martes, 16 de septiembre de 2008

Diálogo y tolerancia


He comenzado a leer el libro El Islam. Historia, presente, futuro del teólogo cristiano Hans Küng del que, según parece, me estoy haciendo un asiduo lector. Buen motivo para leer un libro es que esté escrito por Küng. Los seguidores habituales de este blog ya sabrán que ha protagonizado bastantes entradas, de las más extensas. Resulta siempre un escritor de buena prosa, claridad expresiva y excelente capacidad de sintetizar y relacionar los vastísimos conocimientos en historia, ciencia, filosofía y teología que posee. Su lectura no cansa, pero argumenta con rigor y profundidad y ofrece interpretaciones y análisis brillantísimos e inteligentes. Su creativa y fundamentada visión del cristianismo y de las religiones, en general, es muy sugerente y digna de tenerse en cuenta por el lector, sea o no creyente. Pues bien, me atraía la idea de conocer su análisis de una religión hermana y de gran parecido con la cristiana. Con enorme respeto y buena intención (es un autor muy preocupado por el diálogo interreligioso), Küng aplica el estudio objetivo de la historia, de los momentos históricos que atravesó el nacimiento y expansión musulmana, a la conformación de la teología y la religión. Como hizo con el judaísmo y el cristianismo, parte de una teoría de paradigmas o grandes modelos de comprensión, que, de manera parecida a la descrita por T. Kuhn en relación con los paradigmas científicos, significan que en función de los cambios en la historia, las cosas pueden verse de un modo específico en la fe religiosa. Por lo que me ha parecido entender, esto significa que existen fases en toda religión, que se caracterizan por una visión específica de la esencia (invariable) de cada religión, dentro de la misma. Y estas fases o modelos se suceden (él distingue varias en judaísmo, cristianismo e islam). Los desafíos de la política, la historia, la economía se vinculan, así, con lo religioso e incluso con determinadas interpretaciones de los textos sagrados.

El texto sagrado cristiano (Nuevo Testamento) ya nació como interpretación teológica de lo que había pasado en torno a Jesús (cartas paulinas, por ejemplo). No era una revelación tal cual, caída del cielo, sino un esfuerzo humano dentro del tiempo humano de explicarse qué había detrás de la vida y palabras del fundador (en especial de su pasión y trágico fracaso en la cruz), al cual acabó integrándose en la tríada divina y viéndose como encarnación de Dios (manifestación humana, histórico-temporal, del Dios trascendente). En el caso del Corán, el texto sagrado procede directamente de Dios, y es una revelación hecha para ser conocida y estudiada tal cual. Por eso existe la imposibilidad de traducirlo a otras lenguas del árabe y la necesidad de usar ésta en la relación del musulmán con Dios. Como se puede leer en el texto sagrado, Dios se dirige en primera persona a Muhammad y a los fieles. Esto señala una diferencia de partida. No hay mucha teología en el mismo texto sagrado sino que se hace después, por parte de los lectores fieles (en cambio, sí hay bastante ética y consideraciones acerca de la buena realización del ser humano y de su relación con Dios). Al menos, esto es lo que me ha parecido entender que afirma Küng. Pero considérese que no he leído todavía ni un quinto de la obra que estoy comentando. Ya vendrán más entradas según avance, como en otros casos.

En general, el autor suizo, destaca los errores cometidos por la tendenciosa historiografía occidental a la hora de relatar los inicios y expansión del Islam. Destaca también los aspectos éticos (muy presentes en el Corán), el valor de la misericordia y el perdón, la aproximación al espacio divino mediante un cuidadoso ritual que significa la oración, la idea de sometimiento a Dios (sometimiento que significa ensalzamiento del hombre, erigido por Dios en su interlocutor). A Küng le interesa llegar a puntos comunes y, también, ver las discrepancias entre las grandes religiones. El punto máximo de distancia, en lo que se refiere al dogma y a la esencia, es la idea de Trinidad cristiana, que el Islam rechaza aunque se tiene a Jesús como un gran profeta, más nombrado incluso en el Corán que Muhammad. Y, claro, persiste también, a nivel dogmático, el no reconocimiento por la parte cristiana del valor y espíritu profético de Muhammad (cosa que Küng sí reconoce del Profeta). Se trata, en definitiva, de hacer un retrato de cada religión en cuestión, su esencia e historia; de ver exactamente qué es ser cristiano y qué es ser musulmán, para mutuo entendimiento. No es sino una puesta en práctica de aquello que según Freire puede sanarnos a los seres humanos: la escucha atenta del otro. Todo camino de realización humana, también el de la paz, pasa por ello. Y creo que esto también lo dicen ambas religiones.