lunes, 6 de octubre de 2008

Ambigüedades de internet


He leído varios capítulos de un libro colectivo recientemente publicado por la editorial Trotta sobre filosofía de la educación: Hoyos, G. Filosofía de la educación, Trotta, Madrid, 2008. Me alegra conocer que la filosofía de la educación está viva y continúa inspirando numerosas obras, cursos e incluso titulaciones específicas de postgrado en varias universidades del mundo. Uno de los capítulos, que en realidad son artículos independientes aunque relacionados, está escrito por el profesor José Gimeno Sacristán, y versa sobre tecnología y educación. En pocas páginas elabora algunos argumentos y conclusiones que me han parecido bastante lúcidos en torno a las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Distingue una suerte de alienación de la que pueden ser víctimas los procesos educativos si se reducen a la lógica impuesta por determinadas tecnologías. Se trata de un sueño de la razón por el que ésta se convierte en mero saber instrumentalizador que determina al mundo y los sujetos empobreciéndolos, es decir, suprimiendo muchas de sus posibilidades creativas y reduciéndolos a categorías cuantificables. El maestro puede diluirse en esta borrachera de la estadística y el número e incluso desaparecer, para ser sustituido por la máquina (ordenador, software, etc.), las categorías evaluadoras y tablas de medida, los objetivos y destrezas, el cálculo y todo lo que aplicado a la educación de manera excluyente supone el triunfo de la racionalidad instrumental y técnica de cuyos peligros ya advirtieran Adorno y Horkheimer. Ésta es sencillamente la escuela para la sociedad administrada.

Hay, por tanto, un peligro que se ha manifestado en cierto uso de la tecnología cosificador, desde los años 60. Pero hace bien el mencionado autor en subrayar otros aspectos esperanzadores que pueden sintetizarse en la función interpelante que las nuevas tecnologías dirigen a la escuela en cuanto que son creadoras de ámbitos distintos a la escuela y de formas alternativas de relación con la cultura y comunicación entre los seres humanos y creación-transmisión de conocimiento. Es esta idea la que a mí, por ejemplo, me condujo a inaugurar el presente blog. Internet, como parte primordial de las TIC, es un poderosísimo y útil medio de hacer cultura y establecer fecundas redes de comunicación y creación del conocimiento, alternativas e incluso diría que revolucionarias. Yo lo vivo y compruebo casi a diario desde esta plataforma virtual.

Está también, no obstante, el peligro de una acumulación de información caótica de desigual calidad en la red, comprobable en cada búsqueda de un término en los buscadores más usuales. Aparece de todo, bueno y malo. Dice Gimeno que habría que establecer un cierto canon de calidad para seleccionar información de internet. Yo creo que, intuitivamente, es lo que hacemos cuando decidimos regirnos con el modelo de ciertas páginas muy bien hechas y fiarnos de ellas. Algo así como las entradas con estrellita de la Wikipedia que señalan cuándo un artículo de la mencionada enciclopedia virtual, libre y colaborativa es digno de imitarse, es decir, es científicamente fiable en lo que dice, entre otras características de calidad. Pero a diferencia de los criterios que pretendiendo la calidad la coaccionan, éste es un proceso natural dinámico que lleva a cabo el lector crítico, que se las ve con algo en continua reconstrucción y cuestionamiento (por tanto nunca abarcable totalmente), a diferencia del estatismo de los libros de texto (que dictan a la realidad cómo tiene que ser). Ofrece la oportunidad al lector de contribuir y participar en el proyecto.

En definitiva, aboguemos por un uso ilustrado y creativo de Internet, no adormecedor y esclavizante.

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