lunes, 13 de octubre de 2008

Teología e historia


Ya he terminado prácticamente de leer las más de 800 páginas del libro de Hans Küng sobre el Islam. Resulta muy difícil resumirlo en el breve espacio de una entrada de extensión razonable, por lo que me limitaré a señalar algunos aspectos solamente, los que me han podido resultar más significativos. En primer lugar el libro es un excelente ejemplo de diálogo y voluntad de paz. Supone un respetuoso intento de comprender la religión musulmana y su evolución en la historia, por parte de un reconocido teólogo cristiano, famoso por su talante abierto e ilustrado. Como él demuestra, lo primero que hay que hacer si uno pretende respetar a las demás religiones es informarse y aprender acerca de ellas, conocerlas con admiración. Éste es el primer grado de respeto y la principal manera de practicar la tolerancia interreligiosa.

Así pues, el conocido teólogo emprende un largo estudio en el que la parte de desarrollo histórico y los vínculos de lo religioso con los distintos sistemas políticos es muy extensa. Exponiendo el curso de la religión musulmana Küng hace teología aplicable al cristianismo, pues de su enfoque a la hora de exponer el Islam pueden extraerse y reconocerse los principios que él siempre ha aplicado a la reflexión sobre el cristianismo y el judaísmo. Su punto de vista, a la vez profundamente respetuoso y crítico concede un papel importante a la historia, como elemento que se refleja en las distintas teologías. De hecho, en las páginas finales, aboga, a partir de todavía escasos eruditos actuales críticos de religión musulmana, por un mayor papel de la visión histórica en la lectura del Corán y la tradición (hadites, sunna), como ha ocurrido, no sin grandes esfuerzos, en el cristianismo. Su postura en la teología es contraria a toda perspectiva a-histórica que se empeñe en repetir las lecturas y elaboraciones teológicas del pasado sin revisiones acordes con los nuevos tiempos. Empeñarse en reproducir puntos de vista medievales (como ocurre también hoy en la Iglesia católica), ideologías de Cruzada y Guerra Santa, demonización de los que piensan diferente, búsqueda de sociedades monolíticas de pensamiento y credo único, todo ello puede obstruir el progreso y volver a modelos autoritarios de sociedades. En definitiva, Küng aboga por una revisión de la teología en las tres grandes religiones abrahánicas que tenga en cuenta los avances de la Modernidad, como por ejemplo los Derechos Humanos (porque los avances tecnológicos sí que parecen asumirse sin problemas).

Esto no significa que se tenga que imponer una visión “occidental” a nadie. Cabe recordar, dice, cuánto esfuerzo costó y cuántos obstáculos tuvo que pasar un proyecto como los Derechos Humanos, dentro del mismo occidente, hasta materializarse en la conocida declaración de 1948 por la ONU. En realidad, quienes se opusieron en Europa y América a ellos fueron las castas dirigentes a quienes interesa muy poco el espíritu crítico y de reforma. Hubo que vencer grandes resistencias, entre otras, de la Iglesia Católica, que jamás los admitió hasta el Concilio Vaticano II. No ha sido, por tanto, un proyecto europeo de colonizadores, sino que surgió enfrentándose precisamente a las ideologías de los colonizadores dentro de la misma Europa. Desde esta constatación, Küng ve también con buenos ojos la Reforma Protestante en la medida que, independientemente de sus excesos y también crímenes, supuso una revisión acorde con los tiempos del paradigma latino-medieval en la Iglesia Católica. Del mismo modo que también actuó, en este sentido, el Concilio Vaticano II.

Espero más adelante leer las dos obras restantes sobre el cristianismo y el judaísmo en las que Küng, premiado y reconocido por comunidades judías y musulmanas, aplica estas mismas ideas a su interpretación de la religión. Aboga, en suma, por una historización antiesencialista de las construcciones teológicas y los dogmas, que no contradice necesariamente el origen divino de los textos sagrados ni la verdad de la respectiva fe. Su lectura es siempre sugerente y muy estimulante, por lo que esos libros prometen ser también un placentero paseo. Creo sinceramente, como Küng, que la tesis del conflicto de civilizaciones es ideológica y tendenciosa, pues si se toman las cosas como hace Küng, en las grandes religiones hay potencialidad suficiente para el diálogo tolerante y la paz. Puede haber una convivencia tranquila y respetuosa entre las mismas, y cuando esto ocurra, habrá paz sin necesidad de que una anule y destruya a las otras como, lamentablemente, también puede ocurrir.

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