jueves, 7 de agosto de 2008

Al otro lado


Me encuentro de nuevo, tras algunos años desde la última vez, en El Salvador. Voy a impartir un curso de doctorado sobre las relaciones entre Paulo Freire y algunos pensadores y corrientes filosóficas, aparte de otras actividades académicas. El recuerdo de la anterior estancia en el país me ha estado acompañando todo el tiempo, del modo en que suelen hacerlo los recuerdos: moldeado por acontecimientos posteriores, incluso rehecho en gran medida, idealizado, pulido, entremezclado con otros “pasados” y otros “presentes” una vez convertido en pasaje de la memoria. Un recuerdo vivo que, también, me hizo ver otro futuro.
En efecto, otra vez estoy junto al centro Monseñor Romero, el jardín de las Rosas, la UCA, la casita de huéspedes. De todo ello hablaré en los próximos post, supongo. El Salvador ha pasado a ser ahora dueño de mis instantes, El Salvador, tan cercano y tan lejano para mí. Un rincón de la inmensa y perturbadora América Latina.
Esta vez todo me sonaba familiar al llegar, al contrario que en la primera estancia. Parecía como si no hubiese transcurrido tiempo. Pero lo cierto es que en medio de estos dos momentos ha habido más cosas, más noches, más lecturas. La llegada ha sido tranquila, dejando atrás la asfixiante ola de calor en España y topándome con el griterío de pericos y una vegetación exuberante. Porque aquí la naturaleza es tremenda y fuerte, llena de exaltación vital, pero a veces delicada cuando toma la forma de un diminuto colibrí que aletea inocentemente entre flores.
Aquí he terminado de leer el libro de Hans Küng titulado Credo. Se trata de una interpretación de la oración del credo que el teólogo desarrolla con su habitual amenidad, desembocando en su inteligente visión del cristianismo, un cristianismo que ha escuchado receptivamente a la Ilustración, los maestros de la sospecha, la ciencia, la historia, la crítica textual y las demás religiones. Confirmo mi opinión de que es un autor muy aconsejable para quienes no se convenzan con las posturas más fundamentalistas. Como él dice, la fe es una creencia razonable (no racional meramente) que se sitúa entre las lecturas más literales y puristas, que obligan al sacrificio de la razón y el sentido común, y el ateísmo que, como lógica respuesta al oscurantismo, se plantea como alternativa. Küng justifica el cristianismo en cuanto que la existencia humana gana con él, frente a las dos mencionadas posturas más extremas a las que él va replicando. Según él, se puede creer sin tener que sacrificar todos los logros obtenidos por el saber humano y la historia. Su postura se asemeja en algunos aspectos a la teología de la liberación, corriente a la que pertenece el nuevo libro que he comenzado, aprovechando en lugar en que me hallo: Jesucristo liberador, de Jon Sobrino. Intento, con todas estas lecturas de teología, aclarar entre otras cosas si se puede, como defiende Küng, creer razonablemente y de manera que no implique alienaciones ni peligrosos sacrificios del intelecto. Todos ellos presentan una religión que libera, es decir, que no niega lo humano, sino que, al contrario, lo potencia.

No hay comentarios: