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martes, 25 de mayo de 2010

Arqueología de la escuela


De un modo semejante a los análisis de Foucault, los profesores Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría emprenden una arqueología de la escuela desarrollando una sociología e historia de la educación que se sustenta en las nociones de lucha de clases, genealogía del poder y constitución de entidades históricas como “infancia”; todo ello aplicado a lo que se ha dado en llamar Modernidad. Así, en el primer capítulo del libro Arqueología de la escuela presentan el surgimiento de la escuela en la forma que ha perdurado hasta hoy (exámenes, calificaciones y clasificación de los alumnos, pérdida de participación de éstos en la propia institución donde aprenden, creación del pupitre individual, los profesores como funcionarios y representantes del Estado, etc.). Así, poco a poco y frente a la Edad Media, se fabrica la infancia como edad prolongada en un entorno específico para la misma, como es el de la escuela. La infancia sería según este análisis el periodo de escolarización en el que masivamente se va confinando a los niños sobre todo a partir del siglo XVIII. Esto se enmarca en el esfuerzo por regular y sustituir el viejo papel de los gremios, con el fin de fortalecer al poder central frente a ellos y de controlar a las clases pobres adiestrándolas para los oficios, moralizándolas y asegurando el orden social. La pedagogía surgiría como saber vinculado a los colegios asociados a algunas órdenes religiosas e instituciones educativas de la modernidad, aunque guste de hallar sus fundamentos en autores antiguos, de manera que se puedan aplicar sus nociones para encontrar métodos eficaces para el aprendizaje de conocimientos y la regulación general del comportamiento. Se enfatiza el papel del maestro como modelo de virtud y autoridad moral al tiempo que se reglamenta de un modo que en las universidades medievales apenas existía, fomentando el individualismo competitivo en los estudiantes típico de la universidad moderna (en este sentido el examen se hace cada vez más presente y la necesidad de ir aprobando cursos y asignaturas). Así pues, en torno a la figura del maestro cobra importancia su papel de agente moralizador frente al papel fundamentalmente intelectual del maestro de la universidad medieval.
Ya en el siglo XIX cuando se regula con mayor fuerza la profesión docente se produce un efecto de distanciamiento de clase entre el maestro y los alumnos procedentes de las clases populares que fueron incorporadas a la enseñanza elemental. Este desfase es paralelo al abismo cada vez mayor entre lo intelectual y lo práctico, entre formación y aprendizaje. También, paradójicamente, a pesar del discurso de la libertad propio del humanismo se va constriñendo y sometiendo cada vez más a las personas individualizadas. De hecho, se establece una relación cada vez más piramidal en las instituciones educativas. Se asocia el saber a este modelo verticalista y va imponiéndose en sermones, manuales, reglamentos, una ideología que prioriza el orden sobre todo, identificando este orden social con el bien moral. El control de la educación y su regulación se hace fundamentalmente, según los profesores Varela y Álvarez Uría, para controlar a las grandes masas de obreros y pobres, cuando se puede ir prescindiendo del trabajo infantil, y compitiendo con una educación surgida del seno de estas masas. Tanto es así que la escuela, como producto moderno, hará la competencia a la familia como agente de socialización. El maestro, por tanto, dispondrá de un saber técnico sobre el mantenimiento del orden y la disciplina (educación de la voluntad) y  de un saber teórico de cariz metafísico esencialista sobre la educación, el niño y la didáctica.    
Creo que tanto desde estudios de tipo histórico de reglamentos e instituciones como desde el estudio de ideas y concepciones teóricas sobre la educación se puede vincular lo escolar con la sociedad burguesa nacida con la modernidad. Al menos el planteamiento de los autores que estoy presentando así lo asume. La escuela actual sería un producto típicamente moderno que se entiende asociado a la atomización y regulación milimétrica y omniabarcante de la sociedad (Foucault).