lunes, 10 de marzo de 2008

Cuando Hipócrates hace filosofía


He ido a dar con una joya de libro escrito por la norteamericana Martha C. Nussbaum. Se trata de “La terapia del deseo. Teoría y práctica en la ética helenística”, cuyas páginas dedicadas a los estoicos ya las había leído anteriormente. Con un estilo claro, limpio y de exposición bien ordenada y rigurosa, aborda esta obra una interpretación de ciertos aspectos de las filosofías helenísticas, especialmente epicureísmo, estoicismo y escepticismo, que compara con la ética de Aristóteles. Se trata de las distintas éticas materiales que desarrollan, con mucho en común y con algunas cuestiones específicas según de cuál de ellas se trate. Por lo que he podido leer, su punto de partida es la analogía de la medicina con la manera de abordar la ética de estas escuelas vigentes hasta la antigüedad tardía romana. Coinciden en un planteamiento médico, en este sentido, diferente al platonismo. El platonismo descubre el bien o lo bueno y mediante razonamientos procura convencer de ello de una manera lógica, argumentando con propiedad con el fin de que cualquier “mente pensante” pudiera asentir. Es algo equivalente a la ciencia que pretende descubrir verdades inmutables que después se aplican rigurosamente al mundo, pero en el plano ético. La ventaja de esto es que se maneja una noción de verdad (la salud, lo bueno para el hombre) que puede orientar en la confusión del mundo, pero que puede también forzar a los seres humanos a un asentimiento racional como si fueran seres estratosféricos. Es cierto que esta verdad aséptica que descubre la razón (Platón) ejerce una función de limpieza crítica en la medida en que puede hacernos percatar de las falsedades que los hábitos y las costumbres nos hacen creer verdades. Pero resulta peligroso que conceda primacía a la verdad antes que a los hombres, de ahí el proyecto educativo de La República platónica, que se interesa antes por un buen orden que no todos tienen que comprender y basado en verdades que no todos tienen que descubrir ni a las que deben asentir unánimemente (para ello estarían los gobernantes filósofos). Un educador platónico, según Nussbaum, no convence a todos, ni quiere hacerlo.

Lo contrario de la vía platónica es el utilitarismo y los relativismos que no curan, porque ignoran que haya verdades. No hay más verdad que descubrir que aquella a la que asienten las personas… con el peligro de que se puede institucionalizar como verdades las creencias que están en el origen del mal funcionamiento de las sociedades. Aquí no hay manera de distinguir sano de enfermo, entendiendo por sano lo que resulta bueno para el hombre, o sea, lo que produce un mayor florecimiento humano y felicidad. Uno puede incluso creerse feliz sin serlo, confusión que jamás podrá superar sin una noción clara de salud y felicidad con validez universal. Este es el peligro que conllevan muchas posturas de corte relativista o utilitaristas. Si yo decido lo que es sano según lo que me ha enseñado la tradición y que yo asumo de manera acrítica, ¿cómo puedo saber que no lo hago basándome en creencias falsas o raseros equivocados que conducen al malestar?

En medio de estos extremos sitúa Nussbaum a las escuelas helenísticas. Como la medicina, conocen hacia dónde deben conducir al paciente enfermo, pero son conscientes de que el paciente no siempre se halla en condiciones de aceptar el tratamiento. El juicio y las creencias pueden estar perturbados y equivocados. Esto ocurre con la medicina, que se puede encontrar con enfermos que, por razones sociales, niegan serlo. Cuenta Nussbaum las creencias que hacían comprenderse como personas sanas a ciertas ancianas de la India que objetivamente manifestaban diversas patologías y achaques. Para la aceptación de su enfermedad, las ancianas debían cambiar su percepción de la realidad y de sí mismas. Esto es lo que la medicina, en su aspecto más humanista, logra mediante una equilibrada interacción con el paciente, escuchándolo, empatizando con él, conociendo sus inquietudes, opiniones, creencias. Pero para conducirlo hacia una salud a la que el propio paciente debe aspirar una vez esté en condiciones de ello, identificando su malestar. Por eso, hay un rasero objetivo que señala una curación que sólo se logra contando con el paciente, con el cuerpo-persona paciente.

El filósofo helenístico no se contenta, pues, con el conocimiento, sino que entiende la filosofía como transformación del mundo para aproximarlo a lo mejor. Por eso son todos muy buenos educadores. En ellos la filosofía es una tarea en gran medida pedagógica que busca transformar al educando colaborando con él. Creo que en esto Nussbaum tiene muy en cuenta a Séneca, sin duda.

Pero queda la cuestión de si el mundo puede transformarse, también en la praxis política, transformando solamente las creencias y opiniones de los seres humanos, sus cosmovisiones, valores, etc. ¿Curar es tratar los valores? ¿Es necesario algo más? Aquí la filosofía tiene mucho que decir: Nietzsche, Marx, Freud. Creo que la opción de Nussbaum será en gran medida a favor del enfoque helenístico, aun asumiendo los planteamientos de filosofías posteriores a veces muy críticas con dicho enfoque. Muy nietzscheanamente, parece aceptar que no puede haber cambios en las estructuras humanas si no se dan en las valoraciones. En cualquier caso, leeré con atención y atenderé a las razones que esta excelente autora explica con impecable prosa y elegante claridad. Ya iré informando de ello si persisto.

No hay comentarios: