miércoles, 12 de noviembre de 2008

Sí hay futuro


Después de un tiempo dedicado en gran parte a la confección de un artículo y a la docencia, vuelvo a este querido blog, en cierto modo prolongación de ambos intereses profesionales (investigación y docencia). Han sido tardes enteras de biblioteca y hemeroteca en distintas facultades, hasta la noche. Además he leído algunas cosas interesantes de Benjamin, Kafka y otro libro de Torres Queiruga titulado “Repensar la resurrección”. Y las clases van bien. En estos días la reflexión aborda el carácter postmoderno de nuestras sociedades, de la mano de textos, películas comentadas en clase y algo de literatura. El laborioso y lento proceso del diálogo en que todos nos educamos va surtiendo su efecto en todos los que nos vemos periódicamente en clase. Un diálogo freiriano que encuentro realizado en un descubrimiento musical que hice hace algunos años. Se trata de Manu Chao, con su curioso collage de lenguas y músicas. Su música tiene un efecto similar al de un abrazo, por el que se hace evidente que en el mestizaje crecemos. Escuchándola uno siente cerca lugares lejanos y utopías acaso olvidadas que renacen en un disco que es una única, prolongada y frecuentemente alegre canción. Con los sonidos fabrica un puente que manifiesta la inutilidad de guerras por muy preventivas que sean. Porque Manu Chao se moja y hace lo que todos tendríamos que hacer… aunque Goliat se pierda entre las nubes y su voz rugiente derribe a las personas como muñequillos, aunque la victoria parezca clara y previsible para los mismos de siempre, y aunque los lobos y los carros de Babilón acechen.