jueves, 4 de marzo de 2010

la razón imperialista

Acabo de asistir a dos interesantísimas ponencias en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, en el marco de las jornadas internacionales “Diálogos entre las ciencias sociales y movimientos sociales. Miradas, preguntas, (des)encuentros”. La primera ponente ha sido María Paula Meneses, de la Universidad de Coimbra, y el segundo en intervenir ha sido Ramón Grosfoguel, de la Universidad de California, Berkeley. Ambos han manifestado la necesidad de cambiar el enfoque eurocéntrico en el pensamiento social y la universidad. En particular, Ramón Grosfoguel ha desarrollado muy a fondo una problemática que entronca con la gran crítica a la modernidad, a su juicio eurocéntrica y occidentalizante. Ha basado gran parte de su discurso en la ética y política de la liberación de Enrique Dussel, que, ciertamente, significa un nuevo paradigma que supera este problema de la modernidad como discurso cerrado en sí mismo y que es aplicado al otro invisibilizado al que se incluye con trampa, de manera asimilativa. Este pecado original de la modernidad se ha extrapolado a todos sus hijos, incluidos los movimientos más críticos y enfocados en la emancipación. Ciertamente, Ramón ha sido portavoz de una gran corriente, abundante en América Latina, África y algunos centros de Estados Unidos que se esfuerzan no tanto en incluir al otro, sino en ser con el otro, en dialogar horizontalmente (y por primera vez he oído a alguien emplear el adjetivo “horizontal” en un sentido muy similar al que yo suelo utilizar y que, en mi caso, procede de Paulo Freire). En este movimiento que él ha expuesto con gran acierto y precisión la preocupación es detectar las dinámicas por las que un pensamiento occidentalizante, aun con pretensiones emancipatorias, funciona mayoritariamente en las universidades. Pero lo más interesante de la cuestión ha salido a relucir cuando un asistente con su intervención expresó su sospecha de que el planteamiento de la multi-versidad ante la uni-versidad podría incurrir en un tipo de relativismo de raigambre postmoderna. Según este interviniente, el discurso liberador de, por ejemplo, el marxismo, el feminismo, los derechos humanos, no pueden ser desechados por su origen occidental. Pero el ponente ha matizado que él se halla lejos de impugnar por completo los productos occidentales, aunque sí propugna que en estos discursos liberadores se identifiquen los elementos “imperialistas”. Dussel emplea el término “Yo imperialista” que remite al subjetivismo cartesiano de la modernidad, el de un sujeto con atributos divinos que ha sustituido al Dios medieval. Este ego cartesiano se presenta como un sujeto aséptico, omnisciente, omniabarcante, capaz de irradiar con su luz los más oscuros recovecos de la opaca alteridad. Este ego, así entendido, es una ficción. Ramón basa su crítica al pensamiento eurocéntrico en la crítica a esta ficción cartesiana. Da, frente al mismo, importancia al diálogo entre alteridades, partiendo el conocimiento de esta suerte de dinamismo o movilidad básica del que conoce (¿el “ego” transformado en “nosotros”?). En general, me ha parecido que su discurso sigue en gran medida las razones de Dussel, autor que a mí también me parece una excelente alternativa, como he considerado en post anteriores, a algunos productos modernos-occidentalizantes, como la reilustración de Apel y Habermas, el positivismo o incluso el marxismo y Foucault ha mencionado el ponente. De un modo u otro, en estos productos occidente no ve lo suyo que irradia y fagocita al otro. Un ejemplo a mi juicio elocuente es el de la convicción que existe de que los derechos humanos son meramente occidentales. Según Ramón esto es un prejuicio que reproduce dinámicas imperialistas en el pensamiento.
Ante la acusación de relativismo, Ramón se ha defendido muy bien, creo. Él no ha planteado una multiculturalidad postmoderna que ha adoptado el capitalismo, sino que hay, siguiendo a Dussel, incluso un principio material para una ética universal, el de la obligación de salvaguardar la vida. Así, hay que distinguir las falsas inclusiones de lo periférico (indígenas, latinos, africanos, etc.) con una inclusión real, en la que occidente estaría dispuesto a dinamitar sus prejuicios. Así, está claro que el trasfondo de estas ponencias es la cuestión epistemológica y el posicionamiento filosófico ante la modernidad. El trabajo de sociólogos, antropólogos y personas involucradas en movimientos sociales allí presente debe fundarse, previamente, en una idea de razón y de ciencia. Lo más profundo e interesante de la discusión ha sido el debate en este campo. Como hemos ya comentado, el peligro omnipresente que el ponente ha debido sortear ha sido el del relativismo.

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