, cuando éste preside las relaciones humanas. Realiza una crítica de las relaciones de poder que cualquiera, creyente o no creyente, puede y debería meditar seriamente. En realidad, que el poder corrompe profundamente al ser humano que lo ejerce o que lo sufre, y que actúa enturbiando las relaciones sociales y, práctic…

¿Qué mundo es el primero?

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Estoy leyendo a Jon Sobrino, un libro de título llamativo: “Fuera de los pobres no hay salvación. Pequeños ensayos utópicos-proféticos.”, publicado este año. En su primer ensayo-capítulo expresa la necesidad, presente también en Ellacuría, de “hacerse cargo de la realidad”, lo cual quiere decir, de su negatividad, del lastre de muerte que arrastra. En efecto, como muchos han resaltado y como los datos reflejan ineludiblemente, vivimos en un mundo que mata, que mata injustamente. Dice el teólogo vasco-salvadoreño, respecto a esa plusvalía macabra que produce la realidad social contemporánea: “A esa muerte, producto de la injusticia, acompaña la crueldad, el desprecio y, por otra parte, el encubrimiento.” Además, subraya, al pueblo que padece se le invisibiliza, o sea, se le ningunea. Según cuenta, había dicho Ellacuría que “el pueblo crucificado es como un espejo invertido en el cual, al verse desfigurado, el Primer Mundo se ve en su verdad, que intenta ocultar o disimular.” Algo simil…

Dos revelaciones nocturnas

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Una figura enormemente atractiva de la historia del pensamiento es Pascal. Éste, de manera opuesta a Descartes, es conducido por la ciencia no a la certidumbre, sino a la inquietud existencial. Como es sabido, Pascal fue un gran científico, precoz, que en un principio llevaba la trayectoria de Descartes, quien era mayor que él. Ambos, como señala Hans Küng, tuvieron dos respectivas revelaciones, en sendas noches, unas horas de nocturna lucidez de esas en que parece resplandecer, con sencilla obviedad, lo que tanto se andaba buscando. La revelación de Descartes, en una fría noche de noviembre, fue el descubrimiento de una columna sobre la cual edificaría un sistema filosófico y racional, aplicando la duda metódica para empezar de cero (supuestamente), un sistema en el que se fundamentaría racionalmente el mundo a partir de la duda y pasando por la certidumbre del cogito. No debió parecerle poco al sabio porque prometió, y lo cumplió, llevar a cabo una peregrinación al santuario de Lore…

Un autor que no pasa de moda

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Recuerdo una vez que alguien me impulsó a rectificar, amablemente, una opinión que expresé en una conferencia que dicté acerca de la tolerancia. Este buen amigo, una vez concluida la charla, me comentó que Erich Fromm, contra lo que yo había dicho en algún momento de mi exposición, está de actualidad. Es un hecho que sus libros se venden con facilidad, que es reeditado continuamente y que se elaboran trabajos y tesis doctorales sobre el mismo. Sus teorías son sugerentes y constituyen un buen instrumento para aproximarse a los fenómenos de fanatismo e intolerancia en las sociedades actuales. En efecto, al margen de su mayor o menor relevancia hoy día, creo que en Fromm tenemos un autor cultísimo, de muy buena prosa, que aúna distintas corrientes que van del ámbito de lo religioso a la filosofía, sociología y psicología. Yo lo suelo comentar e incluir en las clases que imparto sobre tolerancia y filosofía de la educación. Es un paso previo para la correcta comprensión de experiencias ed…

La seducción de Kagemusha

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Hace unos días he visto la película Kagemusha: la sombra del guerrero de Akira Kurosawa. Cuenta la historia de un bandido que es salvado de la pena de muerte para asumir la función de doble de un importante general. Cuando éste es herido en una batalla y muere, los oficiales subordinados, jefes de un ejército que controla una amplia zona de Japón y que tiene sometidos a otros territorios, deciden que el bandido finja durante dos años que es el original, ocultando durante ese tiempo la muerte del guerrero. Al principio el doble elude esta misión, pero cuando es abandonado a su albedrío, decide volver a la corte de los generales y colaborar con el plan, fascinado por la noble tarea que va a ejecutar y la aristocrática solemnidad del personaje que debe emular. De lo mucho que sugiere esta excelente narración cinematográfica, deseo destacar un aspecto: esta absorbente y magnética relación del doble con su modelo. Éste es ocultado, una vez muerto, en una gran tinaja, y es el cadáver del gr…

