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Mostrando entradas de octubre, 2007

Filosofar como un perro

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En las clases de filosofía de la educación que imparto para futuros maestros de primaria y pedagogos procuro enfatizar un aspecto de la filosofía que no es de los más tenidos en cuenta en su enseñanza. Se trata de resaltar que la filosofía implica una cierta actitud, una praxis vital que subyace al discurso teórico y que, deseablemente, hay visiones que han intentado conectar ambos elementos. Es el caso de la idea de sabio propia de la antigüedad clásica, a la que se asociaba una suerte de sabiduría práctica que incluía en manejarse bien en los menesteres propios de la existencia humana, incluyendo la fortaleza ética. Un sabio debía serlo, también, por sus obras, y demostrar su serio interés por la filosofía mediante la persecución de una vida correcta. Desde esta perspectiva, en numerosos autores antiguos, griegos y latinos, no existía esa escisión que a nosotros nos resulta tan habitual, por la que una persona puede decir unas cosas, en un bello y elocuente discurso, y hacer otras. …

Un leve soplo

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En el post anterior mencioné la “horizontalidad”, idea que puede asociarse a una forma (“freiriana”) de entender la educación y que implica, además, un posicionamiento concreto respecto al ser humano y la libertad. He escrito sobre ello en varios artículos aparecidos en revistas de filosofía y pedagogía, alguno de los cuales está on line y lo enlazo en los vínculos de la barra vertical de la derecha en el presente blog. Pero cada vez siento más que el desarrollo conceptual de un asunto teórico requiere un tratamiento paralelo en la forma de narración. Hay verdades que pueden (y a veces deben) abordarse narrativamente, aspecto sobre el que parte de la filosofía contemporánea ha discurrido a menudo y que es recogido por algunas perspectivas. Se trata del papel de la relectura y de la memoria de una tradición cuyo desarrollo puede ser temporal, biográfico, simbólico. Esta forma, propia del arte y la literatura, responde mejor a la ambigüedad que percibimos en la realidad, su problemática…

De oráculos falibles y errores de la pitonisa

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Deseo evocar unas palabras certeras de Khalil Gibran, en su libro El profeta, que comienzan diciendo: “Vuestros hijos no son vuestros hijos: son los hijos de la Vida deseosa de sí misma. Vienen a través de vosotros; pero no desde vosotros; y aunque estén con vosotros, no os pertenecen. Podéis darle vuestro amor; pero no vuestros pensamientos: porque tienen sus propios pensamientos. Podéis hospedar sus cuerpos; pero no sus almas: porque sus almas habitan en la casa del mañana que no podéis visitar, ni siquiera en vuestros sueños. Podéis esforzaros en ser como ellos; pero no intentéis hacerlos como vosotros. Porque la vida no marcha hacia atrás ni se detiene en el ayer. (…)”Es imposible condensar de manera mejor que en estas preciosas palabras la esencia de una relación educativa saludable. Como ya comenté en post anteriores, querido lector, el mañana no puede sino anticiparse en eso que llamé, con Bloch, “esperanza”. Tener esto claro implica, entre otras cosas, ostentar un escrupuloso …

Cuando la hoguera no arde

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Jack London fue un autor prolífico que escribió relatos y novelas ubicados en los más diversos y exóticos entornos. Creo que la sombra de la locura siempre merodeó en sus obras (y en su persona), en las que describe, dentro del ciclo del Ártico, que constituye sólo una parte de su extensísima producción, aventuras en situaciones límites de soledad y peligro. Son cuentos en los que se relata la lucha a muerte del hombre contra una naturaleza hostil, contra otros seres vivos y, a veces, consigo mismo. Hace bastante tiempo que lo leí y recuerdo que me causaron una cierta impresión más allá del mero entretenimiento. Algunos relatos son muy duros. Hay uno que describe el intento infructuoso y desesperado de un hombre perdido en la nieve por encender una hoguera, asunto en el cual le va la propia vida. O un cuento en el que hay un lobo y el hombre, frente a frente, esperando a ver quién muere primero para comérselo y sobrevivir unas horas más. Hay otro sobre alguien que tras una experiencia…

Los molinos inconmensurables

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Como señala Borges, en la percepción que los distintos y sucesivos lectores de El Quijote han tenido de los personajes y el propio entorno geográfico donde transcurre la acción, se ha dado un proceso de mitificación de lo que Cervantes pensó como realidad prosaica, vulgar y corriente. Para contrastar con el maravilloso paisaje y los lugares de la lujuriosa imaginación de las novelas de caballería, el escritor ubicó las andanzas del hidalgo en un páramo seco que para el lector de la época evocaba justamente lo contrario a cualquier novela de caballería. La llanura manchega era, entonces, lo menos parecido al exuberante entorno del Amadís de Gaula. El efecto debió ser chocante ¡una historia de caballería en los alrededores de Montiel o El Toboso! Sin embargo, el alma de los hombres, permanente constructora de mitos y sedienta de ellos, hizo de la meseta castellana del siglo XVII un paisaje de connotaciones caballerescas, que la imaginación lujuriosa y los ideales quijotescos acabarían c…

Triste palacio

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En las clases he recurrido últimamente a un ejemplo que viene a ilustrar el borgesiano “estar perdido” propio del ser humano, es decir, su condición de existente que se pregunta pero que a duras penas halla respuestas firmes (¡y si las halla, malo!). En realidad es una experiencia universal que, como comento en las clases, creo que en mayor o menor grado siente cualquier ser humano que no esté dormido del todo, en ciertos momentos concretos de su vida. Bien, pues el ejemplo al que me refiero es la trayectoria vital y la obra de Omar Khayam, autor persa que escribió en la Edad Media una colección extensa de poemas cortos, pequeñas estrofas, conocida como “Robaiyyat”. En ella desarrolla una problemática existencial a la que llegó debido a su biografía. Tras una vida entregada a la ciencia y el saber, descubre en la madurez que no sabe nada. Es decir, siente que las respuestas a las cuestiones más acuciantes y fundamentales no se las ha dado la ciencia, la teología o la filosofía. Ento…

Próxima estación... esperanza.

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Como tanto insiste Paulo Freire, en la pedagogía es necesaria la esperanza. La educación es una actividad que la presupone, por muchas razones. La espera activa resulta una lógica consecuencia de la natural apertura de lo humano, que en la medida en que nunca está acabado, siempre puede tornar o evolucionar en sentido más o menos novedoso. Es decir, tener esperanza se opone a la visión estática de los esencialismos que consideran todo hecho en el ser humano, explotadas todas sus posibilidades y acabada la forma que adquiere en el presente. Por eso, esperar es, de por sí, subversivo y crítico. Supone adoptar un “¿quién sabe?” que impugna lo que existe en su forma actual. Es como abrir una ventana y dejar que entre el aire fresco. En la concepción de Ernst Bloch, la esperanza es una suerte de principio por el que siempre se supone que es posible ir más allá. Esto pone en marcha, como un motor, el devenir humano. Bloch estudia distintos movimientos escatológicos en la filosofía, la polít…

El horror y las tinieblas

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Ya han comenzado las clases, apenas el primer contacto con los grupos. Pero aunque he entregado los programas de las asignaturas que voy a impartir, continúo con mi repaso mental de las películas o ejemplos utilizables en las clases. Esto es una labor lenta y placentera, que ha de llevarse a cabo sin prisas, y en la que al mismo tiempo me esfuerzo, activamente, en pensar las escenas, imágenes, recuerdos que pueblan mi mente enclavada en el cinematográfico y televisivo siglo en que nos movemos. Y, también, a veces sucede que son las imágenes que vienen casi solas. Así, a menudo, yo busco (o me busca) la película “Apocalypse Now”, de Francis Ford Coppola. No la he explotado hasta ahora demasiado en las clases, pero desde luego, merece la pena tenerla muy en cuenta. Lejos de ser una clásica película de guerra, es un filme del “género filosófico”, podíamos decir. De extensa duración y ampliada en una reciente versión, se basa libremente en la novela “El corazón de las tinieblas”, de Conra…