domingo, 13 de enero de 2008

Utopía y sentido.


Respecto a lo que hablábamos en el post del 14 de diciembre de 2007 a partir del libro de J. M. Castillo (el post que dediqué a exponer cómo existe una suerte de autoengaño que ayuda a colaborar con la injusticia, pero con la conciencia limpia y autocomplacientemente), he hallado la siguiente cita de Bonhoeffer:

“Con la huida de la discusión pública, este o aquel alcanzan el refugio de la práctica privada de la virtud. No roba, no mata, no adultera, hace el bien según sus fuerzas. Pero en su libre renuncia a la publicidad sabe guardar exactamente los límites permitidos que le preservan del conflicto. Así tiene que cerrar sus ojos y oídos ante la injusticia que existe a su alrededor. Sólo a costa de engañarse a sí mismo puede conservar su intachabilidad privada de la contaminación que produce una conducta responsable en el mundo. Todo lo que hace, jamás le compensará de lo que omite. O bien perecerá en esta intranquilidad o llegará a la hipocresía de todo fariseo.” (Bonhoeffer, D., Ética, Madrid, 2000, p. 66)

Bonhoeffer fue un teólogo protestante alemán que combatió contudentemente, de distintas maneras, contra el nazismo. Por esto, acabó siendo ejecutado en un campo de exterminio. No sé mucho de él. En las pocas páginas suyas que he leído comenta el silencio e hipocresía de muchos cristianos que acabaron colaborando con el nazismo, al negarse a denunciarlo. Como expusimos en el post mencionado, es fácil justificar la propia “parsimonia” con distintos argumentos que siempre vienen muy bien para no tener problemas. Hoy día ya no hay nazismo, pero sí hay, pongamos por caso, Tercer Mundo. Lo que allí ocurre es comparado por autores actuales como José María Castillo o Jon Sobrino con un auténtico holocausto, sin exageración ninguna. Recientemente he leídos datos espeluznantes que hablan de un mundo manifiestamente injusto, inhumano e irracional. Algún día los citaré, pero hoy no deseo abundar en esto, sino tan sólo dar protagonismo a Bonhoeffer, cuya vida y pensamiento, en muchos aspectos, nos aleccionan. Un ejemplo de coherencia, sin duda, que no renunció a luchar por lo que creía, aun a costa de su vida. Es necesario que existan estos contrapesos en la realidad, que, de algún modo y sin superar nunca el permanente mal, sí la salvan justificándola y haciendo que merezca la pena. Quizás también la pedagogía y la educación que se pretendan transformadoras y que busquen el progreso y el bien de las sociedades humanas, deban tener sus miras en ellos.

Ante la tan cacareada falta de sentido, autores como Bonhoeffer nos proponen luchar con todas nuestras fuerzas por la justicia. ¿Por qué no vencer al tedio de la existencia “individualista” implicándose a fondo por un mundo mejor? Y en esto, América Latina debe aleccionar a la desorientada Europa de la crisis de valores.

Un abrazo.

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