Paradojas que matan

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Albert Camus estaba especialmente preocupado por los derroteros que las revoluciones podían tomar, por sus contradicciones y paradojas. Los discursos a menudo engañan, pues sugieren una cosa cuando en realidad se está practicando otra. La dialéctica impregna las palabras, de manera que puede ocurrir que los conceptos grandilocuentes encubran precisamente una realidad o intenciones contrarias. Esta ambigüedad del ser humano fue resaltada, entre otros muchos, por Freud, que enseñó, como buen maestro de la sospecha, a recelar de las apariencias. Por eso, un movimiento político o religioso que se plantea un bien concreto para una comunidad humana o, sencillamente, para la humanidad entera, pongamos por caso unos luchadores que pretendan buscar, y lo afirmen, la justicia, pueden estar hundiéndose en el abismo y hundiendo a otros. Unas veces por ignorancia, otras por efecto de oscuros mecanismos psicológicos relacionados con la aceptación de la libertad (Fromm), o tal vez por rabia pura y d…

La vida de los otros

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La vida de los otros es el significativo título, que merece recalcarse, de la excelente película alemana ganadora del oscar 2006 a la mejor película de habla no inglesa. Su protagonista es un capitán de la Stasi (policía política de la antigua RDA) que hace su trabajo con eficiencia, convencido del deber moral y político que le mueve a detener, espiar e “interrogar” a los elementos subversivos, o sea, a los oponentes a un gobierno que administraba el paraíso en la tierra, el cielo de los trabajadores. Él cree en esto y por ello se toma con profesionalidad la misión de investigar a un artista “subversivo”. En tales lares, subversivo era cualquier persona que supuestamente manifestara inclinaciones “capitalistas”, pro americanas, lo que quería decir en realidad cualquier ciudadano discrepante o crítico, que por tanto era considerado enemigo. Todo lo que se saliera de las interpretaciones o decisiones gubernamentales era combatido y perseguido tenazmente. La realidad era que, como presen…

Sobre los desastres

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¿Puede tener el hombre algo que ver con los desastres originados por un huracán? ¿Es algo fortuito, imprevisible, irremediable? Acerca de la formación de huracanes, resulta de actualidad la posible relación con el efecto invernadero, con lo que el origen humano es evidente. Pero a la hora de analizar las muertes, quiénes mueren, hay otra espantosa evidencia de la culpabilidad humana en ese asunto y que suele pasar más desapercibida. En relación con esto, cito tres noticias recientes aparecidas en el diario El País, el de mayor divulgación en España.
“Por su parte, el ex - candidato presidencial [en México] Andrés Manuel López Obrador indicó que la catástrofe de Tabasco se ha debido también a la corrupción de los últimos gobernadores del Estado. López Obrador rehusó mencionar los nombres de los últimos gobernadores, los priístas Roberto Madrazo y Manuel Andrade, pero indicó que la corrupción ha sido ‘devastadora’. ‘Esa entidad [el estado de Tabasco] cuenta con la renta per cápita más im…

Filosofar como un perro

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En las clases de filosofía de la educación que imparto para futuros maestros de primaria y pedagogos procuro enfatizar un aspecto de la filosofía que no es de los más tenidos en cuenta en su enseñanza. Se trata de resaltar que la filosofía implica una cierta actitud, una praxis vital que subyace al discurso teórico y que, deseablemente, hay visiones que han intentado conectar ambos elementos. Es el caso de la idea de sabio propia de la antigüedad clásica, a la que se asociaba una suerte de sabiduría práctica que incluía en manejarse bien en los menesteres propios de la existencia humana, incluyendo la fortaleza ética. Un sabio debía serlo, también, por sus obras, y demostrar su serio interés por la filosofía mediante la persecución de una vida correcta. Desde esta perspectiva, en numerosos autores antiguos, griegos y latinos, no existía esa escisión que a nosotros nos resulta tan habitual, por la que una persona puede decir unas cosas, en un bello y elocuente discurso, y hacer otras. …

