domingo, 16 de septiembre de 2007

La dialogicidad


La educación, en cuanto “hacer-se persona con el otro”, remite a una estrecha y natural interdependencia de los seres humanos. Por eso, dentro de la filosofía encuentra destacada su importancia en aquellos enfoques denominados dialógicos, en un sentido amplio. Por ejemplo, si rastreamos las fuentes filosóficas de una concepción pedagógica centrada en el diálogo como la de Paulo Freire, nos encontramos fácilmente la influencia directa de autores personalistas o existencialistas que remarcaron lo dialógico en el hombre. En realidad, la comunicación y la relacionalidad humana son temas muy tratados a lo largo de toda la filosofía, por supuesto en los griegos, y con enorme importancia en el siglo XX. De las numerosas perspectivas y autores de este turbulento siglo, deseo destacar, por su influencia en Paulo Freire y su importancia para entender los procesos educativos la denominada filosofía dialógica, uno de cuyos principales exponentes es Martin Buber. Ya el significativo título de su libro más conocido “Yo y tú” aborda esta naturaleza transitiva en el hombre, que necesita de la relación “humanizante” con un tú, contrapuesta a la cosificación de una relación entre “ellos”. Para Buber, la relación con el otro no cosificado, o sea, no tomado como objeto, antecede a todo conocimiento y es algo a lo que se tiende de manera natural, y en lo que nos apoyamos para desarrollarnos y crearnos. También para Lévinas, en la base del fenómeno humano y previamente a toda elaboración metafísica, lingüística o cultural posterior, existe una ética entendida como relación a-lógica con el otro que nos constituye. Esta relación ética básica subyace a todo lenguaje, o sea, se da en un nivel preliminar, estando implícita después en toda actividad humana. Lejos del solipsismo al que remiten otras filosofías, aquí el diálogo entendido como relación (no necesariamente lingüística) con el otro resulta fundamental e imprescindible. Se resalta que no existe desarrollo personal como extensión de un supuesto yo solitario y omnisciente, sino que por debajo de ese mismo yo, está la relación establecida previa y a-racionalmente con el otro.

Otra interesante corriente que resalta el valor de esta dialogicidad humana, exenta de prejuicios de tipo etnocéntrico y cosificadores, la tenemos en el pensamiento de Enrique Dussel. Este interesante autor latinoamericano pretende rectificar una cierta dirección ilustrada que se ha arrogado universalidad sin percatarse de la ideología eurocéntrica que portaba, en su propia concepción de diálogo y razón.

Otros autores significativos en el estudio y puesta de relieve de la dialogicidad han sido Jaspers, Mounier, Marcel. Desde otro enfoque, se podría considerar próximos también algunos aspectos del pensamiento de Erich Fromm. En cualquier caso, con matices evidentemente, tenemos unos filósofos que se encargan de remarcar el importante papel del otro en la constitución de uno mismo, y que, por tanto, se oponen a las visiones que han considerado al sujeto humano como un ente que puede desarrollarse individualmente ajeno al resto de la humanidad. Por eso, también son autores destacados en el estudio de la denominada interculturalidad. Nos hablan de relaciones entre los seres humanos no basadas en el dominio o el poder, ni cosificadoras, sino basadas en una relación que, con matices, podemos denominar “horizontal”. La importancia de esto, además, estriba en que la racionalidad bien entendida ha de considerarlo y pasar por ello. Básicamente, para ellos es buen pensador el buen escuchador.

En la pedagogía, como he dicho, uno de los autores que más ha basado su enfoque teórico y práctico en esto es, sin lugar a dudas, Paulo Freire. Para él, resulta imposible un adecuado desarrollo personal sin que implique la relación horizontal con los demás. A diferencia de Piaget o Vigotsky, introduce el elemento comunitario con mucha mayor fuerza en su pedagogía; en definitiva, la idea de que nos hacemos, necesariamente, con los demás, pero, resaltemos de nuevo, en una interacción mutua de tipo “horizontal”, respetuosa o no autoritaria.

Un abrazo.





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