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miércoles, 23 de junio de 2010

Críticas a algunas teorías de la resistencia en pedagogía.

De manera algo inexacta, Giroux contrapone las teorías reproduccionistas sobre la escuela, en las cuales destaca Bourdieu, con lo que denomina “teorías de la resistencia”, en las cuales incluye una tradición más o menos reciente de estudios de carácter marxista de la escuela. Esta contraposición la basa en que las primeras supuestamente no proporcionan fundamento teórico para la lucha y la resistencia contra lo hegemónico, mientras que las segundas sí. Pienso que al menos en el texto de Giroux que he leído no acierta bien con algunas claves e implicaciones de la teoría de Bourdieu. Es cierto que yo he tenido la impresión, leyendo La reproducción, de que el francés incurre en un cierto fatalismo sociológico que no deja claro la posibilidad de resquicios para la oposición a la “arbitrariedad cultural” hegemónica. Pero si uno se aproxima a Bourdieu teniendo en cuenta obras posteriores, y en esto resulta muy reveladora la lectura del esclarecedor libro Razones prácticas, se comprueba que Bourdieu tiene una respuesta para los reproches del norteamericano. A pesar del fatalismo que como he dicho es verdad que en ocasiones he percibido yo también en la obra de Bourdieu, él explicó en algunos momentos la posibilidad de dinámicas sociales críticas con lo hegemónico, como lo es la propia comunidad de los científicos que respondiendo a una lógica conservadora inscrita en el sistema social, sin embargo, por una inercia atribuida a la ciencia en sí (libido sciendi, lo denomina Bourdieu), es capaz de abrir brechas y provocar cambios sociales. Que uno investigue por razones de prestigio, por ejemplo, no implica que en el hecho de indagar en la búsqueda científica de verdades, no se avance hacia nuevos terrenos en lo social.
Pero sí es más grave otro error que he captado en la comprensión que de Bourdieu manifiesta Giroux. Se trata de que éste atribuye al francés un uso determinista del concepto de “clase social”. Esto chirría bastante, porque precisamente, en el universo social de los campos de lucha y distinciones, lo que Bourdieu pone en juego son puras relaciones de elementos (género, poder adquisitivo, capital cultural, etc.) que se definen por la distancia relativa que van manteniendo entre sí. Bourdieu eludió claramente todo substancialismo en la sociología, que considera un error de la modernidad que los marxistas han mantenido en gran medida, con sus dicotomías y entidades “ficticias”, como “clase social dominante” o el imperio de lo económico frente a otros factores. Resulta increíble que Giroux achaque precisamente a Bourdieu lo que éste reprocha sin cesar de otros sociólogos.
Pero centrándonos en las denominadas por Giroux “teorías de la resistencia”, también encontramos, según él, algunas deficiencias. Ellas sí explican, a juicio del norteamericano, los fenómenos de lucha y oposición a lo hegemónico. Pero les reprocha haberse quedado algo cortas. Por ejemplo, no afinan en describir bien el carácter muy contradictorio y ambiguo de los fenómenos sociales de resistencia, para lo cual hay que tener una cierta sensibilidad ante lo cultural, y no sólo atender a lo estructural. “Las conductas de oposición, así como las subjetividades que las constituyen, son producidas en medio de discursos y valores contradictorios” (p. 137). Esto quiere decir que en ocasiones se ha recurrido a explicaciones simplistas. Otra debilidad es la carencia de los factores de género y raza. Hay dominación en muchos sentidos y ámbitos. Curiosamente, éste es un rasgo predominante y definitorio de la sociología de Bourdieu que Giroux no parece haber visto, una sociología que contestaba, como hemos dicho, al reduccionismo marxista de las clases sociales y lo económico. Afirma Giroux: “La falla de no incluir a las mujeres y a las minorías de color en tales estudios han llevado a la tendencia teórica, más bien acrítica, de concebir románticamente las formas de resistencia, aun cuando ellas contienen visiones reaccionarias acerca de la mujer” (p. 140). En realidad, en la resistencia coexisten factores positivos con factores reaccionarios, por lo que todo estudio de lo social que quiera atender a las resistencias, debe estar obligado a matizar y afinar bien, a entender acaso dialécticamente lo contradictorio de las mismas. Y esto nos debe conducir, contra lo que dichas teorías también parecen haber olvidado según Giroux, a la psicología profunda, a cómo la dominación afecta a la estructura de la personalidad misma. “Lo que se necesita es una noción de alienación que señale la forma en que la falta de libertad se reproduce a sí misma en la psique de los seres humanos. Necesitamos entender cómo las ideología dominantes limitan el desarrollo de necesidades polifacéticas de grupos particulares, y cómo puede ser prevenida la transformación de las necesidades radicales en las de la ambición calculadora y egoísta de las relaciones de interés capitalista” (p.143). En esto yo sí estoy, desde luego, plenamente de acuerdo.