Un leve soplo

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En el post anterior mencioné la “horizontalidad”, idea que puede asociarse a una forma (“freiriana”) de entender la educación y que implica, además, un posicionamiento concreto respecto al ser humano y la libertad. He escrito sobre ello en varios artículos aparecidos en revistas de filosofía y pedagogía, alguno de los cuales está on line y lo enlazo en los vínculos de la barra vertical de la derecha en el presente blog. Pero cada vez siento más que el desarrollo conceptual de un asunto teórico requiere un tratamiento paralelo en la forma de narración. Hay verdades que pueden (y a veces deben) abordarse narrativamente, aspecto sobre el que parte de la filosofía contemporánea ha discurrido a menudo y que es recogido por algunas perspectivas. Se trata del papel de la relectura y de la memoria de una tradición cuyo desarrollo puede ser temporal, biográfico, simbólico. Esta forma, propia del arte y la literatura, responde mejor a la ambigüedad que percibimos en la realidad, su problemática…

De oráculos falibles y errores de la pitonisa

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Deseo evocar unas palabras certeras de Khalil Gibran, en su libro El profeta, que comienzan diciendo: “Vuestros hijos no son vuestros hijos: son los hijos de la Vida deseosa de sí misma. Vienen a través de vosotros; pero no desde vosotros; y aunque estén con vosotros, no os pertenecen. Podéis darle vuestro amor; pero no vuestros pensamientos: porque tienen sus propios pensamientos. Podéis hospedar sus cuerpos; pero no sus almas: porque sus almas habitan en la casa del mañana que no podéis visitar, ni siquiera en vuestros sueños. Podéis esforzaros en ser como ellos; pero no intentéis hacerlos como vosotros. Porque la vida no marcha hacia atrás ni se detiene en el ayer. (…)”Es imposible condensar de manera mejor que en estas preciosas palabras la esencia de una relación educativa saludable. Como ya comenté en post anteriores, querido lector, el mañana no puede sino anticiparse en eso que llamé, con Bloch, “esperanza”. Tener esto claro implica, entre otras cosas, ostentar un escrupuloso …

Cuando la hoguera no arde

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Jack London fue un autor prolífico que escribió relatos y novelas ubicados en los más diversos y exóticos entornos. Creo que la sombra de la locura siempre merodeó en sus obras (y en su persona), en las que describe, dentro del ciclo del Ártico, que constituye sólo una parte de su extensísima producción, aventuras en situaciones límites de soledad y peligro. Son cuentos en los que se relata la lucha a muerte del hombre contra una naturaleza hostil, contra otros seres vivos y, a veces, consigo mismo. Hace bastante tiempo que lo leí y recuerdo que me causaron una cierta impresión más allá del mero entretenimiento. Algunos relatos son muy duros. Hay uno que describe el intento infructuoso y desesperado de un hombre perdido en la nieve por encender una hoguera, asunto en el cual le va la propia vida. O un cuento en el que hay un lobo y el hombre, frente a frente, esperando a ver quién muere primero para comérselo y sobrevivir unas horas más. Hay otro sobre alguien que tras una experiencia…

Los molinos inconmensurables

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Como señala Borges, en la percepción que los distintos y sucesivos lectores de El Quijote han tenido de los personajes y el propio entorno geográfico donde transcurre la acción, se ha dado un proceso de mitificación de lo que Cervantes pensó como realidad prosaica, vulgar y corriente. Para contrastar con el maravilloso paisaje y los lugares de la lujuriosa imaginación de las novelas de caballería, el escritor ubicó las andanzas del hidalgo en un páramo seco que para el lector de la época evocaba justamente lo contrario a cualquier novela de caballería. La llanura manchega era, entonces, lo menos parecido al exuberante entorno del Amadís de Gaula. El efecto debió ser chocante ¡una historia de caballería en los alrededores de Montiel o El Toboso! Sin embargo, el alma de los hombres, permanente constructora de mitos y sedienta de ellos, hizo de la meseta castellana del siglo XVII un paisaje de connotaciones caballerescas, que la imaginación lujuriosa y los ideales quijotescos acabarían c…

