martes, 23 de diciembre de 2008

Cuando todo depende de la suerte


Ayer en España se celebró el gran sorteo de la lotería de Navidad, como cada año por estas fechas. En los noticieros dedicaron más de veinte minutos a presentarnos el previsible jolgorio de los ganadores, con el consabido champán, los cantos y los saltos y los abrazos. Todo como siempre. El espectador de esta felicidad a veces mira la pantalla insensible ante el circo que se muestra o manifiesta algún tipo de empatía, acaso un asomo de sonrisa, ante la contemplación de una fiesta de tal calibre. Pero yo, como me decía Jake, estoy empeñado en ver el lado tenebroso de las cosas, que suele ser, por cierto, también el más cómico. Por eso, yo califico de tragicómica la celebración de los ganadores (y el llanto de los perdedores paralizados por su dolor).

Nos recuerdan año tras año que la suerte es de todos, que a cualquiera le puede tocar el premio. Aun más, en todas las cadenas de televisión se oía el también consabido comentario que versa así: “Han sido agraciadas personas humildes que lo necesitaban, residentes en un barrio obrero”. En efecto, es para celebrar cuando la fortuna le toca a uno, en especial a quienes más lo necesitan. Aunque hay personas que trabajan de sol a sol, sin vislumbrar una salida, sin premio alguno... pero eso también, puede pensarse, es cuestión de suerte. Y no digamos quienes por la crisis (y tengo casos conocidos) se han quedado en el paro. Aquí nuevamente es la diosa fortuna la que hace de las suyas, pues toca como quiere y a quien le place. Todo tiene el encanto de la magia. De hecho, seguro que alguno de los agraciados había puesto velas a algún santo que medió para que el Todopoderoso mirara su desgracia particular, producto también de la suerte, pero esta vez de la mala suerte. Porque ya lo decían los antiguos, la fortuna es libre, imprevisible y lo único que podemos hacer es someternos a sus designios ciegos. Así que mañana, los españolitos volveremos a conformarnos con la cara lúgubre de una diosa fortuna menos generosa, que nos acompañará todo el año. Aunque siempre podremos poner velas a los santos y realizar sortilegios el fin de año para llamar su atención. Diremos, mientras nos dedicamos a los hechizos, que todo es puro azar: la riqueza y la pobreza, que siempre han existido, y que lo sabio será conformarse con ello. Después de todo, en España tenemos tanta buena suerte que somos parte de la eufórica Europa que acaba de prohibir que la jornada laboral ascienda a las inicialmente propuestas 65 horas. Qué bien, qué suerte tenemos.

En el espectáculo televisivo de ayer había una incongruencia difícil de advertir y, por qué no decirlo, una inmoralidad.

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