StatCounter







sábado, 19 de junio de 2010

En torno al curriculum oculto

Henry Giroux se propone fundamentar teóricamente una pedagogía crítica que supere los paradigmas conservador y liberal, por un lado, y, por el otro, una pedagogía radical de corte marxista que no acaba de explicar bien la complejidad de los fenómenos de resistencia y creación contracultural que, además de las dinámicas reproduccionistas, se hallan presentes en la escuela. La lectura de su libro me está resultando sumamente esclarecedora y me encuentro por ello con una excelente ocasión para repensar la escuela, en sus bondades y en sus defectos. En realidad, se trata de una cuestión acerca de la credibilidad que reconozcamos que posee o no la educación institucionalizada para subvertir o, como defendería por ejemplo Iván Illich, antes bien toda educación institucionalizada (escolar) debe ser superada para dejar paso a una relación educativa más vital y más espontánea. Por lo que parece, Giroux sí cree que desde dentro de la escuela se puede obrar para un mundo mejor, lo cual respondería a una cuestión que tarde o temprano siempre acaba saliendo en los debates de mis clases en la universidad. La polémica de si el cambio desde dentro resulta imposible, pues la institución lo vicia todo, o si, de manera más positiva para todos nosotros que creemos en el cambio social operado desde dentro de instituciones educativas como la universidad y que estamos en ello, sí se puede hacer cosas valiosas dentro de un marco académico e institucional. Además, las reflexiones de Giroux que realiza a través de una profusa revisión teórica bibliográfica son una excelente oportunidad para enfocar bien todo este rosario de cambios en la universidad que supuestamente persiguen progreso y racionalidad, pero que pueden estar sirviendo a una irracionalidad y estatismo presentes en nuestra economía y sociedad. La temporalidad y la historia en nuestra economía cuasi neoliberal se han detenido y el tiempo sólo lo marcan las periódicas crisis como la actual crisis finaciera.
Pero además de esta necesidad de denunciar estas peligrosas dinámicas de nuestra realidad educativa y universitaria, tenemos otra razón importante para leer bien a Giroux o, como decíamos en los últimos posts, aplicar la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt a la educación. Se trata del replanteamiento de la conexión entre teoría y práctica, el análisis de la escisión entre ambas y el  boceto de una teoría que hoy día es más necesaria que nunca para apoyar y orientar la praxis pedagógica. Esto lo deja bien claro él mismo afirmando: “La pedagogía del cuestionamiento crítico y de la comprensión ética ha cedido caminos a la lógica de la razón instrumental la cual ha dirigido su atención al aprendizaje de competencias discretas y habilidades básicas” (p. 68). Denuncia cómo en el año de publicación del libro, 1992, ya era realidad en Estados Unidos lo que ahora mismo estamos viviendo en la universidad, es decir, el establecimiento del mercado y el sistema de libre empresa como valores que dirijan la financiación y los planes de estudio en las universidades (p. 68). Resulta curioso leer, por cierto, cómo ya en 1992 apuntaban algunas voces desde dentro del propio sistema universitario a la relegación del movimiento de la educación basada en la competencia. Esto mismo me lo han confirmado algunos colegas que llevan muchos años trabajando en universidades norteamericanas.
Giroux dedica el segundo capítulo del mencionado libro a la cuestión del currículum oculto. Sirve este concepto de base para definir una tríada de enfoques-paradigmas teóricos en la pedagogía. El tema de currículum oculto además nos obliga a plantear qué hace, realmente, la escuela. En torno a la escuela hay unas ideologías que la definen y otras que operan desde dentro de la escuela. Esto implica que no podemos analizar la escuela como instituciones separadas del contexto más general socioeconómico. Hay que verlas, como por ejemplo hace Paulo Freire, como lugares políticos involucrados en la construcción y control del discurso, significado y subjetividades. Los valores que siempre están presentes en la vida académica y escolar responden a enfoques políticos y normativos específicos. En la visión de Giroux, la escuela no es, como entienden otros enfoques, un ámbito autónomo, sino que se halla engarzado en la mayor complejidad de la sociedad y economía que la han producido. Pero en todo caso, cualquier análisis que hagamos de la escuela se explica desde una perspectiva teórica que se pronuncia también, de un modo u otro, acerca de la sociedad, la verdad y la realidad en general. Se trata de la filosofía que subyace a cualquier producción humana (también la acción y producción humana que llamamos “economía”, por cierto, lejos de como lo ve el enfoque estatista y ahistoricista que emana del paradigma neoliberal).