Triste palacio

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En las clases he recurrido últimamente a un ejemplo que viene a ilustrar el borgesiano “estar perdido” propio del ser humano, es decir, su condición de existente que se pregunta pero que a duras penas halla respuestas firmes (¡y si las halla, malo!). En realidad es una experiencia universal que, como comento en las clases, creo que en mayor o menor grado siente cualquier ser humano que no esté dormido del todo, en ciertos momentos concretos de su vida. Bien, pues el ejemplo al que me refiero es la trayectoria vital y la obra de Omar Khayam, autor persa que escribió en la Edad Media una colección extensa de poemas cortos, pequeñas estrofas, conocida como “Robaiyyat”. En ella desarrolla una problemática existencial a la que llegó debido a su biografía. Tras una vida entregada a la ciencia y el saber, descubre en la madurez que no sabe nada. Es decir, siente que las respuestas a las cuestiones más acuciantes y fundamentales no se las ha dado la ciencia, la teología o la filosofía. Ento…

Próxima estación... esperanza.

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Como tanto insiste Paulo Freire, en la pedagogía es necesaria la esperanza. La educación es una actividad que la presupone, por muchas razones. La espera activa resulta una lógica consecuencia de la natural apertura de lo humano, que en la medida en que nunca está acabado, siempre puede tornar o evolucionar en sentido más o menos novedoso. Es decir, tener esperanza se opone a la visión estática de los esencialismos que consideran todo hecho en el ser humano, explotadas todas sus posibilidades y acabada la forma que adquiere en el presente. Por eso, esperar es, de por sí, subversivo y crítico. Supone adoptar un “¿quién sabe?” que impugna lo que existe en su forma actual. Es como abrir una ventana y dejar que entre el aire fresco. En la concepción de Ernst Bloch, la esperanza es una suerte de principio por el que siempre se supone que es posible ir más allá. Esto pone en marcha, como un motor, el devenir humano. Bloch estudia distintos movimientos escatológicos en la filosofía, la polít…

El horror y las tinieblas

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Ya han comenzado las clases, apenas el primer contacto con los grupos. Pero aunque he entregado los programas de las asignaturas que voy a impartir, continúo con mi repaso mental de las películas o ejemplos utilizables en las clases. Esto es una labor lenta y placentera, que ha de llevarse a cabo sin prisas, y en la que al mismo tiempo me esfuerzo, activamente, en pensar las escenas, imágenes, recuerdos que pueblan mi mente enclavada en el cinematográfico y televisivo siglo en que nos movemos. Y, también, a veces sucede que son las imágenes que vienen casi solas. Así, a menudo, yo busco (o me busca) la película “Apocalypse Now”, de Francis Ford Coppola. No la he explotado hasta ahora demasiado en las clases, pero desde luego, merece la pena tenerla muy en cuenta. Lejos de ser una clásica película de guerra, es un filme del “género filosófico”, podíamos decir. De extensa duración y ampliada en una reciente versión, se basa libremente en la novela “El corazón de las tinieblas”, de Conra…

El jardín

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En España comienza en pocos días el nuevo curso académico en las universidades. En las escuelas primarias y secundarias hace poco que ha empezado. Aunque el calendario escolar varía, evidentemente, según los distintos países, climas y hemisferios. El comienzo de un curso, en cualquier caso, es buen momento para que el profesor o maestro re-piensen y se replanteen lo que se disponen a llevar a cabo. Como tanto se dice, la tarea de educar es importante y hermosa. Esto puede repetirse muchas veces, de hecho, es algo que todo el mundo suscribe y que a veces la sociedad entera puede reconocer. Pero es, en primer término, el propio docente quien se lo debe creer. Repito, pues: tarea importante y hermosa la educación. Ése es el privilegio que tiene el educador en cualquiera de los ámbitos o niveles de la enseñanza formal o informal, el de que debe educar. Es decir, tiene en sus manos, caso único entre los oficios, la transformación directa y desde la base (o sea, la efectiva) de la sociedad.…