sábado, 20 de septiembre de 2008

El jardín de senderos que se bifurcan


Continúo la lectura del extenso libro El Islam. Historia, presente, futuro, de Hans Küng, el cual a ratos se hace un poco farragoso y demasiado detallado en la exposición de la historia. No obstante, entiendo que esto es necesario para abordar la parte que más me interesa, la que expone y analiza los asuntos propiamente teológicos y de la tradición religiosa. En realidad pretendo hallar una respuesta objetiva a la pregunta ¿qué es ser musulmán?, como la encontré en relación con el cristianismo en el excelente libro, también de Küng, titulado Ser cristiano.

En la parte de la mencionada obra en que me hallo, Küng aborda una cuestión vital: el papel de la tradición (Sunna) que con posterioridad a la revelación coránica se ha desarrollado, sobre todo en el derecho islámico y los hadites (colección de dichos y hechos de Muhammad) que según los enfoques ha llegado a prevalecer respecto a lo estrictamente dicho en el Corán. Esto es un proceso equivalente al ocurrido en el judaísmo y el cristianismo. En este último, como es sabido, a la Biblia se le añadió una tradición (traditio) que sirvió para fundamentar el derecho canónico, que se desarrolló un siglo después del derecho islámico. La diferencia, sin embargo, es que en el Islam jamás se impuso una fuente única con poder absoluto de fundar y crear derecho, como ocurrió con el centralismo teocrático papal. En el Islam se han dado varias escuelas en torno a la tradición y el derecho, paralelas a corrientes teológicas más centradas en la reflexión e interpretación directa del Corán.

Así pues, tanto en el Islam como en el cristianismo surge la pregunta, que a veces se formula el propio creyente serio en silencio, por el peso de la tradición. En el caso del cristianismo, los paradigmas helenístico-bizantino y católico-romano medieval, la tradición de los padres y los concilios, se alzaron como autoridad equivalente y en ocasiones superior a la propia Biblia, como señaló críticamente la Reforma Protestante. Aquí, Küng se pregunta: ¿No ha oscurecido con ello el cristianismo una parte de su esencia? ¿No perjudica considerablemente el tradicionalismo cristiano a la fe cristiana? Por tanto, ¿no deberían revisarse y corregirse ciertas tradiciones? Estas preguntas arrancan desde el más elemental y sano espíritu crítico-reflexivo, y es obligación del creyente formulárselas. Como decíamos en la entrada anterior, la fe no tiene por qué suponer un sacrificio total del intelecto, ni convertirse en una fe irracional y ciega en todos sus aspectos. No, Jesús no indicó nada de ello.

Respecto a la tradición musulmana, Küng también se pregunta: ¿puede ser prescrito para todos los tiempos y para las gentes de todas las épocas lo que es producto de un desarrollo histórico? ¿No perjudica el excesivo uso de la autoridad de la tradición el carácter vivo de la religión? Y, llegando aun más lejos, cuestiona Küng: La esencia del mensaje profético ¿no ha sido oscurecida a menudo por el tradicionalismo? En este sentido, afirma el intelectual suizo: “lo que fundamentalmente mueve a muchos musulmanes actuales es el deseo de regresar a los orígenes, a la esencia pura del Islam, para gozar así de mayor libertad frente a las tradiciones anquilosadas. El Corán les parece (igual que la Biblia a muchos judíos y cristianos) más profundo, sencillo y abierto que mucho de lo que vino después, incluso en cuestiones tan delicadas como el lugar de la mujer y de los no musulmanes en la sociedad o en determinadas cuestiones de derecho penal” (313-314).

En cualquier caso, como me esperaba del autor suizo, el libro que estoy leyendo es una visión que, partiendo del análisis de una religión concreta como es en este caso el Islam, extrae conclusiones válidas también para el cristianismo. Y viceversa. Creo que es un sano ejercicio, por tanto, de tolerancia y respeto, que considera a todas las religiones sabias y dignas de conocerse para conocer la propia. Éste es el espíritu valientemente ilustrado a la hora de plantearse la propia fe al que me refería en la anterior entrada. En suma, Küng aboga por una aplicación valiente y en absoluto opuesta a la fe de los estudios y la investigación a la tradición religiosa. En el mundo cristiano, por ejemplo, asombra todavía cuántos fieles y predicadores se empeñan en defender una visión literal de lo que se dice en las Escrituras, haciendo oídos sordos a la exégesis bíblica. Como si la fe dependiera de ello.