martes, 23 de marzo de 2010

Walter Benjamin, Ilustración y hermenéutica

A continuación de lo que llevamos comentado, José Manuel Romero en su libro Hacia una hermenéutica dialéctica, compara la “hermenéutica de lo concreto” de Walter Benjamin con la concepción de la hermenéutica, primero en Heidegger y, después, en Gadamer. Respecto al primer Heidegger, resalta cómo se da una ontologización de la hermenéutica de la facticidad que él propone en Ser y Tiempo. Es decir, la pre-comprensión (no teorética u objetivante) de la facticidad en que se halla el Dasein es el marco concreto en el que éste procede al encuentro con el Ser, para asumir un destino y anclarse en él, tras la angustia que le revela esa facticidad como fundamento infundado. Así, el Dasein detiene su movimiento y olvido en lo fáctico, para hallar la nada subyacente a dicho vagar en lo dado. A juicio del autor del libro que estamos comentando, Heidegger es presa en todo ello de una sutil dinámica moderna en la que reintroduce el hombre y la persona al otorgar relevancia al tipo de ente que es el hombre (Dasein), en un giro de tendencia subjetivista y trascendentalista kantiana. En definitiva, una recaída, a juicio de Romero, en la modernidad. Este peligro sería eludido por Benjamin “al volcarse sin reservas en los productos históricos singulares en su radical concreción, renunciando a algo así como una hermenéutica del sujeto ya sea individual o social”. La historicidad del Dasein en Heidegger lo es al modo idealista, o sea, abstracta, frente al ceñimiento en lo concreto de Benjamin.
Hay un matiz también que diferenciaría a Heidegger de Benjamin en cuanto que éste intenta conmocionar la experiencia de un modo distinto a Heidegger. La hermenéutica de lo concreto de Benjamin opera contra el mito y las fantasmagorías intentando un despertar y una concientización respecto a lo histórico. Esto es, en definitiva, un sentido político en la hermenéutica que profesa, frente al sentido ontológico de la hermenéutica heideggeriana. Además, lo que en Heidegger acaba siendo repetición (asunción de un destino antiguo por el Dasein), en Benjamin es redención, que implica un cierto salto hacia lo diferente en la historia, hacia lo nunca dado (utopía).
Respecto a la comparación con Gadamer, Romero resalta cómo Benjamin introduce la discontinuidad en su hermenéutica, el ejercicio de la ruptura con una tradición de la que se intenta recoger lo no dicho y lo excluido de la misma, interpretando desde lo concreto. La tendencia de Gadamer sería, en este sentido, de cariz conservador, pues aunque reconozca la posibilidad de distintas lecturas y relecturas de la tradición, resulta difícil en su hermenéutica la conexión con lo no dicho. En el fondo, creo, estamos ante la tensión que se ha dado en la filosofía del siglo XX entre, por un lado, un ubicarse dentro de la facticidad histórica que constituye (y desintegra) al sujeto, resaltada de maneras distintas por Gadamer (crítico con la modernidad) y el historicismo (típicamente positivista y moderno); y, en el otro extremo, la vocación de salirse, periférica y excéntricamente, de la facticidad constitutiva, ejerciendo un distanciamiento de la misma, también de un modo moderno (crítica ideológica, binomio sujeto-objeto) y postmoderno (pensamiento de la diferencia).
En esta tesitura, la dialéctica de la Ilustración expresa la imposible tarea de la razón en su labor disolvente que finalmente la impugna a ella misma (carga contra sí y contra el sujeto pensante) y que acaso coincide con el estabilismo del burgués triunfante ya asentado en el poder y al que, lógicamente, interesa evitar una instancia crítica del tipo que había requerido contra el ancient regime. Al burgués le puede venir muy bien que la razón continúe su disolución hasta llegar a afectarse ella perdiendo su fuerza para impugnar y cuestionar lo dado en la historia (burguesa). El desenfrenado autodesmenuzamiento de la propia razón (moderna, de la identidad) es ciertamente producto del sano afán disolvente y crítico con que naciera, pero al romper con la identidad introduciendo en sí la diferencia (Derrida) o su debilitamiento (Vattimo) podría mostrar una peligrosa impotencia para cuestionar con contundencia lo fáctico. Veíamos esto en un post anterior. En cualquier caso, estamos ante la que podría ser la principal discusión en la filosofía actual, protagonizada, por ejemplo, entre Apel-Habermas (reilustración, ex – centricidad con matices), cierto pensamiento postmoderno (más o menos disimulado escepticismo) o la hermenéutica de Gadamer (centricidad, inmersión en lo fáctico).