El enfoque tradicional del currículum oculto lo concibe como un mensaje no verbal que se incluye, más o menos conscientemente, en lo impartido en la escuela. Responde a la misma lógica que los contenidos oficiales, que es la de conservar la sociedad existente. Así, se acepta tácitamente todo lo que ocupa el universo escolar y la sociedad con sus valores que ha producido dicho universo escolar. Un autor significativo en esto es Talcott Parsons, que persigue la descripción estructural de un sistema de relaciones y procesos insertos en el mismo (multitudes, poder, reputación y homogeneidad en las tareas escolares). Los procesos dados en la escuela “reproducen en los estudiantes las disposiciones necesarias para hacer frente al logro, a los papeles de trabajo jerárquico, a la paciencia y disciplina requeridas para funcionar en la sociedad existente” (p. 75).  Esta visión en otros autores conduce a ciertos excesos conformistas que denuncia Giroux, como es la justificación de, aun dentro de las democracias, fuertes dinámicas verticalistas de poder a las que todos debemos adaptarnos para el funcionamiento de la sociedad. Esto significa una visión estática y reificada que oculta todo conflicto o ideologización en la escuela. El aprendizaje es visto linealmente, como una instrucción o transmisión de un conocimiento ya hecho, prefijado. Así, no habría conflicto entre el currículum oculto y lo transmitido consciente y de modo programado en la escuela.
El enfoque liberal profundiza más en la complejidad de las contradicciones propias de lo transmitido en la escuela. Estos teóricos han aportado herramientas para visualizar lo normativo presente en las dinámicas escolares, frente a los modelos positivistas o tecnocráticos que se muestran ciegos a ello. Los liberales estudian la manera en que se construyen significados en la escuela, considerando la importancia de las relaciones interpersonales y el origen socialmente construido de las categorizaciones dadas en ellas. Según Giroux en esto destaca la tradición en estudios de género que saca a la luz las valoraciones sexistas presentes de hecho, conscientes o inconscientes, en las prácticas sociales específicas, imágenes culturales y las justificaciones de tipo ideológico. Quizás en esta tradición liberal se mueve la profesora Martha Nussbaum. Imagino que aquí tenemos, en la mencionada tradición, un planteamiento que puede oscilar desde una moderada ilustración crítica (Martha Nussbaum) hasta posicionamientos más relativistas y postmodernos (que yo recuerde ahora Norbert Elias o Julia Varela). Pero el problema que ve en esto Giroux es la debilidad del engarce de las explicaciones concretas con la más amplia realidad económica y la cuestión global del poder. Porque el Giroux encontramos un trasfondo claramente marxista, o mejor dicho, neomarxista, que recoge elementos de, como vimos, la Primera Escuela de Frankfurt, por ejemplo. Por eso, dice: “Queda excluida de esta perspectiva [la liberal en los estudios de género] la idea de que la discriminación puede ser más que un problema ideológico. En otras palabras, el problema de cómo las relaciones de género presentaban y legitimaban tanto a los hombres como a los intereses y necesidades del capital en beneficio de las escuelas, es dejado fuera de consideración” (79). También echa en falta Giroux en este conjunto de estudios sobre género el análisis de “las formas en que el sexismo alcanza la estructura profunda de la personalidad en sí misma; esto es, la forma en que el sexismo se sedimenta en variadas formas en las estructuras de la personalidad en niños y niñas de diferentes clases” (p. 80). Frente a la perspectiva tradicional funcionalista que hemos vista en el párrafo anterior y frente a esta, que resalta la creación de significados en el aula pero de un modo segmentario que no entronca con las dinámicas macrosociales de poder y construcción de significados, Giroux va a presentarnos también las perspectivas radicales para las que también tiene alguna objeción. La principal es el reproche del uso de una causalidad rígida en exceso, como si todo fenómeno escolar, en especial el currículum oculto, responde a unas leyes y generalidades claramente establecidas. Aquí tendríamos el típico sesgo de cierto marxismo ortodoxo que hemos ido estudiando en posts anteriores en este mismo blog. En esta línea, afirma el teórico de la educación norteamericano: “(…) los agentes activos desaparecen en estos supuestos, reducidos al papel pasivo de portadores y productos de los procesos sociales amplios. La noción de que no hay correlación fija entre el papel institucional predefinido y la forma en que la gente interpreta y responde a este papel, no ha sido examinado en la perspectiva radical [marxista] (p.86)”. Nuestro autor se fija en lo concreto de como se va desarrollando una interacción educativa, en la que los participantes particulares median y van materializando de manera parcialmente singular todo lo que reciben del macrosistema social y económico. El fijarse en esta singularidad presente en todo proceso educativo, que se da en micro contextos, conduce a Giroux a identificar no sólo dinámicas de reproducción de lo dado, sino también de resistencia y creación en el aula y las escuelas. Hay, también, formas de dominación específicas del ámbito escolar que sólo se dan en él. Esto sirve para introducir formas de alternativa y resistencia a una organización social y económica concretas, que pueden emprenderse en las propias instituciones escolares. Así, hay que reformular, respecto a la perspectiva radical, nuestra concepción de ideología, conciencia, cultura. Es en esta rectificación en la que Giroux de nuevo rinde su tributo a la Escuela de Frankfurt y diversos neomarxismos. Esto lo iremos explicando y concretando en sucesivos posts al hilo de la discusión teórica con el propio Giroux.