viernes, 24 de agosto de 2007

El nombre de la rosa


De los muchos aspectos que abarca esta magnífica novela, El nombre de la rosa de Umberto Eco, vertida al cine con excelente gusto por Annaud, el que compruebo que resulta más misterioso es, evidentemente, su título. Es un título extraño que a duras penas los lectores ubican. Pero merece dedicarle esfuerzo. El propio Umberto Eco no se hace cargo del deseo de muchos de sus lectores y sólo en las Apostillas a la novela dice algo, que más bien supone un rodeo casi indescifrable que una respuesta directa. Curioso y melancólico juego el de este autor. Yo llevo algunos años “usando” la obra literaria en las clases, de la cual leo algunos fragmentos cercanos al final, lo que me obliga a traducir los nombres que lo resuelven todo en letras; en vez de “Fulano”, pongamos por caso, digo X. Esto en ocasiones divierte a los alumnos, pero resulta evidente el fondo trágico de ese juego y eso acaba viéndose. Tampoco ahora voy a desvelar la solución de una novela que, como el mundo, no la tiene. Me sería más grato sacar a colación, lo cual de hecho también hago en la clase, alguna triste escena de la tenebrosa película Blade Runner, que aunque lóbrega y misteriosa, tal vez no llegue a tanto como la desafortunada rosa. Desde luego ambas ficciones hablan de un fracaso colosal, y de un borgesiano jardín de senderos que se bifurcan. Ninguna tiene final. Expresan una patética pérdida de las ilusiones que resume el latinazgo con que culmina el libro (nadie se asuste, que no le estropeo el suspense): “Es la rosa anterior al nombre, pero nada más que poseemos su nombre”. Ciertamente no sé si es una buena traducción, pero a fe, que si es así, lo explica todo. Si la cuestión se asemeja a lo que creo, la cosa es bien, bien triste. El hecho de que todo escape y de que no podamos sino aplicar símbolos, hipótesis y teorías a esa realidad en fuga, fórmulas que a duras penas la contienen, nos refiere una auténtica cura de humildad a los seres humanos nombradores. Resulta que comprender es difícil, mucho más difícil de lo que nos creemos.

En la película se insinúa también que la rosa es aquella mujer de la que se enamoró Adso y cuyo nombre nunca supo. Bueno, un intento de resolver el enigma que tal vez Eco no aprobara. Pero el dolor de no poder asir las cosas con los nombres creo que supera al dolor de la evocación de un amor perdido. Aunque ahora que lo pienso, son el mismo dolor.

Yo no he podido llegar más lejos. En realidad, quisiera pedir la ayuda del lector para en primer lugar, certificar si no me he desviado demasiado del sentido latino en la mala y seguramente errónea traducción que he hecho. El texto original lo puede encontrar en el libro. Y en segundo lugar, pido ayuda para continuar la resolución de esta trampa.

Un saludo.

No hay comentarios: