jueves, 20 de agosto de 2009

El otro lado


Dentro de las múltiples caras de la realidad, la literatura más “sencilla” podría caracterizarse por escoger el predominio de una, a la que muestra hiperbólicamente. No es el camino de muchas obras cuya riqueza es mostrar varias caras, pero sí es el camino de géneros muy determinados. Por ejemplo, la literatura de horror escoge ensalzar el aspecto terrorífico e inquietante que parece esconderse y en ocasiones desatarse en la naturaleza y el hombre. Lovecraft hace decir, en este sentido, a un personaje suyo: “Sí, Thurber, hace mucho que decidí que había que pintar el terror de la vida lo mismo que se pinta su belleza, así que me puse a explorar en lugares donde tenía fundados motivos para saber que en ellos el terror existía”. Hay todo un estilo o técnica literaria que consiste en un desdoblamiento de la realidad en una parte apacible y otra tenebrosa, irracional, lóbrega, inquietante, misteriosa. Viene a la mente la genialidad con que Nietzsche diferenció lo apolíneo de lo dionisíaco, siendo esto último el trasfondo subyacente al mundo como caos y desorden que sólo la embriaguez (un arte embriagado) puede transmitir. El filósofo alemán más adelante se decantó abiertamente por encarar esta faceta dionisíaca del mundo que el arte apolíneo pretende domar. Fue partidario de aceptar la realidad expresada por lo dionisíaco como la faceta predominante del mundo. Hay una fuerza desbordante en la naturaleza, de carácter irracional, demoníaca y desasosegante.

Parece que gran parte de la literatura podría interpretarse también como una lucha entre elementos apolíneos y dionisíacos, entre el lado indomable e inquietante de la naturaleza, y el afán por ordenarlo y armonizarlo. Hay géneros muy concretos en los que se muestra dicho combate, con el predominio final de uno u otro lado. Por ejemplo, la literatura policíaca juega con esta lucha titánica que la Modernidad parece haber emprendido, lucha en la que la victoria suele ser en ella para la razón, la norma y la ciencia. En el otro extremo de la apuesta, tenemos el género de horror en el que lo más oscuro, retratado como inframundo amenazador que irrumpe en nuestra realidad ordenada, obtiene la victoria. Juega con este presentimiento de todos los hombres, atávico, de que hay algo en la naturaleza que la desborda y que puede hacer daño. Se da una traducción de lo dionisíaco como lo horrible y terrorífico. La propia evolución natural es vista por Lovecraft como algo que actúa deformando, como un principio en el que lo horrible y ambiguo reaparece una y otra vez destructivamente.

Desde luego lo horrible es matizado de distinta manera por los diferentes autores, pero lo interesante es que parece responder a una suerte de miedo arraigado en el hombre, relacionado con su indigente impotencia frente a una naturaleza y un mundo inexplicable y furioso. El hombre se siente así ante las propias fuerzas naturales y en su etapa infantil, ante un mundo que le sobrepasa. Lejos de visiones idílicas, a menudo la naturaleza manifiesta de hecho un aspecto cruel y despiadado que impugna muchos deseos humanos de paz y sosiego. La literatura ha elaborado esto creando estilos y géneros en los que aparece y reaparece esta característica asociada a miedos profundos en el hombre. En todo ello, además de vivencias, hay una verdad filosófica que consiste en la imposibilidad del conocimiento humano y la razón para abarcar todo lo existente, en el elemento imprevisible del supuesto orden natural, en lo deficiente de muchos esfuerzos racionales por entender el mundo desde sí mismo, un mundo que sorprende, atosiga y en ocasiones asusta. Es como si hubiera insinuaciones en él que, en el caso de la literatura de horror (y policíaca) son interpretadas como amenazantes. Es posible, también, que el carácter tremendo (tremens) de la divinidad tenga su origen en estas percepciones e interpretaciones.

Como ya he dicho, la literatura policíaca o de horror retratan una épica de la modernidad, en la que ésta mide sus fuerzas con la furia y la ira desatadas de la naturaleza. Dentro del género policíaco, deseo aludir también al, aparentemente ajeno al mismo, ejemplo de la serie televisiva “Dr. House”, que según ciertos foros de internet parece que en la próxima temporada nos mostrará esta lucha de fuerzas dentro del propio Dr. House, sumido en la locura y en las alucinaciones. Promete, sin duda.