sábado, 26 de abril de 2008

Lo irónico de la risa


El desdoblamiento de lo humano en lo cómico y lo trágico tiene una de sus cimas en Quevedo. Quevedo burlón y dramático, epicúreo y estoico, violenta el lenguaje y lo exprime; en palabras de Dámaso Alonso “Quevedo prensa pensamiento hirviente”. Él sintió lo cerca que está la risa del llanto, que lo chocarrero precisa de lo serio, y pudo creerse la épica y la tragedia (tan cercanas), como Cervantes, pero también reírse de ellas. Yo he terminado en estos días de leer algunas tragedias de Sófocles y, harto de tanto divino improperio, la comedia El soldado fanfarrón, de Plauto. Contra todos los pronósticos, parece que me ha hecho mejor efecto la comedia del romano, por lo que me he decantado finalmente por sumergirme en el Satiricón, que por lo que llevo leído (releído en realidad, ya que lo leí hace mucho, mucho tiempo) es una verdadera gozada. Recuerdo también las célebres discusiones sobre la risa en El nombre de la rosa, acaso un eco de las que realmente se produjeron en la Antigüedad y el Medievo, y encuentro que hay una buena dosis de verdad en lo cómico. De hecho, la separación es, tal vez, sólo cuestión de acentos, porque la risa productiva es la que contiene, dialécticamente, en sí misma, lo trágico. Aún más, como diría Nietzsche, se aproxima más a la afirmación vital, a una realidad, ni superficial ni profunda para el alemán, siendo lo mismo que la tragedia pero sin tragedia.

La comedia tiene además el encomiable poder de cuestionar lo socialmente incuestionable. Su atrevimiento es mayor que el de un Job o Edipo sufrientes y clamando a los cielos… (Freud diría, imagino, que los personajes cómicos son los Job o Edipos cuerdos). Como prueban los carnavales. La lógica del disfraz no es sino darle la vuelta a lo que con marmórea rigidez preside la vida el resto del año, y sólo entonces se hace evidente, por el subversivo poder de la risa, el horror de la esclavitud. Me quiero imaginar las viejas saturnales romanas en las que los patronos servían el vino a los esclavos y hallo que fueron una inteligente grieta en la consistencia del sistema esclavista. En ningún momento, ni siquiera en los escritos de los estoicos, se hace tan evidente que la esclavitud es aberrante y que la sociedad romana era mala… La risa, en efecto, cura.

Así que hay algo más fuerte que el propio amor que en cierto soneto Quevedo hace derrotar a la muerte… Algo más sencillo que el poeta feo sí llevó a cabo con frecuencia, nunca exento de la marca macabra, del estigma con el que nace todo lo humano y del que también surge: La risa.