sábado, 5 de enero de 2008

Lo que expresa Dostoyevski




He terminado el voluminoso libro de Küng al que me he referido en el post anterior. En efecto, me he encontrado con que el teólogo lleva a cabo una breve confrontación con el budismo, pero a mi juicio ésta resulta demasiado escasa. Su esfuerzo estriba en demostrar que el concepto negativo de nirvana no lo es tanto, y que, aunque los budistas no lo suscriban, aluden con él a una realidad positiva que lo asemeja a la idea de Dios de los monoteísmos clásicos. Me ha parecido, por lo poco que he leído sobre budismo que cualquier budista serio discreparía hondamente de esto, y que explicaría, en la medida de lo posible, que el nirvana no es equiparable en absoluto con el ser (ni con la nada). El océano en que se disuelve la gota, libre del samsara (rueda de reencarnaciones, el universo y la vida tal como lo conocemos… ilusoriamente) no es Dios. Habría que buscar en los textos budistas y escuchar las interpretaciones de los eruditos de esa religión sin Dios.
Küng, en el libro ¿Existe Dios?, expone su conclusión, tras haber estudiado el budismo, se entiende, pero yo, como desconocedor del mismo, echo en falta más; sospecho que no está todo dicho en esas pocas páginas que dedica al tema el teólogo cristiano. La definición del nirvana es compleja, por ser algo inefable y exterior al mundo, pero la negatividad de los intentos descriptivos del nirvana no son, intuyo, equiparables sin más a la teología negativa que habla negando acerca de una realidad que se afirma. El budismo no creo que haga teología negativa y los textos abundan en su intento de evitar toda confusión con la divinidad. Por lo que entiendo, el nirvana es la cesación del mundo, sin más, y la liberación del fiel es, precisamente, esa muerte que tanto horroriza al cristiano, pero que se sitúa también más allá de las visiones cientificistas y positivistas que continúan la “trampa”.

El budista parte de lo más evidente y apremiante para los seres humanos: el sufrimiento. Y desde ahí ejecuta su reflexión, con un razonable interés práctico y un también razonable agnosticismo respecto a las atrevidas especulaciones teológicas.

Todo esto ha despertado de nuevo en mí la curiosidad y las ganas de continuar explorando el budismo, así como la teología cristiana, ahondando en la confrontación de uno con otro. Verdaderamente, y esto sí lo dice Küng (también Metz) budismo y cristianismo son religiones antitéticas, en las antípodas una de otra.

Aunque, como dije, Küng admite la irrefutabilidad del ateísmo y reconoce el profundo altruismo y solidaridad de muchos ateos (Camus, la ética de la compasión de Schopenhauer, Marx, en España yo añadiría Tierno Galván, y muchísimos otros personajes célebres de la historia y el pensamiento, algunos de los cuales han demostrado ser luchadores infatigables por la justicia, aun a costa de su vida y de sus intereses personales), sí pienso que respecto a la creencia son pocas todas las veces que haya que resaltar una cuestión sencilla: Por muy convencido que se esté de la propia fe, hay que admitir y asumir que existen cientos, miles, de seres humanos que son ateos y que viven bien. Ni son malos, ni irresponsables, ni inmaduros, ni egoístas. El creyente debe entender que un ser humano puede ser ateo (es una posibilidad tan humana como otras) y que se realiza plenamente como ser humano siendo ateo. Ésta es una evidencia que no lo es tanto si nos ciegan los prejuicios.

Por supuesto, el ateo debe asumir esta forma de tolerancia también y está moralmente obligado a ello si ama a la humanidad y respeta a los seres humanos. Es decir, lo religioso forma parte, también, de la experiencia humana. Pero todo ello no quita que, como hicieron algunos filósofos, puedan y deban ser identificadas criticables dinámicas de poder en las instituciones y graves perversiones del mensaje original de, pongamos por caso, Jesús. Asimismo, las contradicciones dentro de las instituciones que se arrogan la herencia de los fundadores, y que, como dentro de la propia Iglesia se destaca, son clamorosas. Por ejemplo: ¿Por qué llorar por el silencio de Dios en Auschwitz? ¿Dónde estaba la Iglesia entonces? ¿Luchó toda su jerarquía con todas sus fuerzas, jugándose los fieles la vida con el ejemplo de Jesús y los mártires, contra el nazismo? ¿O pesó más la “prudencia”, lo políticamente correcto, la “moderación”, el “sentido común” y la supervivencia de la institución como tal? ¿Se lucha sólo cuando la supervivencia de la institución y su poder en la sociedad están en juego? ¿Es eso cristiano? ¿No será que la radicalidad del mensaje cristiano es imposible de asumir desde el poder, si tememos perderlo junto con sus beneficios? ¿No estaremos demasiado apegados a lo “humano”?

Por suerte, la Iglesia cuenta con ejemplos de coherencia que la salvan, como el obispo Casaldáliga en Brasil, y la sugerente, creativa y libre teología de teólogos que no se han resignado a una ortodoxia sin ortopraxis, como Jon Sobrino, Ellacuría y la Teología de la Liberación. En Europa, desde mi desconocimiento del tema, he leído en esta línea a J. B. Metz, un excelente autor que además medita el papel de la “peligrosa memoria” del sufrimiento de las generaciones pasadas. En todo este enfoque, el dolor del crucificado en la historia (pueblos, personas) es el centro de la teología cristiana, tal como lo indica la vida y mensaje (ambos inseparables) de Cristo.

En cualquier caso, encuentro que como filósofo es productivo el diálogo con la teología, disciplina que responde a las preguntas que la filosofía “abre”, pero a las que, si es buena teología, responde con nuevas preguntas o reformulando las preguntas. Son dos campos intelectuales distintos, pero que pueden nutrirse mutuamente, como de hecho ha ocurrido en la historia del desarrollo de cada uno. Lo bíblico judío supone un enriquecimiento, creo, de lo griego, que tal vez deba ser revisado a la luz de las categorías y el pensar propios de la Biblia. Concretamente, tengo en mente a Martin Buber, que lleva esto a cabo en la filosofía. Quizás la reflexión filosófica en torno al mal, la memoria, la relacionalidad humana, deba tener en cuenta lo intuido y expresado “artísticamente” en los textos bíblicos. Tal vez haya momentos en que lo narrativo resulte imprescindible a la hora de considerar determinados asuntos.

… Lo que expresa Dostoyevski ¿puede ser expresado de otra forma?

Un abrazo.

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