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Mostrando entradas de febrero, 2008

¿Quiénes hablan en la pedagogía?

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Paulo Freire nos conduce a una visión de la pedagogía que se presta a malas interpretaciones, como aquella empeñada en ver su pedagogía como algo anacrónico, o sólo bueno para contextos de pobreza o analfabetismo. Esto es un error equivalente al de querer ver en la forma concreta que adquirió su método de alfabetización la única posible y transplantable a otros contextos bien distintos del ámbito rural del nordeste de Brasil en los años 70. Si nos empeñamos en esto, en efecto, su pedagogía sólo manifiesta efectividad en contextos muy concretos. Pero no es éste el caso. Su visión trasciende el medio en el que se desarrolló y puede inspirar praxis educativas muy efectivas y útiles en los rincones de Europa. Si concebimos lo bueno para los educandos más allá de lo meramente requerido por nuestras sociedades de mercado, la cosa puede cambiar. Más, si nos percatamos de que la opresión puede manifestarse soterrada y sutilmente, incluso en medio de la riqueza y el supuesto bienestar. Será de…

Martin Buber y Paulo Freire

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Hace unas semanas releí “Yo y Tú” de Martin Buber, y ahora tengo entre manos “El conocimiento del hombre” del mismo autor. Me está gustando mucho y encuentro una estrecha relación entre sus ideas y el pensamiento pedagógico de Paulo Freire. Creo que para entender bien a Freire puede ayudar bastante conocer el pensamiento dialógico de Buber. En concreto, el enfoque que del lenguaje y la palabra tiene el autor judío, su teoría del conocimiento y el análisis que hace de las experiencias con mescalina descritas por Aldous Huxley son temas sobre los que he leído recientementeen el libro “El conocimiento del hombre”. Interesantísima la desmitificación de la sobrevaloración que, excéntricamente, ha podido ver en la droga un viaje o conocimiento interior que enriquece la experiencia vital. A juicio de Buber, el consumidor occidental de mescalina se cierra al contacto con el otro, y sustituye la relación con la alteridad por una suerte de relación interna y cerrada consigo mismo. Esto signific…

El mal que no cesa

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Un tema clásico de la teología y la filosofía ha sido la conciliación de un Dios bueno y omnipotente con la existencia del mal, dividido a veces en mal moral (a partir de las acciones humanas) y mal físico (a partir de la naturaleza, como los terremotos o las enfermedades), a lo que puede añadirse el mal metafísico (imperfección del mundo debido a su finitud). Tanto la filosofía como la teología han buscado, a menudo infructuosamente, respuestas. Pienso que es un asunto básico en la reflexión humana, más que el de por qué hay algo en vez de no haber nada, por qué el mundo está ahí. Este problema parte de la curiosidad humana. Pero antes que la curiosidad intelectual, está la existencia (vida personal), a menudo dolorosa de los seres humanos. Es por esto que la pregunta por la existencia del mal es, creo, anterior y más perentoria que aquello que no es sino curiosidad intelectual. El hecho de que la vida duela es un asunto vital, prioritario, vinculado directamente con la vivencia de e…

"Más allá", vida eterna y resurrección

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Con la lectura del libro ¿Vida eterna? De Hans Küng he terminado lo que él considera su trilogía sobre Dios y el cristianismo. El primer libro, titulado Ser cristiano, es una presentación del cristianismo, en confrontación con otras religiones, y en la búsqueda de su especificidad. La figura de Jesús y la reflexión cristológica ocupa numerosas páginas que se leen con agrado, en ocasiones interesantísimas, y, como los otros dos libros, pensadas para no teólogos, con cierto carácter divulgativo, que sintetiza los datos cosechados por distintos saberes que Küng conoce bien. Son bastante buenas las páginas “apologéticas” en las que defiende la razonable confianza que merece, según él, el planteamiento cristiano. De esto ya hablamos en un post anterior. Pero se me ha quedado con mayor viveza en la memoria lo que quizás parece más anecdótico: los múltiples rostros del fundador, Jesús. Escrito en los años 70, hace un repaso por las numerosísimas y variopintas versiones populares de la vida y…

Un espejo turbulento

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Recuerdo que tras acabar la lectura de Los hermanos Karamazov, de Dostoyevski, la conmoción me duró dos meses. El impacto que la novela causa en el alma, su fuerza, es tal que resulta difícil eludir la resaca que deja, como un eco que resuena hasta mucho después de acabarla. La sensación es de haber culminado una desgarradora reflexión sobre los seres humanos, de haber sido arrastrado por una acción y unos personajes de intenso magnetismo. Dostoyevski siempre produce este efecto, pero en Los hermanos Karamazov se multiplica. Fue su última novela, en la que condensa toda una vida extraña y profunda. Es conocido cómo se libró de un fusilamiento con los ojos vendados y esperando la orden de fuego, en el último momento. Es una anécdota que refleja bien lo que constituyó su vida y su obra. La novela que en estos momentos centra nuestra atención, querido lector, sintetiza su pensamiento, labrado a lo largo de su agitada existencia. Sus protagonistas son tres hermanos que expresan tres estad…