lunes, 11 de febrero de 2008

"Más allá", vida eterna y resurrección


Con la lectura del libro ¿Vida eterna? De Hans Küng he terminado lo que él considera su trilogía sobre Dios y el cristianismo. El primer libro, titulado Ser cristiano, es una presentación del cristianismo, en confrontación con otras religiones, y en la búsqueda de su especificidad. La figura de Jesús y la reflexión cristológica ocupa numerosas páginas que se leen con agrado, en ocasiones interesantísimas, y, como los otros dos libros, pensadas para no teólogos, con cierto carácter divulgativo, que sintetiza los datos cosechados por distintos saberes que Küng conoce bien. Son bastante buenas las páginas “apologéticas” en las que defiende la razonable confianza que merece, según él, el planteamiento cristiano. De esto ya hablamos en un post anterior. Pero se me ha quedado con mayor viveza en la memoria lo que quizás parece más anecdótico: los múltiples rostros del fundador, Jesús. Escrito en los años 70, hace un repaso por las numerosísimas y variopintas versiones populares de la vida y hechos de Jesús, en una excelente presentación de las mismas, comentándolas y relacionándolas entre sí. El Jesús rebelde de los hippies o el del musical Jesucristo Superstar coexisten con la casi infinita imaginería religiosa, novelas, cuentos, que ofrecen también infinitos aspectos de la figura más comentada e interpretada, quizás, de toda la historia. Disfruté bastante leyendo este capítulo, en el que Küng plantea las preguntas que intenta ir respondiendo a lo largo de la mayor parte del libro, en el que busca, básicamente, definir lo propiamente cristiano.

El segundo libro, que acabé de leer en las navidades, se llama ¿Existe Dios? Consiste, básicamente, en una confrontación con las filosofías ateas de los últimos siglos. Presenta dichas filosofías y asume sus críticas para pulir la visión y defensa de la existencia de Dios que, con cuidado, realiza en la última parte de la obra. A pesar de la contundente crítica a que se ha visto sometida la fe en Dios, Küng defiende, en la línea del primer libro de la trilogía, que es razonable confiar en Dios, como sustento de la realidad y de la justicia. En una línea pascaliana, la existencia humana y el propio universo pueden desintegrarse en la falta de sentido a que se verían abocados sin Dios. Por eso, dialoga especialmente con Nietzsche. Aunque de todas las impugnaciones de los últimos siglos, se decanta por la de Feuerbach como la más demoledora y contundente, base, a su juicio, de casi todos los ateísmos más serios, muy convincente y llena de actualidad. La respuesta que el teólogo da es la de aceptar que hay mucho de proyección del hombre en la idea de Dios y de vida eterna, pero que hay más, una especie de plus misterioso que el creyente asume como real desde la fe, aunque, en efecto, sólo pueda hablar de él proyectándose y con lenguaje humano. Los seres humanos “humanizamos”, en este sentido, a Dios y al universo. Así, detrás del dualismo y las creencias tradicionales en torno al cielo, el más allá, etc., no está sino el mero deseo, los temores y los viejos anhelos de los seres humanos.

Y es precisamente de ese más allá de lo que trata el último libro que acabo de terminar, titulado ¿Vida eterna? Es de lectura más ágil, menos profuso en datos que los otros, más breve y muy ameno. Comienza refutando las creencias populares en una luz que quienes han tenido experiencias de muerte han vivido. Según él, son falsas muertes, como hoy ya demuestra la medicina, porque el que verdaderamente ha muerto, ha sufrido un proceso irreversible del que no se vuelve. Así que, lejos de proyecciones ilusionadas, tan sospechosamente parecidas a las historias que nos han contado siempre, hay que tomar otro camino al hablar del más allá. A partir de aquí, ya adopta la manera de pensar propiamente teológica. Cuestiona y niega las imágenes tradicionales de Cielo, Satanás, Infierno, alma inmortal, resurrección, juicio universal, para llegar a una definición de vida eterna como integración en Dios, fuera de tiempo y espacio, hacia dentro del propio ser, interiormente. Si lo he entendido bien, resucitar es simplemente, que Dios existe. La esperanza en la vida eterna hemos de entenderla como una promesa de que, contra todas las apariencias, ni el sufrimiento ni el mal tienen la última palabra. Es una seguridad, inexplicable racionalmente, pero en la que podemos razonablemente confiar, según dice, en una línea semejante a la trazada en los libros anteriores. En cualquier caso, se cuida bien de imaginaciones dualistas, y asume que el hombre es corporal, tal como existe, y que no cabe entenderlo de otra manera. La vida eterna sería una especie de nueva vida distinta en muchos sentidos, que no podemos anticipar, simple y llanamente. En fin, no sé si explico bien aquello que Küng evidentemente hace mucho mejor y a lo largo de bastantes páginas. Lo que me parece bueno de Küng es que su visión del cristianismo no supone una desvaloración del más acá, ni de lo corporal, como tanto, y tan dañinamente, se ha hecho con esa teología que salva al hombre pero a costa de… negarlo. No nos habla de ilusiones y fantasmagorías, argumenta con gran capacidad de convicción y cautela al mismo tiempo, y relaciona ciencias, historia y cuantos saberes parece que él maneja y conoce. Es un libro para buscadores razonables, de un buscador honesto, que nos hace pensar y que evita los malentendidos y engaños fáciles que tanto se han dado en torno a estos temas. Es una manera acaso diferente para muchos de abordar la problemática del sentido de la existencia humana y las preguntas que suscitan los dogmas cristianos.

Y finalmente deseo apuntar que en este último libro retoma al principio la exposición y su diálogo con el budismo, creo que de una manera que responde a las preguntas que me habían inquietado al leer los libros anteriores. Explica que en el desarrollo histórico del budismo, la tendencia muestra que se concibe el nirvana en términos más positivos de lo que usualmente parece y creemos, asemejándose el discurso budista, si esto es así, al de las religiones del Libro. Muchos textos budistas podrían interpretarse, según él, como teología negativa, que afirma a Dios mediante la negación de cualidades que bien pudieran ser proyecciones humanas. Quede dicho, ya que hablamos del tema en algún post anterior.

Un abrazo.