domingo, 30 de agosto de 2009

Filosofía, leones y boxeo


Hay dos elementos de la biografía de Ludwig Wittgenstein, extraídos de la obra de Ray Monk, que me han asombrado y que deseo destacar. El primero, que se relaciona con el último párrafo de la anterior entrada de este blog, es su enorme afición a los relatos y novelas del género negro. Wittgenstein fue también un boxeador que en su combate por hallar verdad o verdades comprendió que, frente a lo que él mismo había defendido en el Tractatus, tenía que ensuciarse y mezclarse con los contextos que acompañan a las verdades. El carácter de duro camaleónico propio de los detectives del género negro sería el propio del filósofo en su combate con la realidad para mostrar que ésta está plagada de irreductibles juegos de lenguaje que conducen a conclusiones inseparables de los mismos. Hay que vivir en el mundo del león para entender lo que dice el león, y hay que ser filósofo para comprender la irreductibilidad de un juego de lenguaje a otro. No se trata tanto de verdades sino de contextos. Wittgenstein pasó años de su vida, tras haber labrado el limpio Tractatus, buceando en los distintos mundos, diferenciándolos, jugando, en sus escritos, a cada juego, multiplicando la mirada y paseando por ellos.

Sin embargo, en el filósofo austriaco siempre perduró, al parecer, una suerte de religiosidad básica que no acabó de expresarse con los dogmas y verdades de ningún credo. Ya apunta a ello el Tractatus, en sus alusiones a lo místico y a la imposibilidad de expresarlo con palabras. Incluso hay quien ha entendido que el mayor interés de esta obra es arañar religiosamente lo más allá del lenguaje que se nos muestra, fatalmente, inefable. Por eso la de Wittgenstein sería una religiosidad sin teología, o, a lo sumo, con teología negativa. Esto condena la religión a un campo de sentimientos, a-racional, que podría quizás entenderse como simple emoción ante la vibrante existencia o ante el mundo como un todo (lo místico). En Wittgenstein ya aflora la desazón del desencantado pensamiento postmoderno que anhela re-encantarse. Su filosofía es la propia de una pérdida y de un cierto vacío, de una consciencia madura de los límites (del lenguaje, del mundo, de los juegos de lenguaje entre sí) y de una valentía digna del héroe de guerra que él fue o de los ficticios detectives de la novela negra.